14. Tanquem la paradeta

Mientras los ocho mejores equipos de la liga regular se preparan para los play-off que encumbrarán al nuevo campeón de la ACB –no nos engañemos, emoción, la mínima: hay pocas posibilidades de que el vencedor no sea uno de los dos clubes de fútbol, y es muy posible, Baskonia mediante, que el título se lo disputen entre ellos, para enhorabuena de las audiencias en un país donde importa poco todo lo que se juegue lejos del césped o no se trate de una de esas figuras individuales que llevan la marca España around the world–, en Badalona toca tancar la paradeta y hacer balance de lo que ha sido esta temporada 2015/2016 que para nosotros ya ha acabado.

Sinceramente, y creo que no difiero demasiado del sentir general del aficionado verdinegro, acojo el final de la liga regular con alivio, pese al buen sabor de boca que haya podido dejar la holgada victoria de la última jornada lograda frente al potente Gran Canaria de Aíto. Y es que ésta ha sido una temporada en la que claramente hemos ido de más a menos: hasta prácticamente el final de la primera vuelta tuvimos opciones de ir a la Copa del Rey –más por las matemáticas que por el juego y la sensación real que transmitía el equipo, eso es cierto–, y si no se nos hubiesen escapado alguno de los partidos que perdimos absurdamente al final –en Santiago, en Sevilla–, hasta podría haber sonado la flauta y podríamos haber luchado hasta el final por estar en Galicia entre los siete mejores de la clasificación y el Obradoiro.

Pero a medida que avanzaban las jornadas, privados de objetivos a corto o medio plazo, pues cada vez estaba más claro que no disputaríamos las eliminatorias por el título y que no sufriríamos excesivamente para mantener la categoría –Gipuzkoa y Estudiantes han sido un desastre de principio a fin, y es de justicia que ambos acaben en el pozo; aunque esta absurda ACB propiciará que por segunda vez en pocos años los colegiales salven la categoría en los despachos[1], mientras que los vascos descenderán por la nueva chapuza de una asociación de clubes que vive al servicio de los poderosos económicamente hablando[2], como la Euroleague, vamos, pero sin el descaro de esta última–, el equipo ha ido desdibujándose: ni los jugadores han parecido encontrar la motivación ni la ambición necesarias, ni Salva Maldonado ha sabido inculcarlas. Porque la sensación es que el entrenador nunca ha creído que este equipo diese más de sí, o se ha conformado con lo ya conseguido, y si eso sucede en el banquillo, difícilmente se puede traspasar a la cancha de juego.

Así que la conclusión más importante para ser tenida en cuenta de cara a la próxima temporada –y tal vez la única– es que la etapa Maldonado parece haber llegado a su fin. Aunque tiene un año más de contrato, y siempre ha obtenido resultados que estaban por encima de lo que el presupuesto en principio anticipaba, la sensación es que el proyecto comandado por él no da para mucho más[3]. Es verdad que se dispone de un presupuesto muy ajustado, y que los resultados y la clasificación de la campaña anterior pueden haber engañado a algunos, pero no es mi caso. Soy muy consciente de que lo del año pasado fue un regalo, y que cada temporada el objetivo es la permanencia. Así que, por esta misma razón, lo más lógico es que perdamos muchos más partidos de los que podamos ganar.

Pero una cosa es perder y otra bien distinta es hacerlo dando la sensación de que el equipo no sabe a lo que juega y que, además, no hay recursos ni ideas para hacerlo de otra manera –y en esta crítica incluyo tanto recursos tácticos defensivos y ofensivos como la distribución de minutos de juego–. Y ciertamente no me convence el discurso de que éste es el ADN del equipo, y que con nuestras armas vivimos y morimos. El baloncesto es un deporte tácticamente muy rico, así que no me vale eso de que yo me ciño a mi guión y, como un burro con anteojeras, que sea lo que Dios quiera. Pongo un ejemplo bastante clarificador de lo que digo: Jim Boeheim, el legendario entrenador de la universidad de Syracuse, mundialmente conocido por defender siempre en zona 2-3, ganó el pase a la Final Four de la NCAA de Houston este año después de remontar un partido que tenía perdido ante la universidad de Virginia gracias a que cambió su defensa por una asfixiante presión. Y si alguien como Boeheim, de 71 años, puede dejar de lado sus señas de identidad…

En definitiva, creo que la Penya, un equipo que se caracteriza por confiar en los jóvenes canteranos, necesita savia nueva en el banquillo[4]. Alguien que apueste de verdad por la juventud, porque este año no se le han concedido oportunidades reales a la cantera más allá de lo que exigía el día a día del equipo en forma de lesiones –Abalde ha acabado siendo titular una vez recuperado de las lesiones porque lo sería en muchos equipos de la liga, Nikolic desapareció de las convocatorias por bajo rendimiento y Nogués, además de hacerse un montón de kilómetros con el primer equipo y agitar la toalla, sólo ha jugado cuando no había más remedio; Agustí Sans, por su parte, parece perdido para la causa, mucho me temo–. Y si lo que queremos es juventud y que sea alguien que conozca el funcionamiento del club, quién mejor que Carles Durán, actual segundo entrenador del Valencia de Pedro Martínez. Soñar es gratis, y tal vez a él se le trate mejor que en su día a Sito Alonso…

Por lo que respecta a la plantilla, el partido ante el Gran Canaria despidió un tufillo alarmante a despedidas o al menos eso me pareció a mí. No en vano, así, de memoria, diría que tienen contrato en vigor Albert Sàbat –aún hoy nos preguntamos qué hacía este chico en LEB, la verdad; notabilísima temporada la del base–, Alberto Abalde, José Ignacio Nogués, Ousmane Drame –esperamos que aprenda qué puede hacer para ser aprovechable y lo explote, y que mejore en las muchas cosas que le faltan por pulir si quiere continuar jugando en las grandes ligas europeas–y Albert Miralles, y Sergi Vidal, el alma del equipo, que justamente hoy hemos conocido la feliz noticia de su renovación por dos temporadas más. Si lo que se dijo en su momento es cierto, Demond Mallet, por su parte, pasará a formar parte del cuerpo técnico para empezar a formarse como técnico  –yo le renovaría un año más, porque pese a sus 38 palos, sigue en plena forma y dudo mucho de que podamos fichar a un base de su calidad y experiencia.

De todos ellos, daba por perdido a Alberto Abalde, a quien le resta un año de contrato, y lo cierto es que nos interesa cobrar un traspaso por él antes de que la temporada que viene se vaya gratis y nos veamos limitados a recibir como compensación únicamente los derechos de formación. Sin embargo, según ha declarado recientemente Jordi Martí, el secretario técnico, parece que hay interés por ambas partes, club y jugador, en ampliar su vinculación. Así, cuando Abalde explote definitivamente –porque lo va a hacer más pronto que tarde–, podremos sanear un poco nuestras maltrechas arcas.

De todos los que acaban contrato, a saber: Albert Ventura, Brandon Paul, Goran Suton, Nacho Llovet y Milovan Rakovic, según Martí se renovará al primero de ellos –no ha tenido un buen año, y dudo mucho de que tenga sitio en alguna otra plantilla ACB; pero es todo corazón y es de la casa, y no creo que su nómina sea un problema– y, ojalá, a Nacho Llovet, el capitán más joven en la historia del club y jugador fundamental en el vestuario y cada vez más en la cancha. Paul no creo que siga –los que nos sorprendíamos de que un jugador de su potencial llegase a Badalona ya sabemos por qué fue: falta de regularidad y de actitud defensiva, abuso rayando en la obsesión del tiro exterior… Quién sabe, tal vez Suton decida obsequiarnos otro año con su renovación –ofertas no le van a faltar mejores que las nuestras, en el plano económico y en el deportivo, pero ya renovó el año pasado porque se sentía a gusto en el club y en la ciudad, y no tengo claro que eso vuelva a suceder; pero si es así, podemos estar de enhorabuena–. Por último, Milovan Rakovic llegó al Joventut en una suerte de favor mutuo entre la entidad y el jugador, y supongo que saldrá a probar al mercado cuál es su precio. Eso sí, si su buen amigo Goran sigue con nosotros, cabe la posibilidad de que tengamos a la roca serbia un añito más con nosotros.

Por último, volveremos a tener un nuevo verano movidito en lo económico –y van…–, pues creo que toca buscar nuevo patrocinador principal si FIATC finalmente no sube su oferta inicial de renovación, se volverá a hablar de la deuda, de si salimos o no salimos a competir el año que viene, de los terrenos para construir un centro comercial de los que dependen nuestro futuro, y mientras, el resto de equipos irán conformando sus plantillas mientras nuestra casilla en la tabla de mercado parecerá un solar. Nihil sub solem novum, hermanos verdinegros: hasta que el resto de equipos no fiche, no lo podremos hacer nosotros. Pero paciencia, ¡que no lo estamos haciendo tan mal!

Y mientras tanto, podemos ir matando el gusanillo del baloncesto viendo qué futbolero gana la ACB, si hay alguien capaz de destronar a Curry, Thompson, Green y compañía en la NBA, y disfrutando de los últimos Juegos Olímpicos de Pau Gasol –si a la FIBA se le pasa el calentón–, amén de ir constatando en la prensa cómo la Euroleague se convierte, paso a paso, en un club de campo para equipos VIP –en detrimento, claro está, de las competiciones domésticas.

Y es que quien no se entretiene es porque no quiere. ¡Feliz verano a todos y força Penya!


[1]Como sucedió anteriormente con el León, el Valladolid, el Gipuzkoa o el Manresa.
[2] Hablo de dinero porque de eso se trata, de proteger al rico. Verbigracia: Unicaja de Málaga, un equipo que en la cancha no ha estado a la altura de su presupuesto y su plantilla durante varias temporadas, pero que se ha seguido beneficiando del cánon ACB para Euroleague, lo cual les ha permitido mantener patrocinadores y disputar la máxima competición continental muchos años más de los que se merecía. Y todo esto significa poder seguir contratando jugadores de primer nivel, que además de dinero, quieren disputar la Euroleague. Claro, ahora se entiende que cuando quedan fuera de los planes de los Bertomeu y cía. para la nueva competición del año que viene, sus aficionados se indignen… pero que nadie sufra innecesariamente, ¡para eso se inventaron las wild cards!
[3] Amén de que tiene a una parte de la afición en contra. Yo nunca he sido partidario de pitar a los míos, que si para algo voy al pabellón es para animarles y no lo contrario, pero reconozco que empiezo a ponerme de parte de los que pitan, y aunque sigo sin hacerlo, sí que castigo al técnico con mi indiferencia.
[4] La verdad es que la sensación es la misma, salvando las distancias, que se tuvo en su día con Manel Comas durante su segunda etapa en Badalona. Con la salvedad de que con el sheriff había plantilla para entrar en play-off sí o sí y así se hacía, pero a pesar de eso, se necesitaba algo más. Luego llegaron Aíto, y Rudy, y Pau Ribas, y Ricky Rubio…

Autor: Alfredópolis

Padre, por encima de todo. Filólogo de formación (Premio Extraordinario de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Barcelona) y editor de profesión. He publicado artículos, reseñas, críticas y relatos en diversas revistas literarias (todos ellos disponibles en este blog).

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