40. Bien está lo que bien acaba

Como aficionado y socio del Club Joventut de Badalona, no puedo estar más de acuerdo con el refrán que encabeza este post con el que pretendo resumir brevemente la temporada 2017-2018 de la Penya. Y es que, pese a todo, hemos tenido un final de temporada espectacular, histórico, diría yo, porque que uno de los equipos que aspiran a ganar títulos, o que luche por entrar en el playoff, gane ocho de los últimos diez partidos de la temporada es algo que entra dentro de lo esperable, pero que lo haga el último clasificado, cuando se encontraba a cuatro victorias de la salvación deportiva y con un problema de liquidez económica que parecía anunciar la liquidación de la SAD y la desaparición como club de baloncesto, es la repanocha.

Así que, como aficionado y socio del Club Joventut de Badalona, despido la temporada con una sonrisa y más orgulloso que aliviado (a día de hoy los problemas económicos aún no están solucionados, y ya veremos cómo influyen las intrigas políticas que se viven en el ayuntamiento de Badalona en el desenlace de la situación), y con más ganas de baloncesto. Pero para ello, tendré que esperar a la temporada que viene. Ahora es tiempo de analizar el curso baloncestístico, y mirar hacia el futuro, de aprender de los muchos errores que se han cometido para no volverlos a repetir, y de intentar seguir la línea que han marcado las decisiones acertadas que finalmente se han tomado. Eso en el ámbito deportivo, puesto que en el económico hay muchos actores implicados y su resolución va para largo (espero que no demasiado, porque la parcela deportiva, como hemos comprobado dolorosamente esta temporada, está estrechamente ligada a la económica; así que espero que esas personalidades que tan sonrientes aparecen en las fotos hagan el favor de ponerse las pilas, porque a la Penya le va la vida en ello).

Pese a todo lo que hemos sufrido, y aunque pueda parecer mentira, creo que todos empezamos la temporada con bastante optimismo. Se pretendía renovar la columna vertebral que tan buena segunda vuelta había hecho la temporada anterior y se consiguió en los casos de Jerome Jordan y Tomasz Gielo, aunque a Albert Sàbat se le dejó marchar al Obradoiro y Luka Bogdanovic se retiró del baloncesto, temporal o definitivamente, sólo él lo sabe, para disfrutar de su recién estrenada paternidad. Diego Ocampo, que había hecho un buen trabajo (con el factor suerte a su favor, siempre tan determinante, porque fue una lesión de Albert Miralles la que propició la contratación de Jordan y el redescubrimiento de Garrett Stutz, para mí clave en el buen rendimiento del Joventut de la segunda vuelta de la temporada pasada), continuaba al timón, y, además, el equipo aceptaba la invitación de la FIBA y después de muchos años volvía a jugar una competición europea (recordemos que alguna negativa a participar en este tipo de competiciones provocó la marcha del equipo, años atrás, de Sitapha Savané, y a lo mejor de algún jugador más o que un determinado jugador no acabase fichando por la Penya al no tener un escaparate europeo donde lucirse y promocionarse), la Fiba Champions Cup. Y con este fin, supongo, porque había que pasar tres rondas previas para llegar a la fase de grupos de la competición y el primer partido se jugaba en Tbilisi el 19 de septiembre, se confeccionó más rápido de lo habitual (para un club acostumbrado a tener que esperar a las gangas de septiembre, claro) una plantilla de doce fichas senior (muy raro en la Penya, que siempre puede echar mano de sus canteranos, santo y seña del club, en un momento determinado) que ya a algunos nos dio mala espina. Sin embargo, si algo ha tenido el Joventut durante los últimos años, además de deudas económicas, ha sido acierto a la hora de fichar, así que si había que confiar en la plantilla, se confiaba, se lo habían ganado a pulso. Eso sí, estaba claro que se corrían muchos riesgos en dos posiciones vitales en el baloncesto, la de base y la de pívot, porque para la primera se contaba con Dominik Mavra, un prometedor base croata que aún no había demostrado nada (bueno, sí, en la liga macedonia) y que, para más inri, se incorporaría tarde a la pretemporada (fue el último descarte de la selección croata antes del Europeo), y Nenad Dimitrijevic, un joven de la cantera que, debido al bajo rendimiento y posterior salida del equipo de Sarunas Vasiliauskas la temporada pasada, había dado el salto al primer equipo del Joventut de Badalona desde el Arenys de la Liga EBA; y para la segunda, con el ya mencionado Jerome Jordan, cuya resistencia física nunca ha sido la mayor de sus virtudes, pero pese a ello se suponía que debía jugar alrededor de 30 minutos por partido de una temporada completa en ACB (para Europa se contaba, supongo, con los otros dos pívots), con Simon Birgander, un prometedor center sueco de sólo 20 años que antes de vestirse la elástica verdinegra era suplente en el Clavijo de LEB Oro, y un desconocido pívot congoleño, Omari Gudul, que se había estado ganando las habichuelas en Bulgaria antes de recalar en Badalona. Sin embargo, parecía que el equilibrio en el resto de posiciones podría solventar cualquier dificultad en esos dos puestos: si Mavra y Neno se cargaban de faltas o arrastraban problemas físicos, siempre podrían ejercer de base en momentos puntuales Sergi Vidal y los norteamericanos Patrick Richard y Alex Ruoff (con experiencia en ACB, en Bilbao, que venía de hacer una muy buena temporada en Alemania y llamado a ser una de nuestras referencias ofensivas); si los suplentes de Jordan tenían un mal día, siempre se podía jugar con Gielo y Kulvietis (debutante en ACB, primera temporada fuera de su país, Lituania), y parchear con Nogués en la posición de 4, ninguno de nuestros rivales directos contaba en sus filas con pívots determinantes. Así pues, todo pintaba de maravilla para encarar una temporada que, además, se iniciaba con excelentes noticias en el terreno económico consistentes en condonaciones, renegociaciones y acuerdos de patrocinio… ¡Albricias, por fin veíamos la luz al final del túnel!

¿Qué pasó después? Pues que la realidad se encargó de ir derribando poco a poco todo lo planeado: nos elimina de la Fiba Champions League un equipo finlandés de media tabla; nuestro fichaje estrella, el pegamento que iba a hacer que todo lo demás funcionara, Ruoff, nunca llega a debutar porque en el momento de su fichaje no se detectó una lesión en sus rodillas que lo tendría en el dique seco, como mínimo, hasta febrero (de hecho, a día de hoy el club no ha explicado qué ha pasado con él, pero todo parece indicar que el jugador, como es lógico, ha cobrado todo lo que había firmado); Mavra, llamado a ser el base titular del equipo, al parecer con problemas de indisciplina y extradeportivos, es condenado al ostracismo a las primeras de cambio por Ocampo y a las pocas jornadas (tras la sexta, para ser exactos; es reemplazado por Maalik Wayns, un base estadounidense que ayudaría en la anotación) se llega a un acuerdo con él y vuelve a Macedonia; Neno se ve sobrepasado por la situación y de repente es incapaz, incluso, de llevar el balón con relativa seguridad al campo contrario; Richard y Vidal, que no son bases y nunca lo han sido, hacen lo que pueden, pero el equipo se queda sin la anotación exterior del estadounidense, única referencia clara y más o menos constante durante esos primeros partidos, y pasa a ser muy fácil de defender: los rivales no tienen más que cerrarse sobre Jordan porque el resto es incapaz de meter un balón en una piscina; además, somos un regalo para el base rival, que jornada sí y jornada también nos hace un hijo; Birgander demuestra ser muy blandito y estar aún muy verde para darle descanso a Jordan, que ya de por sí es una hermanita de la caridad en defensa; sobre Gudul, la verdad, es que no sé qué decir, porque apenas ha jugado algo, pero debe de ser muy malo para que tal y como estaba el patio no rascase unos minutitos; Gielo, que tenía que ser nuestro Bogdanovic de este año, no es que parezca que haya perdido su mejor arma, el tiro exterior, sino que está tan perdido y tan falto de confianza que parece un chiste que tardase en renovar por aspirar a ser contratado por algún equipo de Euroliga; Ventura es Ventura, y no se le puede exigir nunca lo que nunca va a ser; Xabi López-Arostegui es la única buena noticia, pero es joven y juega su primera temporada con ficha del primer equipo, no se le puede pedir más; Sergi Vidal parece que sigue siendo nuestro jugador más consistente, pero es insuficiente y el tiempo que pasa jugando de base también le pasa factura; y Diego Ocampo, que la temporada pasada cerró muchas bocas e hizo un muy buen trabajo con una plantilla bastante limitada, parece perdido: el equipo es un coladero en defensa, raro en todos aquellos que han sido alumnos del maestro Aíto, y sus rotaciones sin sentido y sus castigos desquician por igual a aficionados y jugadores.

Sin embargo, a falta del partido aplazado contra Estudiantes, el equipo se planta en la jornada 13 con 4 victorias (las mismas que conseguimos en toda la primera vuelta de la temporada anterior) y 7 derrotas, y recibe en Badalona al recién ascendido Burgos, uno de esos rivales a los que hay que ganar como sea para garantizar cierta tranquilidad en lo que resta de temporada. Pero como sucedió en el campo del Fuenlabrada, después de unos minutos brillantes la Penya deja escapar una renta importante a su favor y se disuelve cual azucarillo en vaso de agua sin que haya ni el más mínimo atisbo de reacción en la cancha ni en el banquillo. Ése es el principio del fin, el equipo entra en barrena. Recuerdo que nada más finalizar el encuentro le digo a mi pareja “acabamos de descender”. Bien es cierto que quedaba mucha liga, pero el equipo que perdió contra el Burgos era un equipo muerto. A partir de ahí, es de sobras conocido lo que ocurre: el equipo encadena la friolera de 13 derrotas consecutivas y se convierte en el farolillo rojo de la competición, y a la pésima situación deportiva se une la delicada situación económica, que se traduce en impagos a jugadores y empleados del club. Eso sí, después de la derrota frente al Murcia en Badalona, se consigue la cesión de Nico Laprovittola, que estaba apartado del primer equipo en el Zenit de San Petersburgo, a coste cero. Dos derrotas más (frente al Barça y el Estudiantes) provocan el cese de Diego Ocampo y la contratación de Carles Duran, cesado a su vez un par de meses antes en Bilbao (curiosamente dos meses son los que hay que esperar para poder contratar a un entrenador que haya entrenado en ACB esa misma temporada, y dos meses de más son los que estuvo Ocampo en Badalona), el entrenador que yo deseaba para la Penya ya al final de la etapa Maldonado (ver en este mismo blog Tanquem la paradeta, del 25 de mayo de 2016). La siguiente derrota, la primera de las cinco que encadenará Carles al frente del Joventut, propicia que Baspenya, grupo de accionistas mayoritario del club, ante la congelación del dinero pactado con la alcaldesa de Badalona debido a una posible utilización fraudulenta de los fondos recibidos por la Fundación en la época Albiol-Villacampa, preste el dinero necesario para contratar a Demitrius Conger, un alero norteamericano que viaja desde Australia para ocupar la plaza de extracomunitario que deja libre el lesionado Wayns[1]. Pero el debut de Conger no puede llegar en peor día, porque el Joventut cae en Sevilla en uno de esos partidos marcados en rojo en el calendario y, para colmo de males, deja que el Real Betis le iguale el average particular en una serie de malas decisiones finales. Los aficionados empezamos a pensar que, pese a que la solución Duran es la buena, ha llegado demasiado tarde. El tiempo mínimo y necesario para recuperar anímicamente a una plantilla hundida no existe. El fantasma del descenso y la desaparición empieza a materializarse.

Y así, tras caer en Vitoria frente al Baskonia, llegamos al partido en casa contra Obradoiro, que ya sabemos que se acabó convirtiendo en uno de los mayores y más vergonzosos robos de la historia de la ACB[2]. Pero al contrario de lo que pensábamos los aficionados en ese momento, que se había desperdiciado la última bala que guardábamos en la recámara, fuentes internas del club señalan esa derrota como el momento que dio inicio a la que hemos vivido después. Como si la rabia por la injusticia de la que fuimos víctimas fuese la llama que prendió el fuego con el que hemos abrasado a ocho de los once rivales que nos quedaban hasta el final de la liga regular (a esta racha de derrotas aún le faltaba una, en Tenerife, para completar las trece que encadenamos). Y ese cambio tiene nombres propios: Nicolás Laprovittola, Demitrius Conger, Tomasz Gielo, Simon Birgander, Albert Ventura, Patrick Richard y, sobre todo, don Carles Duran, ante quien me quito el sombrero. Y es que no se puede entender lo que ha ocurrido en estos casi tres meses sin el trabajo que el bueno de Duran ha llevado a cabo (¡Dios, que lo renueven ya!), porque aunque la mayoría de los elogios se los está llevando Nico (que ha sido una maravilla verlo jugar, ha anotado y ha hecho jugar a sus compañeros como hacía tiempo que no veía hacerlo a un base; con la minga, vamos), hay que recordar que se pierden siete partidos seguidos ya con el argentino dirigiendo al equipo, y en algunos de ellos las malas decisiones que toma en los instantes finales son decisivas… pero Duran le da confianza, lo hace crecer, y con él crecen el resto de compañeros. El primero, Birgander, un jugador hundido con Ocampo (éste es uno de los mayores errores que figura en el debe del gallego, olvidarse de que, como muy bien decía Aíto, hay que tener a todo el mundo implicado y en dinámica de partido, hasta al último de la rotación, por que si no, el día que lo necesites no te va a responder; al contrario, restará más que sumará), y Gielo, que pasa de ser un simple tirador (no metedor) de tres a aportar en otras muchas facetas. Pero, además, Duran consigue que Jordan y Richard den un paso al lado sin molestarse y, lo que es más importante, aportando en todo momento lo que necesita el equipo de ellos, en su caso concreto, un rol menos importante; aguanta el mes que requiere Conger para aclimatarse a una nueva liga, y que tras no jugar ni un solo minuto en Tenerife, el alero se convierte en un fijo en las pajiplantillas con que todos los verdinegros soñamos de cara a la temporada que viene; recupera la garra de Ventura y lo convierte, además de en el perro de presa en defensa que es, en un tirador muy seguro cuando recibe libre de marca (que le pregunten a los equipos de Euroliga a los que hemos ganado, Valencia y Unicaja, qué opinan de su muñeca de madera); y, lo que parecía imposible, condena a Sergi Vidal, más preocupado por su futuro que por el del equipo, al banquillo, una decisión que no se atrevió a tomar Ocampo en su momento y que se veía de lejos que era lo que había que hacer. Incluso es posible que su falta de determinación en este sentido le acabase costando el puesto al gallego, porque seguir manteniendo en pista a un jugador que renuncia mirar al aro…

Y así hemos llegado al final de la peor temporada de la larga historia de la Penya según su clasificación final, la decimoquinta, pero no en cuanto a número de victorias (se han cosechado 12, mientras que en la temporada pasada, con Ocampo, y en la 2000-2001, con Izquierdo, el ayudante de Obradovic, y la vuelta de Manel Comas a Badalona, se ganaron únicamente 11 partidos) ni en cuanto a juego desplegado, por lo menos en esta intensa recta final del campeonato. Como socio y aficionado del Club Joventut de Badalona aún disfruto del buen sabor de boca que me ha dejado mi equipo, y espero con ansia el inicio de la temporada 2018-2019, con el deseo de que de una vez por todas lo económico y lo deportivo vayan por fin de la mano. Sí, bien está lo que bien acaba, hacía mucho tiempo que no vibraba tanto con el equipo como lo he hecho durante estos tres últimos meses. Feliz verano a todos y Força Penya!, en la ACB nos vemos.


[1] Curioso cuanto menos lo de los médicos del club este año: primero lo de Ruoff, y luego lo de Wayns, que llevaba quejándose de su rodilla unos cuantos partidos y nos hicieron creer, dado que descartaron cualquier tipo de lesión, que se borraba al no cobrar… el tiempo demostró que no fingía, y acabó pasando por quirófano un mes tarde, porque, de haberlo hecho cuando empezaron sus molestias, su baja hubiese coincidido con el parón provocado por la ventana FIBA y la Copa del Rey, de tal modo que no se hubiese perdido casi ningún partido. Eso sí, “gracias a todo ello”, la Penya ha podido disfrutar de un jugadorazo como Conger, vital en la recta final del campeonato.
[2] Ojo al dato con este partido, que ahora, una vez salvados, parece una tontería, pero que de haberse sumado la victoria al casillero de la Penya como tendría que haberse hecho, acumularíamos 13 victorias, y a lo mejor no hubiésemos perdido el posterior partido intrascendente en San Sebastián, de modo que en lugar de decimoquintos, hubiésemos acabado decimosegundos, por delante de Obradoiro, Delteco y Burgos. Y parece una tontería, sí, pero resulta que hay unos cuantos miles de euros de diferencia en derechos televisivos entre una posición y la otra, y para un equipo que no dispone de la cantera del fútbol o algo por el estilo de donde extraer millones de euros, año sí y año también, es bastante importante. Hago baloncesto ficción, lo sé, pero el derecho a soñar no nos fue arrebatado por la victoria de ningún equipo ni por el acierto de ningún jugador, sino por un personajillo gallego silbato en mano, con premeditación y alevosía.

27. Y al final vino el lobo

A todos nos han contado, cuando éramos niños, la fábula atribuida a Esopo El pastor mentiroso y el lobo (bueno, en mi caso se trataba de una variante materna titulada Pedrito y el lobo). Como recordaréis, el pastor, que para mí siempre se llamó y se llamará Pedrito, tenía un sentido del humor un tanto especial, pues se dedicaba a alarmar al resto de pastores y habitantes de su pueblo al grito de “¡Que viene el lobo! ¡Que viene el lobo!”. Cuando éstos acudían en auxilio de Pedrito, lo encontraban alegremente tumbado a la sombra y riéndose de los que allí habían acudido en respuesta a su llamada de alerta. ¡Inocentes, habían picado! Y esto lo repetía el imprudente Pedrito un día sí y el otro también, sin ser consciente de aquel refrán que dice que “en boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso”.

Así las cosas, llegó el día en que el lobo, cansado de la dieta vegetariana que llevaba, y en previsión del invierno cada vez más próximo (se conoce que era más fan de HBO que de Netflix, así que sabía que winter is coming), quiso darse un caprichito, y qué mejor manera de hacerlo que zamparse aquellas ovejitas que cada día Pedrito llevaba al prado a pastar. Al ver que el lobo se acercaba, Pedrito dio la voz de alarma, pero esta vez nadie acudió en su ayuda: cansados como estaban sus conocidos y amigos de las bromas del pastor, supusieron que una vez más quería tomarles el pelo. Y el lobo, que le cogió enseguida el gusto a eso de la carne, una vez que acabó con la última de las ovejas, dio buena cuenta de Pedrito.
Precisamente esto es lo que nos ha ocurrido a los seguidores del Joventut de Badalona esta temporada que para nosotros ya ha bajado el telón, y no será que no estábamos avisados: desde hace ya muchos años, atravesamos una crítica situación económica que nos ha llevado a entrar en concurso de acreedores (esto es, a no tener solvencia económica), a ser embargados y, muy recientemente, a plantearse la liquidación de la SAD (no voy a entrar en las razones que nos han llevado hasta este extremo, pues serían largas y muy polémicas, y habría que recurrir, para completar la información oficial, a conversaciones privadas mantenidas en bares de Badalona con padres de exjugadores muy famosos…).
Como es lógico, la mala situación económica ha ido afectando a la parte puramente deportiva (nihil sub solem novum, desde hace años el objetivo es conseguir la permanencia, y a partir de ahí, escalar en la clasificación tanto como sea posible; si hubiésemos descendido de categoría hubiese significado la desaparición del club por no poder hacer frente a la deuda), sobre todo en el hecho de no poder renovar a jugadores importantes de un año para el otro, o tener que malvender a los jóvenes que llevamos toda la vida formando para ir enjugando la enorme deuda contraída a lo largo de estos años (con Hacienda, con el ayuntamiento, con las entidades bancarias), además de tener que esperar a que el resto de equipos acaben de confeccionar sus plantillas para poder fichar lo que sobra en el mercado estival (con lo cual, generalmente se ficha tarde y mal, y la pretemporada se tiene que hacer en menos tiempo del aconsejable) o tener que renunciar el año pasado a jugar la competición europea ganada con justicia en el parqué la temporada anterior.

Sin embargo, y pese a todo lo expuesto, el sufrimiento de los socios y aficionados verdinegros hasta este año se había concentrado en los meses de julio y agosto, cuando no sabíamos a ciencia cierta si podríamos salir a competir, por motivos económicos, la temporada siguiente (para quien no lo sepa, para competir en ACB hay que pagar un canon salvaje e injusto para un club únicamente de baloncesto; por eso desde hace años ningún equipo desciende ni asciende por razones puramente baloncestísticas, aunque parece que esto va a cambiar en breve, si es que los clubes de Euroleague, los del fútbol más Baskonia y Málaga, dejan de chantajear y de imponer su voluntad y sus intereses al resto). Durante la temporada, la verdad sea dicha, aunque hemos tenido momentos mejores y momentos peores, no hemos sufrido por la salvación deportiva. Hasta este año, claro está, cuando por fin le hemos visto las orejas al lobo.

Y es que la temporada 2016-2017 ha sido la más complicada que recuerdo ya desde el mismo inicio. A las dificultades para fichar jugadores que ya comentaba antes, se unía este año la de fichar entrenador: en principio, el club apostaba por entrenadores con pasado en el club y que conociesen la filosofía de la casa, aunque tuviesen poca o nula experiencia (y que saliesen baratitos, añado yo): Paco Redondo, miembro del cuerpo técnico de Pablo Laso en el Real Madrid, Carles Durán, ayudante de Pedro Martínez en Valencia y actualmente entrenador del Bilbao Basket, y Zan Tabak, que más tarde fichó por el Betis, club que lo acabó despidiendo como medida desesperada para intentar salir del pozo que finalmente los ha acabado engullendo, fueron tanteados por la directiva verdinegra y en los tres casos la respuesta fue la misma: un no rotundo.

Finalmente, el elegido fue Diego Ocampo y, la verdad sea dicha, el técnico gallego ha suscitado muchas dudas, a mí el primero, desde que se supo que sería el entrenador que dirigiría a la Penya durante las próximas dos temporadas. Y eso pese a que su perfil parecía encajar perfectamente con el spirit of Badalona y con lo que buscaba el club (ha trabajado verano tras verano dirigiendo a diferentes selecciones de las categorías inferiores de la FEB), pero todos recordábamos que fue cortado en Murcia pese a haber logrado el mejor récord del club pimentonero antes de la época Katsikaris y el 3-13 que cosechó en Estudiantes antes de ser despedido en su última experiencia como entrenador ACB. Así que, dudas, todas las del mundo. Y más cuando se fueron sabiendo los nombres de algunos de los nuevos fichajes, Lapornik, Vasiliauskas y Stutz sobre todo; a Gielo todos lo vimos como una apuesta más que interesante y el retorno de Bogdanovic a Badalona, pese a sus pocas cualidades defensivas y reboteadoras, se antojaba imprescindible para cubrir esa figura del 4 abierto cada vez más importante en baloncesto y para dotar a la plantilla de una amenaza exterior.

Penya.com

Y los peores presagios no tardaron en confirmarse: el arranque de la temporada 2016-2017 estuvo más lleno de sombras que de luces (0 victorias y 5 derrotas), y todos los focos se dirigieron a Ocampo y a varios jugadores de la plantilla. Incluso hubo quien empezó a acordarse de Maldonado[1] y las críticas al nuevo entrenador de la Penya empezaron a subir de tono (lo cierto es que el aficionado verdinegro pasa por ser un entendido del baloncesto, pero durante este año he tenido la sensación de que las gradas y los foros albergaban a más futbolero del aconsejable para la salud; ¡que ya no somos el Joventut de Lolo que arrasaba en España ni la Penya de Obradovic que conquistaba Europa ni aquel equipo de Aíto que maravillaba a todo el continente con el baloncesto que jugaban sus jóvenes perlas!). Las jornadas avanzaban y las derrotas, pese a victorias de prestigio como las obtenidas ante Valencia y Unicaja de Málaga y competir en casi todos los partidos, se acumulaban. Con el fin de enderezar el rumbo, se acordó la baja de Vasiliauskas (un base de LEB y poco más, y creo que estoy siendo generoso con él, por mucho que disputase el Mundial de España en 2014 con Lituania) y se fichó a Terry Smith (otro desconocido baratito) para sustituirlo y al jamaicano Jerome Jordan para reforzar la posición de pívot (“por suerte” Miralles se lesionó y no dejamos que Stutz pasase a reforzar a uno de nuestros rivales, el Manresa). Pese a todo, al final de la primera vuelta seguíamos coqueteando con el descenso (4-12).

Sin embargo, pese a que la plebe quería sangre y señalaba a Ocampo partido tras partido (supongo que son los mismos que en su día pitaban a Sito Alonso…), la directiva decidió aguantar al técnico gallego en su puesto (a decir verdad, no sé si confiaban en él realmente o es que la situación económica no permitía despedirlo, indemnizarlo y fichar a un sustituto que sacase al equipo de las últimas posiciones de la clasificación). Y el tiempo le ha dado la razón: hemos completado una segunda mitad de la temporada fantástica (7-9), haciendo un muy buen baloncesto en momentos puntuales[2], destacando para mí la defensa de ayudas y la preparación previa de los partidos (yo creo que con Maldonado esta temporada hubiésemos bajado, sinceramente lo digo), y aunque es cierto que Ocampo ha cometido errores (como responsabilizar a algún jugador después de alguna derrota, no acertar con algunas rotaciones y preparar jugadas decisivas que no han salido y nos han costado victorias), la verdad es que ha cumplido con todos los objetivos que estoy seguro que le marcaron cuando lo ficharon: salvar la categoría, trabajar con los jóvenes (Valencia estará muy contento con el Abalde que se llevan, Gielo ha progresado mucho desde que aterrizó en Badalona, Ventura se ha convertido en un coloso, en el alma del equipo, Dimitrijevic ha dado un salto enorme desde liga EBA al primer equipo y Xabi López-Arostegui ha debutado en ACB; el pobre Nogués, por desgracia, sólo ha tenido mala suerte) y sentar las bases para un futuro cercano más esperanzador, ya una vez muy bien encauzados los problemas económicos (esto daría para otro post) y una vez concretado el relevo, más que necesario, en la presidencia del club y la SAD.

Esto no significa que los próximos años vayan a ser un camino de rosas, va a ser necesario picar mucha piedra para volver allí donde estábamos, pero que cuenten con nosotros, que además les llevamos un gran refuerzo: la pequeña Júlia ya tiene su uniforme verdinegro (de lo más cuqui, por cierto) y tan pronto como sea posible será un alma más en el Pavelló Olímpic de Badalona. Força Penya!, y feliz verano (que bien lo merecemos).


[1] El ilustre Jordi Robirosa y Dejean, que ya sabemos que cuando no habla de su Barça, critica a su rival futbolístico o nos recuerda alguno de sus viajes al mítico Boston Garden, ¡llegó a decir que Maldonado era el mejor fichaje del Estudiantes! Perdone usted y su sabiduría baloncestística, querido Jordi, pero que me diga usted que, entre todos los fichajes del equipo del Ramiro (Edwin Jackson, Omar Cook, Goran Suton, Sitapha Savané, Ali Traoré, Dylan Page…; y más tarde Ondrej Balvin o Alec Brown), el mejor es el de Maldonado clama al cielo… por muy catalán que sea y por muy independentista que haya proclamado ser el de Sant Adrià del Besós. Una cosa es fer país y otra muy distinta hacer el ridículo e intentar tomarnos el pelo a todos. De hecho, jugando de pena el año pasado, el Joventut de Maldonado acabó 13-21; y el Estudiantes de Maldonado, que iba a jugar la Copa y meterse en las eliminatorias por el título, ha acabado con un pobre 13-19, sólo dos victorias más que una Penya con una de las peores plantillas que ha tenido nunca (mucho peor, por lo menos, que todas las que él entrenó en Badalona durante sus cinco temporadas aquí).
[2] Hay algún equipo por aquí cerca, de cuyo nombre no quiero acordarme, cuyo juego ha dado bastante pena durante todo el año, y eso que tiene más de veinte veces nuestro presupuesto…

14. Tanquem la paradeta

Mientras los ocho mejores equipos de la liga regular se preparan para los play-off que encumbrarán al nuevo campeón de la ACB –no nos engañemos, emoción, la mínima: hay pocas posibilidades de que el vencedor no sea uno de los dos clubes de fútbol, y es muy posible, Baskonia mediante, que el título se lo disputen entre ellos, para enhorabuena de las audiencias en un país donde importa poco todo lo que se juegue lejos del césped o no se trate de una de esas figuras individuales que llevan la marca España around the world–, en Badalona toca tancar la paradeta y hacer balance de lo que ha sido esta temporada 2015/2016 que para nosotros ya ha acabado.

Sinceramente, y creo que no difiero demasiado del sentir general del aficionado verdinegro, acojo el final de la liga regular con alivio, pese al buen sabor de boca que haya podido dejar la holgada victoria de la última jornada lograda frente al potente Gran Canaria de Aíto. Y es que ésta ha sido una temporada en la que claramente hemos ido de más a menos: hasta prácticamente el final de la primera vuelta tuvimos opciones de ir a la Copa del Rey –más por las matemáticas que por el juego y la sensación real que transmitía el equipo, eso es cierto–, y si no se nos hubiesen escapado alguno de los partidos que perdimos absurdamente al final –en Santiago, en Sevilla–, hasta podría haber sonado la flauta y podríamos haber luchado hasta el final por estar en Galicia entre los siete mejores de la clasificación y el Obradoiro.

Pero a medida que avanzaban las jornadas, privados de objetivos a corto o medio plazo, pues cada vez estaba más claro que no disputaríamos las eliminatorias por el título y que no sufriríamos excesivamente para mantener la categoría –Gipuzkoa y Estudiantes han sido un desastre de principio a fin, y es de justicia que ambos acaben en el pozo; aunque esta absurda ACB propiciará que por segunda vez en pocos años los colegiales salven la categoría en los despachos[1], mientras que los vascos descenderán por la nueva chapuza de una asociación de clubes que vive al servicio de los poderosos económicamente hablando[2], como la Euroleague, vamos, pero sin el descaro de esta última–, el equipo ha ido desdibujándose: ni los jugadores han parecido encontrar la motivación ni la ambición necesarias, ni Salva Maldonado ha sabido inculcarlas. Porque la sensación es que el entrenador nunca ha creído que este equipo diese más de sí, o se ha conformado con lo ya conseguido, y si eso sucede en el banquillo, difícilmente se puede traspasar a la cancha de juego.

Así que la conclusión más importante para ser tenida en cuenta de cara a la próxima temporada –y tal vez la única– es que la etapa Maldonado parece haber llegado a su fin. Aunque tiene un año más de contrato, y siempre ha obtenido resultados que estaban por encima de lo que el presupuesto en principio anticipaba, la sensación es que el proyecto comandado por él no da para mucho más[3]. Es verdad que se dispone de un presupuesto muy ajustado, y que los resultados y la clasificación de la campaña anterior pueden haber engañado a algunos, pero no es mi caso. Soy muy consciente de que lo del año pasado fue un regalo, y que cada temporada el objetivo es la permanencia. Así que, por esta misma razón, lo más lógico es que perdamos muchos más partidos de los que podamos ganar.

Pero una cosa es perder y otra bien distinta es hacerlo dando la sensación de que el equipo no sabe a lo que juega y que, además, no hay recursos ni ideas para hacerlo de otra manera –y en esta crítica incluyo tanto recursos tácticos defensivos y ofensivos como la distribución de minutos de juego–. Y ciertamente no me convence el discurso de que éste es el ADN del equipo, y que con nuestras armas vivimos y morimos. El baloncesto es un deporte tácticamente muy rico, así que no me vale eso de que yo me ciño a mi guión y, como un burro con anteojeras, que sea lo que Dios quiera. Pongo un ejemplo bastante clarificador de lo que digo: Jim Boeheim, el legendario entrenador de la universidad de Syracuse, mundialmente conocido por defender siempre en zona 2-3, ganó el pase a la Final Four de la NCAA de Houston este año después de remontar un partido que tenía perdido ante la universidad de Virginia gracias a que cambió su defensa por una asfixiante presión. Y si alguien como Boeheim, de 71 años, puede dejar de lado sus señas de identidad…

En definitiva, creo que la Penya, un equipo que se caracteriza por confiar en los jóvenes canteranos, necesita savia nueva en el banquillo[4]. Alguien que apueste de verdad por la juventud, porque este año no se le han concedido oportunidades reales a la cantera más allá de lo que exigía el día a día del equipo en forma de lesiones –Abalde ha acabado siendo titular una vez recuperado de las lesiones porque lo sería en muchos equipos de la liga, Nikolic desapareció de las convocatorias por bajo rendimiento y Nogués, además de hacerse un montón de kilómetros con el primer equipo y agitar la toalla, sólo ha jugado cuando no había más remedio; Agustí Sans, por su parte, parece perdido para la causa, mucho me temo–. Y si lo que queremos es juventud y que sea alguien que conozca el funcionamiento del club, quién mejor que Carles Durán, actual segundo entrenador del Valencia de Pedro Martínez. Soñar es gratis, y tal vez a él se le trate mejor que en su día a Sito Alonso…

Por lo que respecta a la plantilla, el partido ante el Gran Canaria despidió un tufillo alarmante a despedidas o al menos eso me pareció a mí. No en vano, así, de memoria, diría que tienen contrato en vigor Albert Sàbat –aún hoy nos preguntamos qué hacía este chico en LEB, la verdad; notabilísima temporada la del base–, Alberto Abalde, José Ignacio Nogués, Ousmane Drame –esperamos que aprenda qué puede hacer para ser aprovechable y lo explote, y que mejore en las muchas cosas que le faltan por pulir si quiere continuar jugando en las grandes ligas europeas–y Albert Miralles, y Sergi Vidal, el alma del equipo, que justamente hoy hemos conocido la feliz noticia de su renovación por dos temporadas más. Si lo que se dijo en su momento es cierto, Demond Mallet, por su parte, pasará a formar parte del cuerpo técnico para empezar a formarse como técnico  –yo le renovaría un año más, porque pese a sus 38 palos, sigue en plena forma y dudo mucho de que podamos fichar a un base de su calidad y experiencia.

De todos ellos, daba por perdido a Alberto Abalde, a quien le resta un año de contrato, y lo cierto es que nos interesa cobrar un traspaso por él antes de que la temporada que viene se vaya gratis y nos veamos limitados a recibir como compensación únicamente los derechos de formación. Sin embargo, según ha declarado recientemente Jordi Martí, el secretario técnico, parece que hay interés por ambas partes, club y jugador, en ampliar su vinculación. Así, cuando Abalde explote definitivamente –porque lo va a hacer más pronto que tarde–, podremos sanear un poco nuestras maltrechas arcas.

De todos los que acaban contrato, a saber: Albert Ventura, Brandon Paul, Goran Suton, Nacho Llovet y Milovan Rakovic, según Martí se renovará al primero de ellos –no ha tenido un buen año, y dudo mucho de que tenga sitio en alguna otra plantilla ACB; pero es todo corazón y es de la casa, y no creo que su nómina sea un problema– y, ojalá, a Nacho Llovet, el capitán más joven en la historia del club y jugador fundamental en el vestuario y cada vez más en la cancha. Paul no creo que siga –los que nos sorprendíamos de que un jugador de su potencial llegase a Badalona ya sabemos por qué fue: falta de regularidad y de actitud defensiva, abuso rayando en la obsesión del tiro exterior… Quién sabe, tal vez Suton decida obsequiarnos otro año con su renovación –ofertas no le van a faltar mejores que las nuestras, en el plano económico y en el deportivo, pero ya renovó el año pasado porque se sentía a gusto en el club y en la ciudad, y no tengo claro que eso vuelva a suceder; pero si es así, podemos estar de enhorabuena–. Por último, Milovan Rakovic llegó al Joventut en una suerte de favor mutuo entre la entidad y el jugador, y supongo que saldrá a probar al mercado cuál es su precio. Eso sí, si su buen amigo Goran sigue con nosotros, cabe la posibilidad de que tengamos a la roca serbia un añito más con nosotros.

Por último, volveremos a tener un nuevo verano movidito en lo económico –y van…–, pues creo que toca buscar nuevo patrocinador principal si FIATC finalmente no sube su oferta inicial de renovación, se volverá a hablar de la deuda, de si salimos o no salimos a competir el año que viene, de los terrenos para construir un centro comercial de los que dependen nuestro futuro, y mientras, el resto de equipos irán conformando sus plantillas mientras nuestra casilla en la tabla de mercado parecerá un solar. Nihil sub solem novum, hermanos verdinegros: hasta que el resto de equipos no fiche, no lo podremos hacer nosotros. Pero paciencia, ¡que no lo estamos haciendo tan mal!

Y mientras tanto, podemos ir matando el gusanillo del baloncesto viendo qué futbolero gana la ACB, si hay alguien capaz de destronar a Curry, Thompson, Green y compañía en la NBA, y disfrutando de los últimos Juegos Olímpicos de Pau Gasol –si a la FIBA se le pasa el calentón–, amén de ir constatando en la prensa cómo la Euroleague se convierte, paso a paso, en un club de campo para equipos VIP –en detrimento, claro está, de las competiciones domésticas.

Y es que quien no se entretiene es porque no quiere. ¡Feliz verano a todos y força Penya!


[1]Como sucedió anteriormente con el León, el Valladolid, el Gipuzkoa o el Manresa.
[2] Hablo de dinero porque de eso se trata, de proteger al rico. Verbigracia: Unicaja de Málaga, un equipo que en la cancha no ha estado a la altura de su presupuesto y su plantilla durante varias temporadas, pero que se ha seguido beneficiando del cánon ACB para Euroleague, lo cual les ha permitido mantener patrocinadores y disputar la máxima competición continental muchos años más de los que se merecía. Y todo esto significa poder seguir contratando jugadores de primer nivel, que además de dinero, quieren disputar la Euroleague. Claro, ahora se entiende que cuando quedan fuera de los planes de los Bertomeu y cía. para la nueva competición del año que viene, sus aficionados se indignen… pero que nadie sufra innecesariamente, ¡para eso se inventaron las wild cards!
[3] Amén de que tiene a una parte de la afición en contra. Yo nunca he sido partidario de pitar a los míos, que si para algo voy al pabellón es para animarles y no lo contrario, pero reconozco que empiezo a ponerme de parte de los que pitan, y aunque sigo sin hacerlo, sí que castigo al técnico con mi indiferencia.
[4] La verdad es que la sensación es la misma, salvando las distancias, que se tuvo en su día con Manel Comas durante su segunda etapa en Badalona. Con la salvedad de que con el sheriff había plantilla para entrar en play-off sí o sí y así se hacía, pero a pesar de eso, se necesitaba algo más. Luego llegaron Aíto, y Rudy, y Pau Ribas, y Ricky Rubio…

4. Arrancamos

Este fin de semana arranca la temporada 2015/2016 de la liga española de baloncesto o Liga ACB[1]. Como socio del Joventut de Badalona, se supone que tendría que mirar esta temporada con recelo, porque, a priori, la plantilla está un peldaño por debajo en cuanto a calidad, experiencia, defensa y capacidad reboteadora que la de la temporada anterior. Y es muy probable que así sea.

Repasemos, pues, las bajas del conjunto verdinegro para esta nueva temporada que justo ahora comienza: Álex Suárez, que demostrando muy poquito, ha puesto rumbo a Madrid y, en forma de cesión, a Bilbao; Sitapha Savané, que vuelve a la que fue su casa porque, según él, era imprescindible disputar la competición europea para la que nos clasificamos el año pasado[2] si queríamos que renovara con nosotros; Clevin Hannah, que fue una de las revelaciones del año pasado y que ha fichado también por Dominion Bilbao Basket (cada año parecemos más el filial de los vascos, que ya no sólo los clubes de fútbol se alimentan sistemáticamente de nuestros jugadores: Raül[3] López, Álex Mumbrú, Suárez, Hannah, Sito Alonso en el banquillo…); Tariq Kirksay, que ya ha dado lo mejor de sí mismo en una cancha de baloncesto y no ha sido renovado; y Álex Barrera, que pone rumbo a Manresa, de momento, porque no ha conseguido hacerse con un puesto en la plantilla después de varios años y oportunidades recibidas y no aprovechadas.

Todas estas bajas se suplen con Albert Sàbat, un base treintañero prácticamente debutante, artífice de cuatro ascensos a la ACB, pero que nunca ha gozado de continuidad en la máxima categoría del baloncesto español desde que debutara en aquel lejano Casademont Girona. Junto al veterano Mallet, formará una pareja de bases (con el hipotético refuerzo, quizá, de Agustí Sans, si es necesario por lesiones o bajo rendimiento) que, si bien puede ametrallar al rival desde el perímetro, presenta no pocas dudas en cuanto a rendimiento defensivo y capacidad de dirección; Ousmane Drame, un joven guineano recién salido de la exótica universidad americana de Quinnipac, Connecticut, cuya primera experiencia como profesional será la badalonesa, así que las dudas sobre su rendimiento parecen estar también justificadas (de hecho, una vez que ya lo tenemos aquí y vistos algunos de los minutos que ha disputado en pretemporada, parece bastante blandito[4]  y que no se entera demasiado de lo que va la película en el mundo de los mayores); Brandon Paul, un escolta sobre quien se supone que debe recaer el peso anotador del perímetro, pero cuya única experiencia, poco exitosa, se limita a unos pocos meses en la liga rusa antes de ser cortado, y que se ganaba la vida, hasta ahora, en la NBDL, la liga de desarrollo estadounidense; por último, y aunque ya formaban parte del club la temporada pasada, hay que contar como novedades a Alberto Abalde, nueva joya de la cantera y futuro fichaje (¿el año que viene?) de alguno de los equipos punteros/futboleros, que este año contará con ficha del primer equipo, y a Zoran Nikolic, que alternará minutos con el Prat y la Penya.



Plantilla del Fiatc Joventut de Badalona 2015/2016. Fuente: penya.com

Visto lo visto, parece justificado el recelo, y más si tenemos en cuenta que este año, sí o sí, habrá por lo menos un ascenso, el del Ourense[5]  (o dos o tres dependiendo de los que se lo ganen esta temporada en LEB), así que, si pinchamos, no disfrutaremos de la bula con que contaron, años atrás, Valladolid (en innumerables ocasiones), Manresa, San Sebastián, Fuenlabrada o Estudiantes, y no podremos eludir el descenso a la LEB, que sería un grave problema añadido a la delicada situación económica de un club que lleva unos años coqueteando con la desaparición.

Sin embargo, ser de la Penya es ser diferente al resto, es un estilo o filosofía de vida, en palabras del maestro Obradovic, y me resisto a creer que no lograremos el objetivo principal, y único, diría yo, que es la permanencia (como lo era la temporada anterior y como lo viene siendo desde que nos pillamos los dedos con el ladrillo). Pero para ello, como para todo en esta vida, hay que tener los pies en el suelo y saber quiénes somos, de dónde venimos y dónde estamos: lo de la temporada anterior hay que considerarlo un accidente, un regalo, algo excepcional y maravilloso que difícilmente se repetirá este año —a los desmemoriados les recuerdo que conseguimos el séptimo puesto final con 19 victorias, empatados con el poderoso Baskonia, y a sólo un triunfo de los quinto y cuarto clasificados, Valencia y Bilbao respectivamente; además, jugamos la Copa del Rey, competición en la que eliminamos al Gran Canaria, el anfitrión y favorito en la eliminatoria, y nos plantamos en semifinales; además, nos ganamos la clasificación para jugar competición europea al clasificarnos para disputar las eliminatorias por el título, aunque hemos tenido que renunciar, con buen criterio, por los motivos económicos ya mencionados con anterioridad; y por si esto fuera poco, ganamos en liga regular al Barça en su cancha, en Madrid nos robaron (igual que ante Valencia en Badalona) y batimos a Unicaja, CAI Zaragoza (dos veces), Bilbao y Baskonia, entre otros—, y cuanto antes seamos conscientes de ello, mejor nos irá la temporada.

En realidad, es muy probable que el nivel real del equipo el año pasado (y lo mismo vale para éste que comienza) fuese el mostrado en la segunda vuelta, en la que sólo ganamos seis partidos (frente a los trece de la primera; números de descenso otros años, sí), pero ¿qué importa? Nosotros somos un club de cantera[6]  (y hasta ésta peligra, pues se ha tenido que poner en marcha una campaña de micromecenazgo para poder seguir formando a los chavales que luego nutren al resto de clubs y a la exitosa selección española de baloncesto[7] -que digo yo, ¿y no le tendríamos que exigir el pago de una cuota anual a la ACB y la FEB? Al fin y al cabo, ellos son los que se benefician al final del “modelo Penya”, y si éste finalmente desaparece… mal asunto para el baloncesto español), no tenemos las arcas del fútbol a nuestra disposición, ni un gran banco detrás, ni siquiera ayudas institucionales, ni todo ello a la vez. Nosotros somos la Penya, y de nuestro modelo vivimos y, si tiene que ser así, de nuestro modelo moriremos. Es esto lo que nos hace caminar con la cabeza bien alta, en la victoria y en la derrota, y es esto lo que nos diferencia del resto y nos hace únicos, y es esto por lo que somos imitados y envidiados.

No debemos olvidar, y con esto me voy despidiendo, ese algo que tenemos y que no se compra con dinero que hace que cada año, pese a ser uno de los presupuestos más bajos de la categoría (porque el dinero destinado a la primera plantilla debe de ser de poco más de un millón de euros, una ridiculez; el resto se destina a pagar la deuda que nosotros sí pagamos), acabemos muy por encima de donde se supone que deberíamos estar. Y pongo un ejemplo comparativo: el divino UCAM Murcia lleva temporadas metiéndole billetes y nombres a su plantilla, y no hay manera de que se metan en la Copa ni en las eliminatorias por el título, y eso que siempre que les ganamos, pues habitualmente lo hacemos, hay que leer en ciertos foros que los de Badalona somos una banda. Si a ese algo especial le unimos que seguimos con el mismo entrenador y la base del año pasado, estoy casi seguro de que, pese a todos los miedos iniciales (los mismos miedos de cada año), a final de año estaremos satisfechos con nuestra temporada y muy por encima de donde nos sitúan ahora (y por un módico precio).

Este sábado, a las 20:45 h., primera batalla en el Pavelló Olímpic de Badalona. Yo no me la pienso perder.

Som-hi Penya!


[1] Me resisto a darle publicidad a ese patrocinador que da nombre a la liga y que va castigando sistemáticamente nuestros bolsillos con la connivencia del Gobierno español.
[2] Pero lo imprescindible, amigo Taph, al margen de hacerle a usted feliz, es que el club pueda seguir compitiendo el mayor número de años posibles en la liga ACB. Ya se dice con buen criterio que las personas pasan y las instituciones quedan, así que le deseo la mayor de las suertes posibles allá en su isla, excepto en los partidos que juegue contra mi Penya, claro está.
[3] Entiendo que ahora que no juega en Madrid, habrá vuelto a incorporar la diéresis a su nombre (lo sé, soy malo).
[4] Parece increíble que haya llegado con el título de Mejor Defensor de su Conferencia bajo el brazo, pero ya se sabe que en las Américas buen defensorsignifica “saltarín taponeador”, lo cual no necesariamente implica ser buen defensor. Diría que en el último Eurobasket, salvando las distancias, hemos disfrutado de algún caso parecido…
[5] Otra chapuza marca ACB y van…
[6] Hasta 6 jugadores formados en la cantera formarán parte del equipo este año: Nacho Llovet, Albert Ventura, Sergi Vidal, Albert Miralles, Alberto Abalde y el vinculado Zoran Nikolic; a los que se pueden añadir circunstancialmente Agustí Sans, José Ignacio Nogués y otra perla como el jovencísimo Xabier López-Aróstegui.
[7] Por cierto, el 25% de los jugadores que se colgaron el oro en Lille tienen ADN verdinegro: Rudy Fernández, Pau Ribas y Guillem Vives.