3. 1864, de Ole Bornedal

Hoy voy a hablar de1864, una verdadera joya de origen danés que no hay que perderse[1]. Pese a que fue estrenada en España en enero de 2014, no la he podido ver hasta ahora, pero se ha colado entre los primeros puestos de mi ranking particular de series de televisión.

Escrita y dirigida por Ole Bornedal, narra en ocho capítulos (para qué más, por Dios, ya está bien de estirar las tramas y los beneficios ad nauseam) el triángulo amoroso entre los hermanos Laust y Peter Jensen (Jakob Oftebro y Jens Sætter-Lassen) y su mejor amiga, Inge Juel (Marie Tourell Søderberg), en el contexto de la llamada Guerra de los Ducados que enfrentó a  Dinamarca y Prusia.

Vilhelm Jacob Rosenstand: Fra fosporterne 1864.



Pese a ciertas licencias históricas que se permite, como el papel de la Confederación Germánica en el conflicto, podríamos decir que se trata de una mini serie muy bien adaptada. Para ello, se basa en cientos de cartas reales de soldados daneses que participaron en la guerra y en la novela Slagtebænk Dybbøl, de Tom Buk-Swientys.

Sin embargo, según mi parecer, lo que eleva el nivel de esta producción a la categoría de joya (como a cualquier otra narración) no es lo que cuenta, sino cómo lo cuenta. Aprendimos de Robert Ernst Curtius que ya todo lo dijeron los clásicos grecolatinos, que ya se han tratado narrativamente (ya sea en literatura, como en los “modernos” cine o televisión) todos los temas posibles, así que, desde entonces, lo único novedoso es la forma. Y en este aspecto, 1864 lo borda: la trama se presenta por medio de un diálogo paralelo entre pasado y presente que parece no tener fin hasta que, al final, descubrimos, como no podía ser de otra manera, que todo está conectado.

En efecto, Claudia (Sarah-Soffie Boussnina), una adolescente que coquetea con las drogas y cuya familia se nos presenta destrozada por la muerte de su hermano en una de nuestras guerras modernas (¿Afganistán?) abandona la escuela y encuentra trabajo como asistenta del anciano barón Severin (Bent Mejding), un aristócrata enfermo que, como la propia Claudia, según le dice la empleada de la oficina de empleo que le facilita el trabajo, comparte con ella un mismo sino, pues ninguno de los dos tiene futuro. Él, por las dolencias y achaques propios de su edad, y como representante de un mundo que ya desaparece; ella, por el tipo de vida que lleva.

Allí, gracias al diario de la joven Inge y a las cartas que ella misma intercambió con los dos hermanos Jensen que conserva Severin, la joven y el barón se convierten en los narradores de la historia de aquellos tres jóvenes ya desaparecidos pero cuyos ecos aún resuenan con fuerza en el presente. La relación que los jóvenes mantienen con el aristócrata y la adolescente dejo que la descubráis vosotros cuando la veáis, he estudiado literatura y sé lo doloroso que es que te destripen novelas…

Podríamos decir que se trata de una serie bélica, aunque la guerra, omnipresente, no es la protagonista (pese a que las batallas están muy logradas y consiguen transmitir el horror que debe de ser participar en ellas). Tampoco es una serie política, aunque retrata a la perfección la locura de los nacionalismos y los delirios de grandeza de esas élites que juegan con los destinos de las masas anónimas por sus ansias de poder y gloria amparándose en eso tan absurdo que llamamos patria. Ni siquiera es únicamente un drama, pues reímos con los jóvenes Jensen, por ejemplo, a medida que crecen y van descubriendo su sexualidad[2]. Pero sí que es un poco de todo ello: un análisis de la naturaleza humana, de la deshumanización y la humanización de las personas, de sus miserias y sus grandezas, de sus alegrías y tristezas, que merece la pena vivir. Quién sabe, hasta podríamos aprender algo de ella.

Lo que sí está claro es que da cierta envidia ver cómo trata su propia historia Ole Bornedal. Aquí nos tienen acostumbrados a interpretarla desde una óptica maniquea según la cual los buenos son muy buenos, y los malos, muy malos. Y la vida es un continuo de grises.  


[1] Sólo tenéis que buscar en Internet las críticas y valoraciones que se hacen de ella para comprobar que, en efecto, se trata de una de las mejores series producidas últimamente.
[2] Hasta elementos fantásticos o de lo real maravilloso, si se me permite el atrevimiento, podemos encontrar en el personaje del “inmortal” Johan Larsen (Søren Malling).