53. Seguir soñando

Campeones del mundo. Campeones del mundo. Campeones del mundo… me repito, lo sé, pero lo hago para asimilar una gesta que nadie, y lo siento por los yoyadije del mundo, se esperaba. Y eso que mi pronóstico, errado, y no sabéis cuánto me alegro de que haya sido así, no era de los más funestos. En el mejor de los casos, creía que España llegaría a semifinales, y que dependiendo de quién fuese el rival (me valían Grecia, Francia o Lituania; a Argentina no la veía más allá de cuartos, la verdad), podíamos volver de China con un bronce que a mí ya me hubiese sabido a oro.
 
rtve.es

Porque no nos engañemos, esta selección es, con diferencia, la que menos talento puro atesora desde que se iniciara el idilio casi permanente de España con las medallas en Suecia, en 2003, cuando los juniors de oro, ya asentados en la selección senior, fueron sometidos por el indomable Jasikevicius y una más experimentada Lituania en aquella primera final que abría un ciclo dorado que parece no querer concluir nunca. ¿Cómo, si no, iba a formar parte de la lista de 12 alguien como Xavi Rabaseda? Pues eso…

No sufráis, amantes del baloncesto, en seguida ahuyento al fantasma del alero de los intangibles (¿qué intangibles? Lo de los intangibles es aplicable a gente como Carlos Jiménez en el pasado, o a Claver o a Rudy en el presente… ¿de verdad quieren hacernos creer que hablamos de los mismos aspectos del juego cuando se trata de Rabaseda? Seamos serios, por favor) y vuelvo a mi pronóstico. Como decía, pensaba que podíamos llegar a colgarnos el bronce en base a que íbamos por el lado bueno del cuadro, es decir, que evitábamos a Estados Unidos (de quien pensaba que no ganaría el oro, pero que a nosotros nos vencería en un duelo directo en caso de darse; si hubiese visto el partido de la primera fase contra Turquía, tal vez hubiese anticipado el desastre monumental que ha sido su torneo, pero todo lo que escribo ahora es previo al inicio del campeonato), a Australia, a Lituania, a Francia y a Grecia (y a Serbia, con la que perderíamos en la segunda fase, según mis desacertadas dotes adivinatorias, y ya no la volveríamos a ver en lo que restase de torneo o, si lo hacíamos, sería con una medalla en juego) hasta semifinales o una hipotética final. Pero claro, tal y como escribí en Facebook en una versión reducida de todo esto, para ello, la cosa pasaba por ganar a Puerto Rico, que Serbia ganase a Italia, y que nosotros venciéramos en nuestro duelo directo contra los transalpinos ya en la segunda fase de la competición, algo que a mí no me parecía nada sencillo, tanto por su talento anotador desde el exterior como por nuestra ausencia de killers desde la línea de tres puntos (tan importantes en el baloncesto moderno). Eso sí, contaba con que Marc Gasol, máxime teniendo en cuenta la ausencia de Melli, los destrozara en la zona y que acabase decantando la balanza del lado español (qué queréis que os diga, aún espero ese gran torneo en plan dominador del mediano de los Gasol).
 
Y hasta el día D, el partido contra los Bellinelli, Gallinari y compañía, con más pena que gloria, y dejando unas pésimas sensaciones de cara al futuro, la cosa fue tal y como estaba planeada, tanto en el camino de España como en el del resto de selecciones llamadas a luchar por el título, salvo el desastre chino en el grupo de la risa, el susto/baño que se llevaron los yanquis contra Turquía, la debacle de los otomanos frente a la República Checa, la eliminación de Alemania y, sobre todo, la derrota de Grecia frente a Brasil, que complicaba el futuro, y de qué manera, de los helenos (yo nunca los vi tan arriba como ellos mismos y buena parte de la prensa especializada creían: hay mucha gente que vive deslumbrada por las siglas NBA y MVP, y no se enteran de que el baloncesto FIBA es otra cosa). Así que “sólo había que ganar a Italia”, una selección que en los últimos torneos, con todo nuestro arsenal, o bien nos había vencido o bien nos lo había hecho pasar muy mal. De ahí que no las tuviera todas conmigo ante esta cita.
 
El resultado, por fortuna, es de sobras conocido: partido malo, malísimo, en el que nos imponemos 67-60 y conseguimos la clasificación matemática para cuartos de final. Los héroes: Víctor Claver (siempre en mi equipo) y Juancho Hernangómez, por mucho que los nbanoides empiezan a destacar el papel de Marc Gasol (2 puntos y 4 rebotes en 27 minutos de juego), quien, según ellos, es capaz de dominar el juego desde la defensa… Really? Os reto a todos volver a ver el partido (sí, ya sé que es un castigo) y a decirme en qué momento Marc domina. Eso sí, contad las veces que no puede llegar a la ayuda del exterior (¿recordáis que el punto fuerte de los italianos era la anotación de sus exteriores?) porque se queda atascado en los bloqueos indirectos que le hace Biligha… Pero nada, seguimos repitiendo una y otra vez lo gran defensor que es Marc y cómo domina los partidos sin hacer una gran estadística y pese a jugar andando…
 
A partir de esta victoria, eso sí, nos lo empezamos a creer, el de Italia ha sido el partido del miedo, a partir de ahora viene lo bueno y el equipo despegará como lo ha hecho en tantas ocasiones en las dos etapas diferentes de Scariolo al frente de la selección (vamos a dejar la pesadilla de Juan Antonio Orenga para otro día): en el Eurobasket de Polonia, en 2009, las derrotas ante Serbia y Turquía nos colocaron al borde de la eliminación; tras una reunión de los capitanes, Navarro y Garbajosa, con el presidente de la FEB después de la rajada pública de Marc Gasol contra Scariolo por haberle dado la última posesión a un joven Sergi Llull frente a los turcos, las cosas se reconducen y el club de la pocha asume el mando hasta colgarse el oro (victorias frente a Lituania y Polonia, y ya en los cruces sacamos de la pista a nuestros rivales: +20 contra Francia en cuartos; +18 contra Grecia en semifinales; +22 contra Serbia en la final); en los Juegos Olímpicos de 2012, en Londres, llegamos a cuartos de final tras haber perdido los dos partidos previos con Rusia y Brasil, y estar al borde de la eliminación frente a la todopoderosa Gran Bretaña, pero nos deshacemos de Francia y Rusia para acabar siendo plata olímpica tras caer con los Estados Unidos en la final; en el Eurobasket de 2015, España pierde en la fase de grupos con Serbia e Italia, y está a un tiro libre (¡gracias Schröder!) de caer eliminada frente a Alemania (a partir de ahí, victorias frente a Polonia; Grecia, en el que creo que es el partido que lleva a Claver a ser el Claver que es hoy; Francia, en laque Pau Gasol lleva a cabo la mayor exhibición que he visto nunca en el baloncesto FIBA; y frente a Lituania en la final). El miedo, mi miedo al menos, que se une a las ganas locas de jugar contra Serbia para ver dónde estamos realmente, es que en esta ocasión hay mucho menos margen de mejora. En las ocasiones que acabo de rememorar, nos sobraba el talento, y el talento puede llevarte a solucionar los problemas en los que te hayas metido durante el torneo. Sin embargo, en este campeonato, pese a no darse las urgencias que se dieron en los casos anteriores, no íbamos sobrados de talento. Así que sólo teníamos una opción: bajar el culo, apretar los dientes y vaciarnos en defensa (algo que ya se había dicho antes de debutar frente a Túnez, pero que hasta la fecha no habíamos visto en ningún partido).
 
Y vaya si se defendió. Ante Serbia dimos todo un recital, sólo Bogdanovic estuvo en sus números, pero en ningún momento se le vio con la superioridad insultante que había demostrado hasta entonces. Mención especial, a mi entender, la defensa del perímetro, la de Ricky, Rudy y Ribas, la triple R que tanto nos hizo disfrutar en Badalona, la actuación, un partido más, de Víctor Claver, imperial, y la anotación de Rubio. Se había vencido al ogro serbio, y esperaba en cuartos de final la “sorprendente” Polonia (tampoco hay que catalogar de gesta haber vencido a China, Venezuela, Costa de Marfil y una Rusia bastante mediocre, así que no me parece que sea la revelación del torneo), un cruce que ni en sueños hubiésemos imaginado antes de empezar el campeonato, más propio de un partido de primera fase o de unos octavos de final de un Europeo que de los cuartos de final de un mundial.
 
Pasado el trámite polaco, más en la línea de los tres partidos de la primera fase que del que nos enfrentó a Serbia dos días antes, nos esperaba en semifinales Australia, quizá el equipo que mejor baloncesto había jugado hasta el momento, aunque bastante limitado de fondo de armario (casi tanto como nosotros, no está de más decirlo, porque los minutos de Colom, Rabaseda y Beirán han sido testimoniales). En el camino se habían quedado los estadounidenses, eliminados por Francia, y los serbios, para mí una de las grandes decepciones, que habían caído frente a la sorprendente Argentina, ésta sí la revelación del torneo. Y así llegamos al partido del mundial. Si ganábamos a los australianos, fuese quien fuese el rival en la final, tenía claro que volveríamos a ser campeones del mundo. Y como todo buen campeón (¿os acordáis del triple liberado de Nocioni trece años atrás?), tuvimos la suerte de nuestro lado: tiro libre fallado por Mills (cómo lamento que este pequeño gran jugador se haya quedado de nuevo a las puertas de llevarse una medalla) al final del tiempo reglamentario y posesión desaprovechada por los australianos al final de la primera prórroga para conseguir el pase a la final. Pero antes de todo esto una remontada de 12 puntos por parte de la selección española que quedará para la historia, fundamentada en la grandísima defensa de Rudy a Ingles y de Llull a Mills, y en la anotación de Ricky, aunque tan nefasto en los tiros de 3 como genial en la dirección (¡12 asistencias!), y de Marc Gasol (¡por fin!). Y abro un pequeño paréntesis: yo no soy un hater de Marc Gasol (creo que es un muy buen jugador, quizá una estrella, pero no un jugador franquicia), aunque así me han llamado, pero no se puede tener ese cuerpo y no machacar a los rivales dentro de la zona, ni se puede acabar un partido en el que juegas 38 minutos habiendo cogido sólo 6 rebotes (¡cuando los australianos nos capturan 20 rebotes ofensivos!). Sé que Marc acaparó portadas y titulares por sus 33 puntos anotados, y es cierto que fueron muy importantes, pero no olvido que lanzó 9 triples, de los que falló 6 (sólo uno menos que Ricky, de quien acabo de decir que estuvo nefasto en esa faceta del juego), y que no cerró el rebote defensivo ni salió a muchas ayudas o segundas ayudas que nos pudieron costar el partido. Pero sí, creo que Marc se ganó las portadas y los titulares, porque fue decisivo, pero no por los 33 puntos anotados, sino porque gracias a su seguridad en los tiros libres España consiguió llevar un partido que tenía perdido (y mal jugado, bastante mal jugado) hasta la segunda prórroga. Y una vez llegados al segundo tiempo extra, vimos y vivimos los mejores minutos de baloncesto ofensivo de la selección española en todo el campeonato. Ahí ganamos el oro, más allá de lo que hicimos posteriormente frente a Argentina, dignísima y sorprendente subcampeona (de manual la defensa de Oriola a Scola, y las ayudas de Marc, y la defensa coral que limitó el impacto en el juego que suele tener Campazzo) después de dejar en la cuneta a Francia , que una vez que eliminó a Estados Unidos creyó que ya tenía el título en sus manos. Y no es la primera ocasiónque les pasa a los imponentes nombres que suelen componer las plantillas que, campeonato sí y campeonato también, presenta Francia (cualquiera diría que tienen el mismo palmarés que nosotros, cuando sólo han ganado un europeo y, aunque no han bajado del podio en la competición continental durante los últimos años, hasta este año no se han colgado una medalla mundialista u olímpica). Quién sabe, el día que cambien a Collet por otro seleccionador tal vez nos lo empezaremos a creer. Hasta entonces, dejemos que se estrellen una y otra vez con su soberbia, y disfrutemos de ello.
 
Por último, no puedo acabar esta crónica sin un par de apuntes. El primero, que me alegro sobremanera del MVP, merecidísimo, otorgado a Ricky Rubio. A nivel personal no lo ha pasado bien últimamente, y a nivel deportivo tampoco es que el suyo haya sido un camino de rosas, pero quienes lo hemos visto crecer sabíamos que acabaría llegando este momento: aquel niño de catorce años a quien le cantábamos “¡Ricky, Ricky, Ricky, abusón, abusón, ón, ón!” en Badalona cada vez que convertía el simple hecho de llevar el balón hasta el campo de ataque en una misión suicida para el rival cuando él estaba enfrente o cuando le sacaba una sonrisa al maestro Aíto con sus diabluras prometía lo que ya nos está dando. Se lo merece, igual que se lo merecen los muchos entendidos que lo critican (¿sabéis que le llaman Bricky Rubio? Por el juego de palabras resultante de unir su nombre, Ricky, con brick, ‘ladrillo’. En fin…). Prometió que éste sería su campeonato, y ha cumplido con su promesa.
 
elespanol.com


El segundo, que esta selección es tan grande que ha conseguido que hasta Scariolo me empiece a caer bien y me parezca buen entrenador. Si había dudas sobre su labor al frente del grupo (hasta ahora había tenido talento a raudales a su disposición, y disponemos de suficiente información como para saber cómo ha funcionado la selección española durante este ciclo dorado; y lo mismo digo de su trabajo a nivel de club, cuando tuvo talento, llegaron los títulos, pero en su última etapa como entrenador había dejado ciertas dudas, incluso contando con talento y muchos dólares para confeccionar sus plantillas), creo que han quedado disipadas. Su talante y su talento han quedado más que nunca al descubierto. Este año, en mi opinión, se la ha jugado más que nunca con la lista de seleccionados (aunque las ausencias de Sergio, Pau y Mirotic/Ibaka no dejaban muchas alternativas), y también ha gozado de la suerte del campeón porque la jugada le ha salido bien: optó por llevarse sólo a 2 pívots puros, Marc y Willy, y dejar fuera a Diop (¿os imagináis que Marc se hubiese lesionado, o se hubiese cargado de faltas en el primer cuarto de un partido transcendental? Pues eso, un riesgo). Supongo que como premio a la buena labor en las ventanas, y el miedo a una lesión de Llull, seleccionó a Colom, y debido a la fragilidad física de Rudy, a Rabaseda/Beirán. Desde luego, mi lista hubiese sido otra, más conservadora en unas posiciones y más arriesgada en otras, pero por fortuna hoy ya esto no es tema de conversación. Enhorabuena a Sergio, pues, este también ha sido su campeonato.

Las cosas como son, queridos amigos, el continente asiático se nos da bien (Seúl ya queda muy lejos): campeones del mundo en Saitama en 2006 y en Pekín en 2019. Os recuerdo que el año que viene tenemos una cita en los Juegos Olímpicos de Tokyo. ¿Por qué no soñar? ¿Por qué no seguir soñando? Esta selección se lo ha ganado.

17. ¡Gracias por todo!

Otra vez no pudo ser, éstas serían las palabras para resumir la actuación del combinado español de baloncesto masculino en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Pero, a diferencia de ocasiones pasadas, cuando nos emplazábamos para la siguiente cita olímpica con los estadounidenses, ésta es más dolorosa porque casi con toda probabilidad era la última oportunidad, al menos en mucho tiempo, en que jugábamos contra ellos con posibilidades reales de ganarles[1].


Con todo, y antes de meterme de lleno a analizar algunas de las razones por las que “sólo” nos hemos quedado en el tercer peldaño del podio olímpico, el bronce ganado en Río frente a Australia, y de qué manera, supone el broche de oro de una generación sin parangón en el baloncesto español. Desde Sydney 2000, año del debut de Navarro y de la incomprensible ausencia de la convocatoria del mayor de los Gasol –así nos fue en aquella lejana cita olímpica−, España ha cosechado dos platas olímpicas y un bronce, y sólo se ha quedado sin metal en Atenas 2004, cuando fuimos eliminados por una selección de los Estados Unidos que finalmente se tendría que conformar con el bronce, aunque aquel nefasto día de cuartos de final contaron con un Marbury estelar.


Eso en cuanto a Juegos Olímpicos se refiere, que durante el ciclo olímpico de cuatro años que va de Juegos a Juegos, estos señores han ganado siete medallas en campeonatos de Europa: 3 oros, en 2009, 2011 y 2015; 2 platas, en 2003 y 2007; y 2 bronces, en 2001 y 2013 –la única lograda sin Pau en el equipo–. De hecho, sólo se ha bajado del podio europeo en 2005, también sin el mayor de los Gasol en el equipo, cuando la Alemania de Nowitzki nos eliminó en semifinales y Francia nos machacó posteriormente en la lucha por el bronce. 


En los mundiales, sin embargo, no nos ha ido tan bien, pese a que en 2006, en Japón, logramos tocar el cielo cuando nos proclamamos campeones del mundo frente a la Grecia de Papaloukas y Schortsanitis, cuyas diabluras habían desarbolado a los Estados Unidos en semifinales. El oro de Osaka es nuestra única medalla, pues quedamos quintos en 2002, después de que Alemania nos apeara en cuartos cuando parecía que íbamos a por todas –aunque nos fuimos del torneo con el buen sabor de boca de haber ganado el último partido a los estadounidenses ante su público, nuestra única victoria frente a ellos–, sextos en 2010, sin Pau en el equipo, y caímos en cuartos de final frente a Francia en nuestro mundial, en 2014, con Pau pero también con Orenga como seleccionador y José Luis Sáez aún como presidente de la FEB… 


No nos podemos quejar, ¿verdad? Aunque más allá de los metales y los títulos, quizá el éxito más grande de este grupo humano haya sido robarle un par de minutos de atención al fútbol en un país que en lo deportivo vive por y para el deporte que se juega sobre el césped[2]. Y es que gente, aficionados y periodistas, que a lo largo del año no ven ni un segundo de baloncesto cada verano inundan las redes con sus comentarios sobre el deporte de la canasta y se abren informativos con comentarios sobre la grandeza de Gasol –recuérdese el partido contra Francia del Eurobasket de 2015 y las reacciones que provocó–, sobre seleccionadores que lo harían mucho mejor que “el Gominas” o sobre lo mucho o lo poco que aporta Claver a la selección de baloncesto –a estos últimos les recuerdo que el valenciano fue fundamental para eliminar a Grecia y Francia el año pasado, y que viene de hacer una grandísima temporada en Kuban, el equipo revelación de la Euroleague; sí, “no marca muchos goles”, es cierto, pero es fundamental, o debería serlo, no sólo para la selección, sino para cualquier equipo–, etc.


Pero vuelvo al presente y me centro en esta selección que hace escasas horas que se ha colgado el bronce en Río –imaginaos cuál es su grandeza cuando ganar una medalla nos sabe a poco–. La cosa empezaba bien, pues por fin se acababa el ciclo José Luis Sáez y sus chanchullos absurdos, y se iniciaba la etapa Garbajosa, un hombre que hasta hace dos días formaba parte del grupo y que en teoría sabía de primera mano lo que necesitaba el equipo para llegar a Brasil en las mejores condiciones para asaltar el oro olímpico. Y aquí empiezan los problemas, creo yo: mientras el resto de selecciones, dejando a Estados Unidos de lado, se ponían a punto midiéndose a rivales de entidad –algunas de ellas, además, se jugaban el ser o no ser en los preolímpicos–, nosotros nos conformábamos con Angola, que no participaba, Lituania –en dos ocasiones, éste sí un rival de peso, aunque después la competición ha puesto a los bálticos en su sitio–, Venezuela, en dos ocasiones, y, por último, Senegal, que tampoco estaba clasificada para Río y que no contaba con su mejor jugador, el NBA Dieng. Cuando los responsables de la preparación se dieron cuenta de que la cosa no iba bien se intentó poner un parche de última hora, así que se concertó un entrenamiento-pachanga de poco más de una hora de duración con Australia, ya en tierras brasileñas. Insuficiente, como hemos podido comprobar.


Y si las cosas que están en tu mano no las controlas, prepárate cuando lleguen los imprevistos: la lesión ya conocida de Marc Gasol, y las que sufrieron durante la preparación Álex Abrines y, sobre todo, Pau Ribas. Además, a esto hay que sumarle los problemas contractuales de nuestros NBA: Pau, Sergio y Abrines se perdieron entrenamientos por la formalización de sus nuevos contratos; y los problemas personales que lamentablemente ha sufrido Ricky Rubio. Así que no es de extrañar que iniciásemos la competición faltos de ritmo, cosa que “hemos pagado” con un bronce cuando perfectamente hubiese sido una plata o, quizá, un oro.


Luego está el tema de la composición definitiva del equipo: la conocida lesión de Marc Gasol suponía la entrada de Willy Hernangómez o de Serge Ibaka –por aquello de tener presencia interior y rebote– , pero creo, y esto es una hipótesis mía, que la no presencia de Ibaka en Río se decidió el año pasado, cuando el jugador nacido en el Congo se borró del Eurobasket de Francia. Es cierto que su ausencia se ha vendido como un acuerdo entre ambas partes, jugador y FEB, pero creo que no me equivoco cuando digo que la negativa de Serge el año pasado ha propiciado la de la FEB éste. Todo lo demás se me antoja un gesto de cara a la galería y un dejar la puerta abierta por si acaso te necesito en un futuro. Eso y que el compromiso de Mirotic, además de su calidad ofensiva, es indiscutible, no lo olvidemos. 


Más importante para mí es la ausencia por lesión de Pau Ribas, porque perdíamos su intensidad defensiva y su fiabilidad en el tiro exterior, y suponía la entrada en la lista de José Manuel Calderón, convertido en un simple agitatoallas en el banquillo y cuya actitud corporal –ahí están las imágenes para quien las quiera revisar– durante los dos primeros partidos del torneo, los que nos condenaron a vernos con los estadounidenses antes de lo deseado, indicaban cierto comportamiento sospechoso… alguien además de mí mismo habrá visto algo de esto, porque al día siguiente de la dolorosa derrota frente a Brasil se publicaban declaraciones del base extremeño haciendo hincapié en que él había ido a Río para ayudar y para desarrollar un rol dentro del equipo que tenía muy claro. Polémica zanjada por si algún mirón más había reparado en el de Villanueva de la Serena… Claro, que de estar Pau Ribas sano, tampoco está claro que Scariolo hubiese optado por él en lugar de Calderón, que la valentía precisamente no es el rasgo característico del transalpino y la sombra de un jugador con tan dilatada carrera en la NBA se antoja harto alargada.


Pero si lo pensamos, creo que la solución Ribas era la mejor, por las características del canterano de la Penya que comentaba anteriormente y porque con Rubio, Sergio y Llull –que juega todo el año de base, por Dios– ya estaba cubierta la posición de point guard y ganábamos una rotación en la posición de 2. Navarro es mucho Navarro, y tiene que ir hasta que quiera a la selección, pero ya no es aquel jugador que era, lo hemos visto durante todo el año y se ha confirmado, pese a las ganas que le ha puesto, en Río. Además de que es un coladero en defensa –por eso se optó por la variante zonal, poco efectiva ante los Estados Unidos, cuando él estaba en pista–, y aquí hay que felicitar a Scariolo, que lo emparejó en defensa con Klay Thompson, ¡ole tú, Sergio! 


Y es cierto que los jugadores perdieron frente a Croacia y Brasil inexplicablemente. En el primer partido, después de echar por la borda una renta a nuestro favor de 14 puntos, y en el segundo por no cerrar el rebote en el último ataque carioca y por el nefasto porcentaje de acierto desde la línea de tiros libres –confirmado, Pau Gasol es humano–, pero la dirección de Scariolo, una vez más, dejó bastante que desear. Y esto me duele porque el italiano va a pasar a la historia como el seleccionador español más laureado de la historia, pese a no saber utilizar todo el potencial que un año sí y otro también la FEB ha puesto a su disposición.


Doy algunos datos: al contrario de lo que suele suceder en el resto de equipos y de lo que rige la lógica deportiva, ésa que nos dice que durante los partidos clasificatorios de los equipos potentes los minutos se reparten entre todos y luego, cuando llegan los cruces, el momento de la verdad, las rotaciones se reducen, Scariolo lo hace al revés: contra Croacia Calderón y Abrines no pisaron la cancha; Willy jugó 3 minutos; Navarro, 11; Felipe, 13; Claver, 10; y Rubio, 12. Contra Brasil, más de lo mismo: Calderón y Abrines, un minuto por cabeza; Willy no jugó; Navarro, 12 minutos; Claver, 10; y Felipe, 11. ¿Por qué, me pregunto yo, siempre saca pecho el italiano de la profundidad de banquillo de la selección española? El primer día, en el que Bogdanovic nos mató, ¿no podría haber puesto más minutos a Claver sobre él? ¿Llull no podría haber defendido a Ukic cuando Ricky se cargó de faltas y Sergio era desbordado por el base croata? Y contra Brasil, más de lo mismo, pero con Marcelinho Huertas jugando de base en el equipo contrario, lo que se unió a la ausencia de Willy para enfrentarlo a los rocosos pívots brasileños y darle minutos de descanso a Gasol… enésimo bloqueo mental del italiano, diría yo, y a salvar la delicada situación de la mejor manera posible.

Luego, como viene ocurriendo en cada campeonato de la era Scariolo, los chicos se pusieron las pilas y ganaron, sucesivamente, a Nigeria con muchos apuros –¿alguien recuerda aquel campeonato de Europa que ganamos arrollando después de vernos algunos minutos eliminados por Gran Bretaña? Pues eso, con la salvedad de que en los Juegos Olímpicos participan los estadounidenses, es la única diferencia–, a Lituania y a Argentina –resulta curioso que del llamado grupo de la muerte, el único equipo que ha llegado a semifinales ha sido España, ahí lo dejo–. Poco mérito le doy yo a Scariolo en todo esto, y mucho a los jugadores, pero bien está lo que bien acaba, supongo que llevan años pensando desde la FEB, y así nos plantamos en semifinales ante el coco estadounidense. 

Ya en semis, después de la dulce paliza a Francia –¡17 muy buenos minutos de juego de Hernangómez![3]–, demostramos una vez más que somos el único equipo, pese a todas las dificultades que vengo comentando, capaz de jugar de tú a tú en partidos de verdad a los Estados Unidos a día de hoy. Pero salió cruz, pese al gran trabajo defensivo realizado –grande en especial Rudy frenando a Durant y ayudando en todo lo que se puede ayudar en este deporte tan rico en matices que es el baloncesto–. Nos superaron en el rebote y estuvieron más acertados que nosotros, que cometimos algunos errores poco incomprensibles de concentración y de comunicación en momentos clave. Nos faltó tiro exterior y nos sobró, quizá, presión. Demasiado ante un equipo frente al que tienes que estar casi perfecto en todas las facetas del juego si no quieres que te pasen por encima. 

Todas y cada una de estas cosas acabaron “condenándonos” a la lucha por el bronce frente a una Australia que hasta semifinales maravilló con su baloncesto alegre en ataque y duro en defensa, pero felicitémonos por él y disfrutemos de este equipo, que es posible que en poco tiempo el “simple hecho” de llegar a unas semifinales sea como ganar un oro.

¡Enhorabuena, equipo! ¡Muchísimas gracias por hacernos disfrutar un verano más de vuestro baloncesto!


[1] No sólo porque se antoje imposible tener a otro Pau Gasol, sino, además, por tener la oportunidad de acompañarlo de los Navarro, Rudy, Reyes, Llull, Mirotic, Sergio, etc. [2] De hecho, todas las virtudes que se han cantado, se cantan y se cantarán de estos chavales fueron las mismas cuando tiempo después la selección española de fútbol consiguió ganar algo: que lo importante era el buen rollo en el vestuario, que los valores humanos estaban muy por encima de los deportivos, etc. Señal de que sirvieron de ejemplo para lo que estaba por venir sobre el césped o de la poca originalidad de nuestros periodistas, o de ambas cosas.

[3] Tranquilícese el personal, repriman los vítores y los aplausos, que “la minutada” de Willy no se debió a que por fin los árboles le dejaran ver el bosque a Scariolo, sino que después nos enteramos de que Pau tenía problemas en un gemelo.

1. Somos de oro

Como buen amante del baloncesto que soy, no podía empezar este blog sin dedicarle una entrada a la medalla de oro conseguida por la selección masculina en Lille el domingo pasado.


Creo que la prensa ya ha agotado todos los adjetivos habidos y por haber para destacar una gesta que pocos esperaban. No en vano, a diferencia de los últimos campeonatos disputados, a Alemania y Francia no acudíamos con el cartel de favoritos. Franceses y la renacida Serbia[1]parecían estar un peldaño por encima del resto de selecciones.


Sin embargo, el equipo español es mucho equipo, y no es casualidad que, desde 2003, con la única excepción del mundial de Orenga, haya estado siempre entre los cuatro primeros clasificados. Pero esta ocasión ha sido la más complicada debido al gran número de ausencias que presentaba la selección española: Juan Carlos Navarro, Marc Gasol, Serge Ibaka, Ricky Rubio y Álex Abrines tendrían que haber estado en la lista —a Calderón ya no lo incluyo, como tampoco lo hubiese incluido en listas pasadas—. Con ellos, tal vez, nos hubiésemos evitado tanto sufrimiento, pero también es cierto que entonces nos hubiésemos quedado sin la épica que ha acompañado a este nuevo éxito.



Somos de oro. Fuente: publico.es

                                    

Así que lo único que puedo hacer es agradecerles a todos y cada uno de los integrantes de la selección los buenos momentos que me han hecho pasar. Empiezo, como es lógico, con don Pau Gasol, un señor dentro y fuera de la cancha, que pese a ser el mejor jugador europeo de todos los tiempos (por números y por carisma, por éxitos y por liderazgo), nunca ha perdido la humildad con que se lanzó a la aventura americana hace muchos años ya. Dominador absoluto de las zonas, su maestría convertirá a  Gobert y Valančiūnas, centers de Francia y Lituania, en grandes pívots a poco que aprovechen algo de las clases magistrales que han recibido del mayor de la saga de los Gasol.


Pero el baloncesto, como saben los que lo siguen y lo han practicado alguna vez, y como ha venido diciendo la estrella de Sant Boi tras cada exhibición, es un deporte en el que sin la fuerza del conjunto, estás vendido. Por eso sería injusto focalizar los elogios únicamente en Pau.

Muchas gracias, pues, a Sergio Rodríguez, que pese a estar un poco perdido durante la primera fase, se convirtió en la pieza que le faltaba al equipo en ataque ante el mal campeonato, en líneas generales, de Sergi Llull en esa faceta del juego.

A Felipe Reyes, eterno luchador, capitán del equipo, cuya importante aportación nunca recogen las estadísticas que encumbran a otros.


Al ya mencionado Llull, pese a su nefasto campeonato en ataque, pues en los momentos de la verdad ha defendido a los exteriores de los rivales de manera formidable.

Al debutante, por fin, Nikola Mirotic, que ha alternado luces y sombras, pero ha sido uno más de la partida y ha desatascado en momentos importantes la ofensiva española.

A Pau Ribas, magnífico campeonato del canterano del Joventut de Badalona, tanto en ataque como en defensa, donde siempre se ha emparejado con el exterior más peligroso del rival.

A Víctor Claver, que hasta el momento diría que era el jugador con más medallas por minuto jugado. Empezó entrando en la rotación tras San Emeterio y gracias a la lesión en la espalda de Rudy, pero desde el cruce de cuartos contra Grecia se convirtió en imprescindible. Su defensa y capacidad reboteadora también han sido fundamentales para la consecución del oro en Lille.

A Rudy Fernández, por su lucha y compromiso con el equipo pese a esa maltrecha espalda con la que volvió de la NBA. Sinceramente, me he reconciliado con el balear el día del título, cuando ante las cámaras de Telecinco recordaba por lo que había tenido que pasar para llegar hasta ahí. No le recuerdo ese espíritu desde que se marchó de Badalona. Su defensa ante Grecia y Francia, sublimes, igual que en la final, donde también estaba destacando en ataque hasta el tremendo bloqueo de Jankunas.

A Fernando San Emeterio, que ha ido de más a menos, pues empezó siendo el suplente de Rudy para pasar a estar por detrás de Claver en la rotación. Pese a todo, no se le puede achacar nada al bueno de Fernando, pues siempre cumple tenga los minutos que tenga.

A Hernangómez, del que dicen que es el futuro de este equipo y así lo espero. La falta de minutos no debe ser un obstáculo para que aprenda y saque muchas cosas en positivo de la experiencia. Como mínimo, ha tenido al mejor de los maestros de compañero.

A Guillem Vives, que hace dos años estaba fogueándose en el Prat, filial del Joventut de Badalona, y cuya bendita explosión en el equipo verdinegro le ha llevado a Valencia primero, donde se ha ganado el puesto en un equipo donde compartía posición con Van Rossom y Nedovic, ahí es nada, y a la selección después. Si sigue mejorando su tiro exterior, será uno de los bases del futuro.

A Pablo Aguilar, que pese a tener el difícil rol de jugador número 12, no se le ha visto ni una mala cara. Es probable que entrase en la lista de componentes por culpa de la fascitis de Abrines, y es más que probable que tenga difícil volver, pero tiene un título europeo.

A Sergio Scariolo[2], que aunque no soy muy fan suyo y creo que se equivocó en el reparto de minutos y planteamiento de los partidos hasta cuartos de final, en semis le dio un baño a Collet. La defensa exterior y la zona planteadas fueron determinantes para frenar a los peligrosos jugadores de perímetro franceses.

A Jaume Ponsarnau y Txus Vidorreta, porque todo lo dicho anteriormente de Scariolo vale también para ellos.
A los fisioterapeutas y al resto del equipo técnico, por cuidar de los nuestros y paliar sus lesiones. Gracias a todos ellos.
Por último, y como es propio del género épico que haya héroes y villanos, no me puedo olvidar de los antagonistas de esta gran gesta: el público francés, Vincent Collet y la prensa gala.
Los primeros, vergonzosos, por los pitos a lo largo de todo el campeonato contra todo aquello que sonara a español (silbaron hasta en los espectáculos del descanso de los partidos cuando sacaban a aficionados españoles a la cancha) y por su espectáculo bochornoso cuando Pau Gasol fue nombrado MVP del campeonato con total justicia.
Collet, por cobarde y por quejarse en la rueda de prensa posterior a la primera semifinal de que los árbitros no le habían dejado defender a Gasol. Y yo que pensé que Collet era un señor, pero al parecer sólo lo es cuando su equipo gana. A lo mejor hubiese podido minimizar, que no anular, a Gasol si hubiese planteado una zona o una defensa de ayudas, pero era tanto el miedo que le tenía al resto del conjunto español que confío toda su suerte a Gobert. Y el gigante galo, por mucho que salte y taponee, está a medio hacer. Gracias, Vincent.
Qué decir de la prensa francesa, que ha querido empañar el éxito español con la sombra del dopaje… pero todo esto ya nos suena, estamos acostumbrados al mal perder de los señoritos franceses: Induráin, Nadal, la selección de fútbol… ¿recuerdan?

[1] Es una gran noticia para el deporte de la canasta que los serbios vuelvan a acercarse al nivel  que tenían cuando se encontraban unidos bajo la bandera de la extinta Yugoslavia. El camino empezó en Madrid el año pasado, y aunque en este europeo al final se han desinflado, tienen base más que suficiente para volver a convertirse en aspirantes a metal en las próximas competiciones internacionales en las que participen.
[2] A la espera seguimos de que la ACB, experta en reglas absurdas y que van en contra de los tiempos que corren, elimine aquélla que prohíbe que un entrenador ACB se pueda hacer cargo de la selección. En realidad, no necesitamos mirar al extranjero para tener un seleccionador de primera.