7. Radicales

No deja de tener cierta gracia el panorama político español que se esfuerzan en presentarnos los miembros del Partido Popular y sus voceros habituales. Y como se acercan las elecciones generales, intuyo que lo vamos a tener que escuchar con mayor frecuencia de lo que lo aconsejarían las autoridades sanitarias (aunque tal vez es cosa mía, pero tengo la sensación de que vivimos en una continua campaña electoral, porque lo único que importa es la elección, la permanencia en el poder o su consecución, y que gobernar, lo que se dice gobernar, se gobierna bien poco, y, además, no interesa).
Según su riguroso y nada partidista análisis, que la demagogia, la corrupción, la manipulación y las mentiras siempre son cosas de los otros, la escena política se divide de la siguiente forma: ellos, virtuosos garantes del justo término medio aristotélico, se sitúan en el centro ideológico[1], y a partir de aquí, empieza la degeneración rumbo a la izquierda, que se inicia con la eliminación de la ambrosía de la dieta habitual y culmina con la compra de ropa en el Alcampo.
Así, el siguiente escalón en esa pérdida de la divinidad es Ciudadanos[2], el partido de los guapos, que aunque aún mantiene la belleza característica de los dioses del Olimpo, forma parte de lo que los populares llaman el centro-izquierda. Tal vez la prueba inequívoca de esta pérdida de la virtud la tuvimos el día después de la reciente noche electoral catalana, cuando quedó demostrado en la persona de Rivera que ellos preferían la ingesta de cava y otras sustancias para sus celebraciones a la tan conocida bebida de los dioses.
Un paso más allá en esta escala descendente, siempre a ojo de buena gaviota, se entiende, está el PSOE[3](supongo que los del PP, además de ellos mismos, son los únicos que se siguen creyendo eso de que es el partido de los obreros), que a pesar de tener a otro guapo como cabeza visible, Pedro Sánchez, y a ese rumor que dice que ha pactado junto a PP y Ciudadanos no derogar la reforma laboral, sea cual sea el futuro resultado electoral, no deja de tener ciertos mínimos tics que lo sitúan en la izquierda de la política española a ojo de buen popular.
Izquierda Unida ya ocuparía el espacio destinado a la extrema izquierda, pero no la radical, tal vez en reconocimiento al pacto contra natura extremeño que le dio esa comunidad a Monago. Pero como nunca han molestado demasiado y de todo tiene que haber en el reino del Señor, además de que nunca han acabado de entenderse con el PSOE y le “roba” a este partido unos cuantos votos, no están en el punto de mira de la ira de los dioses (y más ahora, que no han sucumbido a la seducción del maligno y no acudirán en la misma lista que Podemos).
Por último, los tertulianos y políticos “ultracentristas” se han inventado una subcategoría dentro de la extrema izquierda, ejemplo de la degradación total del Homo hispanicus, la extrema izquierda radical, hábitat donde conviven los leprosos y apestados de la CUP y Podemos[4], el séptimo círculo del infierno dantesco de la política española. De las profundidades de este averno rojo surgen ideas tan perniciosas como la justicia social, la igualdad económica o de género, la lucha contra el capital que nos asfixia y mil plagas más que amenazan con acabar con las comodidades y las libertades que tantos sudores y años de transición democrática borbónica nos han costado.
Pero como las opiniones unívocas, aquéllas que se esconden bajo lemas del tipo “Una, grande y libre”, sólo se consiguen con el miedo y la fuerza, y a mí nadie me asusta tanto y me van a tener que golpear muy fuerte para que siga a las ovejas, no puedo hacer otra cosa que pintar un panorama algo diferente:
La derecha política en España, por mucho camuflaje variopinto que se emplee, no nos engañemos y que no nos engañen, son el Partido Popular, Ciudadanos, Convergència y el Partido Nacionalista Vasco (PNV). Claro que, dentro de esta derecha, hay que hacer alguna distinción para poner a cada uno en su lugar, pues en las filas del Partido Popular y Ciudadanos, y a la altura de ese ente casposo escindido llamado VOX, conviven los neofascistas, que lo único nuevo que tienen es el elemento compositivo neo- que tan generosamente les he atribuido, con los neoliberales, adoradores del “tanto tienes, tanto vales”, y el resto, “a galeras a remar”[5], entre los que hay que contar a unos cuantos del PP y Ciudadanos (los Inda de la vida), y a Convergència y PNV.
El centro derecha es el territorio de PSOE y ERC, que aún tenemos que ver adónde le llevan a Junqueras sus amistades peligrosas convergentes. Ya dicen bien que con el paso de los años nos acomodamos y nos volvemos más conservadores[6], y de aquello que fuimos a lo que nos acabamos convirtiendo queda únicamente el nombre. Pues eso mismo les ha pasado a estos dos partidos, otrora defensores de los trabajadores y sus derechos y hoy paladines del capital y de la patria respectivamente.
Y llegamos, por fin, a la izquierda, una ideología que, por definición, tiene que ser radical, pero en su segunda acepción, a saber, la que dice que lo radical es aquello que ‘tiene en cuenta lo fundamental o

lo esencial’.  Tajantemente, desde luego, como hay que defender todo lo que realmente importa. De manera que no sé por qué utilizan ese adjetivo los “ultracentristas” como arma arrojadiza o como un insulto. Claro que, a diferencia, y por fortuna, que ya estamos en pleno siglo XXI, de aquellos anarcosindicalistas o anarcocomunistas que hacían la guerra de clases a bombazo limpio, los “radicales” de hoy han olvidado la violencia, a diferencia de sus enemigos (porque violencia es exprimir a la población y recortar en todos aquellos servicios sociales que sirven a la mayoría, y que, paradójicamente y para mayor inri, sustenta esa misma mayoría). Hoy las armas son otras, la democracia directa, la de todos en igualdad de condiciones, y la palabra, destructora de muros y constructora de puentes, pero la guerra es la misma.

Y entre estos radicales de izquierdas, con toda la ironía del mundo los llamo así, se encuentran IU, aunque intuyo que a Alberto Garzón le iría mejor si fundase un nuevo partido, de nombre “Alberto Garzón”, la CUP, Podemos, Compromís y los seguidores de Voldemort. Cada uno con sus diferentes ideales, más o menos realizables, pero todos en la tradicional brecha de la izquierda.
Llegados a este punto, tengo que aclarar que, aunque en alguna entrada anterior he hablado en contra de los nacionalismos, como no puede ser de otra manera en alguien que se considera de izquierdas, porque para mí no conducen a ningún sitio y suponen seguirles el juego a los poderosos, hablaba de todos ellos. Y si de todos ellos se habla, no está de más dejar claro que el peor de todos, el que mayor número de muertos lleva a sus espaldas en la historia, es el español, ese que parece que no exista porque es lo “normal y natural” ser y sentirse español. En este sentido, supongo que no hace falta decir lo que pasó en las Américas, eso que nos inflama el pecho cada 12 de octubre, y lo que sucedió en la olvidada Guerra Civil española. Así pues, y por no extenderme, creo que no miento cuando digo que son millones de asesinatos de ventaja los que les saca a los nacionalismos vasco y catalán, por muy condenable que sea arrebatarle la vida a alguien por motivos políticos (o por los que sean, claro).
Así pues, y para ir acabando, supongo que soy un radical de extrema izquierda. Pero qué queréis que os diga, soy nieto de mineros, mi abuelo materno y sus hermanos tuvieron que huir al monte y acabaron en prisiones fascistas, y soy hijo de familia trabajadora. Soy pueblo, eso forma parte de mi mochila de viaje y está inscrito en mi ADN. Y para mí es un orgullo. Aunque entiendo que al niño bien cuyo mayor logro en esta vida es haber nacido en casa rica le cueste entenderlo.


[1] En clave catalana, que al fin y al cabo soy catalán, es el mismo lugar que ocupa en mi Ítaca particular la Convergència de Mas.
[2] Aquí podría hablar también de UPyD, pero ya le dedicaré algunas líneas el día que hable de los dinosaurios y otras especies extinguidas.
[3] Y Esquerra Republicana de Catalunya.
[4] Y Bildu, aunque como a Voldemort, lo mejor es no nombrarlos.
[5] Reconozco que no sabría decir cuáles de los dos son peores. La respuesta correcta, tal vez, es que no se salva ninguno de ellos.
[6] Si yo fuese de esos jóvenes que piensan como sexagenarios me lo haría mirar, corren el riesgo de muerte cerebral cuando cumplan 60 años reales.

6. Con Budapest en el recuerdo

Durante dos viernes del pasado mes de setiembre, en plena crisis de los refugiados sirios en Budapest, fui a trabajar vestido con uno de los recuerdos que me traje de la joya del Danubio, ciudad que tuve el placer de visitar junto a mi pareja en agosto de 2014.

Ese recuerdo no es ni más ni menos que una camiseta negra donde se puede ver el Parlamento húngaro, la misma con la que salgo en la fotografía del apartado de Alfredópolis en el que hablo de mí mismo en tercera persona (impresionante, lo sé).

Pero más allá de la simple curiosidad con la que solemos mirar las camisetas exóticas de la gente, con humana envidia o apuntando futuros destinos vacacionales, en estas dos ocasiones me sentí juzgado como si ante un tribunal de guerra me personase en calidad de acusado.

Es bien conocida y está harto estudiada la influencia del cuarto poder, la prensa, como creador de opinión y herramienta de manipulación de masas, fiel servidor de la política, así que supongo que es difícil separar el grano de la paja en estos casos y dejar de ver a quien lleva esa camiseta como si del propio Primer Ministro Viktor Orbán se tratase. De hecho, hasta un par de comentarios me hicieron algunos compañeros sobre lo poco oportuna que resultaba la camiseta con lo que estaba pasando allí. Pero ¿os imagináis que por el simple y casual hecho de ser españoles y catalanes nos consideraran a todos iguales a Mariano Rajoy o a Artur Mas? A mí se me revuelve el estómago sólo con pensarlo.

Eso por una parte, aunque no sabría decir si quienes me miraron inquisitorialmente eran firmes defensores de los derechos humanos o, por el contrario, se trataba de aquellos que piensan que ya ayudaremos a los refugiados cuando hayamos conseguido que los de casa, más merecedores de nuestra compasión y ayuda, tengan lo mínimo e indispensable para su supervivencia.

Y qué queréis que os diga, por muy inhumanos y xenófobos que me parezcan el Gobierno de Orbán y sus métodos, sigo siendo un enamorado de la capital húngara y, ante todo, de sus gentes, por mucha publicidad negativa que se vierta, y ni todas las censuras del mundo me harán cambiar de opinión. Será por esto que dicen que viajar abre tu mente.


Representación de la unión de
Buda y Pest (y Óbuda) en el s. XIX.
Foto de Alfredo Martín G.

Porque Budapest es de esas ciudades cuyo encanto queda grabado por siempre en tu memoria y tu corazón. Y quienes la hayan visitado sabrán de lo que estoy hablando. Quienes no, que no duden en hacerlo en cuanto la situación se normalice un poco. Y si mi consejo sirve de algo, que se olviden de ese famoso paquete turístico que te lleva a las tres joyas de la Europa central (Praga, Viena y Budapest) y dediquen, si es posible, un viaje a cada una de las capitales. De lo contrario, mucho me temo, tendréis la sensación de haber visto mucho, cuando en realidad no se habrá visto nada.

Asimismo, pese a que la zona turística de Budapest se puede visitar en tres o cuatro días si compráis un bono de transporte, mi consejo es que le dediquéis una semana de vuestras vacaciones y caminéis por sus calles (a nosotros nos recordaron a la Barcelona preolímpica) y conozcáis a sus gentes, hospitalarias y simpáticas como pocas, y que no teniendo nada o teniendo muy poco, tienen la virtud, casi perdida, de compartirlo contigo.


La Gran Sinagoga. Foto de Alfredo Martín G.

Nosotros nos alojamos en el barrio judío, en el único hotel cuya recepción contaba con alumnos españoles de Turismo en prácticas (aún recordamos con una sonrisa a aquella recepcionista catalana que casi saltó el mostrador para besarnos cuando le dijimos que veníamos de Barcelona), circunstancia que ayuda cuando visitas un país cuya lengua es tan lejana como el magiar, por mucho inglés que hables (aunque es cierto que con la lengua de Shakespeare no tendréis ningún problema en restaurantes y comercios, pues todos los camareros y dependientes lo hablan más o menos fluidamente), a cinco minutos a pie de la

Monumento homenaje a los judíos exterminados
por los nazis, en el Museo Judío. Foto de Alfredo Martín G.

sinagoga de Budapest, en el corazón de Belváros o Ciudad Interior, en Pest, y a tiro de piedra de las milenarias aguas del Danubio. Quienes hayan paseado por la noche por su ribera iluminada y por sus puentes (el Dunakorzó o paseo fluvial) entenderán por qué la capital húngara es conocida como “la París del Este”. Asimismo, en Belváros destaca el edificio del Iparművészeti Múzeum (Museo de las Artes Aplicadas) y, sobre todo, el Magyar Nemzeti Múzeum (Museo Nacional Húngaro), el más grande del país, absolutamente fascinante y que se llevará unas cuantas horas de vuestras vacaciones, seguro, y la ya mencionada Nagy Zsinagóga (La Gran

Mercado Central. Foto de Alfredo Martín G.

Sinagoga, la más grande de Europa y la segunda del mundo tras la de Nueva York) y el Zsidó Múzeum (Museo Judío). Pero la oferta cultural es tan amplia que, si lo vuestro son los museos y templos, en esta zona os podréis deleitar, además, con el Földalatti Vasúti Múzeum, dedicado al ferrocarril, el Magyar Természettudományi Múzeum (Museo de Historia Natural), el Belvárosi Plébánia Templom, junto al puente de Isabel, el Ferences Templom o el Református Templom, iglesia calvinista. Si lo vuestro son las compras, no os preocupéis, la famosa Váci utca dispone de todo tipo de cafés, bares y tiendas. Eso sí, no os perdáis, al sur, el Nagycsarnok o mercado Central, de arquitectura art nouveau, una maravilla para los sentidos. 

Parlamento de Hungría desde Buda.
Foto de Alfredo Martín G.
Basílica de san Esteban. Foto de Alfredo Martín G.

Al norte de Belváros se encuentra el barrio Lipótváros, donde destaca el monumental Országház (Parlamento), que no podéis dejar de visitar. Asimismo, concertad, si es posible, visita a la Magyar Állami Operaház (Ópera Estatal de Budapest), aunque en temporada podéis asistir a ella por un precio mínimo de ¡dos euros! (igualito que en Barcelona, por ejemplo; esto es acercar la cultura al pueblo y lo demás son tonterías, supongo que la herencia comunista, en este sentido, sí es positiva). La impresionante Szent István Bazilika (Basílica de san Esteban) también es de visita obligatoria, tanto de su interior, donde, entre otras reliquias, se conserva la Santa Diestra, la mano derecha del santo, como de sus vistas panorámicas de la ciudad. Entre los museos de la zona, destaca el Néprajzi Múzeum (Museo Etnográfico), cuyas exposiciones fijas de trajes tradicionales y artesanía son espectaculares, y cuya exposición temporal dedicada al arte gitano me dejó gratamente impresionado.

La Andrassy út, la avenida más elegante de la ciudad, que discurre a lo largo de tres kilómetros, conecta los barrios anteriormente mencionados y desemboca en el Városliget o parque de la Ciudad, que alberga un zoo, un circo, un parque de atracciones, un enorme balneario y un castillo romántico, el Vajdahunyad Vára. Antes, no os podéis perder, en el número 60, la Terrorháza o Casa del terror, antigua sede de la policía nazi primero, y de la policía secreta comunista después. Con total sinceridad, os digo que no es un sitio nada agradable, de hecho, mi pareja salió del museo llorando y yo con ganas de vomitar. Pero es de aquellas cosas que todo el mundo tendría que ver, pues el horror que es capaz de causar el ser humano no tiene límites, y la única manera de hacerle frente, mucho me temo, es conocerlo. Casi al final de la avenida Andrassy,

Plaza de los Héroes. Foto de Alfredo Martín G.

nos encontramos con otro espectáculo arquitectónico, la Hősök Tere o Plaza de los Héroes, que da entrada al Városliget. En uno de sus flancos, está el fabuloso Szépműsvészeti Múzeum (Museo de Bellas Artes), cuya exposición es importante a nivel mundial.

En la orilla izquierda del Danubio se encuentra la antigua ciudad de Buda, donde destaca la montaña de Gellért, un lugar muy tranquilo para pasear y disfrutar de las vistas del río. Eso sí, eviten a los trileros que hacen su agosto particular a costa de los incautos turistas. Allí, se puede ver el famoso hotel Gellért y sus opulentos baños termales. Pero si algo merece la pena de esta parte del margen del río, es el acceso a la Margit-sziget, la isla de Margarita, situada entre los puentes de Margarita y Árpad, una antigua leprosería romana y un antiguo harén de un bajá turco, un verdadero paraíso para recorrer a pie o en bicicleta y disfrutar de un día de picnic al sol.

En las catacumbas bajo el Palacio Real de Buda,
tras la pista de Vlad el Empalador.
Foto de Alfredo Martín G.

Dominando el río desde Buda, se encuentra el denominado Distrito del Castillo, antigua capital fortificada del país y sede de la corte real. Destaca, por encima de todo lo que encontraréis allí, el Halászbástya o Bastión de Pescadores, el Budavári Palota o Palacio Real de Buda, donde está la Magyar Nemzeti Galéria o Galería Nacional Húngara, el Budapesti Történeti Muzeum (Museo de Historia de Budapest) y el precioso Mátyás Templom, en el corazón del castillo. Como curiosidad, también se pueden visitar las catacumbas del castillo, donde se cuenta que estuvo encerrado Vlad Drăculea, personaje histórico en que se basa el conde Drácula de Stoker.

Como veis, son muchas las razones para amar Budapest (a las que habría que sumar su gastronomía y sus vinos, espectaculares), como muchos son también los motivos para separar la política de todo aquello a lo que tiende y pretende corromper, como nuestras propias opiniones.

5. ¿Qué está pasando?

Pese a que normalmente los días laborales suelo y prefiero comer solo, porque compartir comida con compañeros de trabajo suele significar más trabajo —y bastantes horas de mi tiempo le dedico ya a esa labor— y porque soy un amante entregado de mi soledad, qué le voy a hacer, disfruto de ella y la necesito, hay veces en las que no me queda más remedio que “transigir”: celebraciones de aniversarios, visitas inesperadas, compañeros que ese día, en contra de lo habitual, no han traído comida en el tupper… y, lo confieso, porque a veces me siento obligado a decir a compañías aunque sólo sea para que no me hagan sentir más rarito de lo que ya puedo ser —antisocial me llaman muchos; asquerosamente selectivo prefiero etiquetarme yo.
Pues bien, este miércoles, pese a que no me apetecía nada, porque además tenía que atender a otras cosas en la escasa hora de que dispongo para comer, “tuve que compartir comida” con una compañera, y pese a mis prejuicios iniciales, esa compañía sí que me fue útil, como mínimo y con eso me quedo, ha sido el motivo de estas líneas que ahora escribo.

Entre otras cosas de las que hablamos, me contó que había asistido al II Encuentro de Docentes de Lenguas en Educación Secundaria en Sant Cugat del Vallès el fin de semana anterior, donde se habían dado charlas y se habían compartido estrategias y materiales para eso tan complicado que es la enseñanza —en realidad, ella, que compagina el trabajo editorial con una sustitución en un centro de Educación Secundaria, se centró únicamente en la lengua (a todos nos preocupa lo nuestro, es inevitable), pero yo, e intuyo que aquí empezó mi desconexión, empecé a extrapolar todo eso que me contaba a la enseñanza en general, y al aprendizaje en particular —que aunque lo parezcan, no son una misma cosa: los platos son platos, y los vasos son vasos, que diría algún sabio dirigente.

Porque ya desde mi etapa como estudiante, tardío, eso sí, que fui de los que se desenganchó de la educación para volver y aprovechar una segunda oportunidad más tarde, voy percibiendo que algo está pasando, y no bueno, con el aprendizaje[1]. No sé a qué es debido, ya me gustaría a mí, si al bombardeo de información y estímulos externos que impiden una concentración adecuada —qué podemos esperar si antes de tener dientes los niños ya juegan con los móviles, tabletas u otros cacharritos electrónicos de sus padres—, si al descrédito de la formación o a los nuevos modelos de prestigio social, si a la falta de recompensa en forma de salida laboral para tantos años de esfuerzo o a la ilusoria comodidad de la sociedad burguesa en la que nos toca vivir, pero lo cierto es que los estudiantes, niños y no tan niños, no aprenden, y los formadores, algunos de ellos, tampoco. Y esta sensación se hizo todavía más evidente durante mi etapa como docente y ahora que empiezo a mirar el asunto desde la madurez.



Fuente: cursople.weebly.com


Porque aprendizaje es adquirir conocimientos útiles para la vida, aquellos que sirven, mediante su interiorización y comprensión, esto es, después de haber reposado un tiempo para poder extraerles todo el jugo, para ser aplicados y relacionados entre sí, en definitiva, para comprender, y mejorar, si es posible, qué más se puede pedir, el complejo y voraz mundo que nos rodea.

Entre taller y taller, y entre charla y charla, y vuelvo a la comida compartida, mi compañera, al hilo de un comentario que le hice yo sobre la alarmante incapacidad para la reflexión y relación de conceptos de los jóvenes, me contó que cuando planteaba actividades de ese estilo en el aula, el bloqueo era total y absoluto, pero que había notado que, al contrario de lo que se pudiera prever, los “malos” solían salir más airosos que los “buenos” —estos calificativos no son míos, odio cualquier tipo de etiquetas limitadoras, tan frecuentes, por desgracia, en la vida—, que aquéllos respondían con menos ataduras que éstos, siempre obsesionados con la respuesta correcta[2].

Y he aquí otro de los problemas, me temo. Los “buenos” estudiantes son resultadistas, y suelen basarse en la memorización de cabo a rabo de la lección y en su vómito el día de la verdad, el del examen. Y luego, limpieza de disco duro para la siguiente prueba, y luego, para la siguiente, y luego… se convierten en adultos que poseen un enorme archivo de datos inútiles porque no los saben utilizar. Y así estamos.

Como dice mi compañera, por todo esto es necesario pensar en nuevos métodos de enseñanza para que los alumnos puedan aprender, así que bienvenidos sean todos los congresos y toda la formación encaminados a ello. Pero me da miedo que acabemos convirtiéndonos en médicos y farmacéuticos, demasiados habituados a tratar en lugar de curar. Y para ello, no debemos descuidar dar respuesta a esa pregunta con la que titulo estas líneas: ¿Qué está pasando?


[1] Tal vez por esa razón yo mismo he obtenido tan buenos resultados académicos. Es bien sabido que en el país de los ciegos, el tuerto es el rey.
[2] Vamos, que Sócrates y su mayéutica no tendrían nada que hacer hoy en día. Y además, que las grandes preguntas no suelen tener una única respuesta correcta.

4. Arrancamos

Este fin de semana arranca la temporada 2015/2016 de la liga española de baloncesto o Liga ACB[1]. Como socio del Joventut de Badalona, se supone que tendría que mirar esta temporada con recelo, porque, a priori, la plantilla está un peldaño por debajo en cuanto a calidad, experiencia, defensa y capacidad reboteadora que la de la temporada anterior. Y es muy probable que así sea.

Repasemos, pues, las bajas del conjunto verdinegro para esta nueva temporada que justo ahora comienza: Álex Suárez, que demostrando muy poquito, ha puesto rumbo a Madrid y, en forma de cesión, a Bilbao; Sitapha Savané, que vuelve a la que fue su casa porque, según él, era imprescindible disputar la competición europea para la que nos clasificamos el año pasado[2] si queríamos que renovara con nosotros; Clevin Hannah, que fue una de las revelaciones del año pasado y que ha fichado también por Dominion Bilbao Basket (cada año parecemos más el filial de los vascos, que ya no sólo los clubes de fútbol se alimentan sistemáticamente de nuestros jugadores: Raül[3] López, Álex Mumbrú, Suárez, Hannah, Sito Alonso en el banquillo…); Tariq Kirksay, que ya ha dado lo mejor de sí mismo en una cancha de baloncesto y no ha sido renovado; y Álex Barrera, que pone rumbo a Manresa, de momento, porque no ha conseguido hacerse con un puesto en la plantilla después de varios años y oportunidades recibidas y no aprovechadas.

Todas estas bajas se suplen con Albert Sàbat, un base treintañero prácticamente debutante, artífice de cuatro ascensos a la ACB, pero que nunca ha gozado de continuidad en la máxima categoría del baloncesto español desde que debutara en aquel lejano Casademont Girona. Junto al veterano Mallet, formará una pareja de bases (con el hipotético refuerzo, quizá, de Agustí Sans, si es necesario por lesiones o bajo rendimiento) que, si bien puede ametrallar al rival desde el perímetro, presenta no pocas dudas en cuanto a rendimiento defensivo y capacidad de dirección; Ousmane Drame, un joven guineano recién salido de la exótica universidad americana de Quinnipac, Connecticut, cuya primera experiencia como profesional será la badalonesa, así que las dudas sobre su rendimiento parecen estar también justificadas (de hecho, una vez que ya lo tenemos aquí y vistos algunos de los minutos que ha disputado en pretemporada, parece bastante blandito[4]  y que no se entera demasiado de lo que va la película en el mundo de los mayores); Brandon Paul, un escolta sobre quien se supone que debe recaer el peso anotador del perímetro, pero cuya única experiencia, poco exitosa, se limita a unos pocos meses en la liga rusa antes de ser cortado, y que se ganaba la vida, hasta ahora, en la NBDL, la liga de desarrollo estadounidense; por último, y aunque ya formaban parte del club la temporada pasada, hay que contar como novedades a Alberto Abalde, nueva joya de la cantera y futuro fichaje (¿el año que viene?) de alguno de los equipos punteros/futboleros, que este año contará con ficha del primer equipo, y a Zoran Nikolic, que alternará minutos con el Prat y la Penya.



Plantilla del Fiatc Joventut de Badalona 2015/2016. Fuente: penya.com

Visto lo visto, parece justificado el recelo, y más si tenemos en cuenta que este año, sí o sí, habrá por lo menos un ascenso, el del Ourense[5]  (o dos o tres dependiendo de los que se lo ganen esta temporada en LEB), así que, si pinchamos, no disfrutaremos de la bula con que contaron, años atrás, Valladolid (en innumerables ocasiones), Manresa, San Sebastián, Fuenlabrada o Estudiantes, y no podremos eludir el descenso a la LEB, que sería un grave problema añadido a la delicada situación económica de un club que lleva unos años coqueteando con la desaparición.

Sin embargo, ser de la Penya es ser diferente al resto, es un estilo o filosofía de vida, en palabras del maestro Obradovic, y me resisto a creer que no lograremos el objetivo principal, y único, diría yo, que es la permanencia (como lo era la temporada anterior y como lo viene siendo desde que nos pillamos los dedos con el ladrillo). Pero para ello, como para todo en esta vida, hay que tener los pies en el suelo y saber quiénes somos, de dónde venimos y dónde estamos: lo de la temporada anterior hay que considerarlo un accidente, un regalo, algo excepcional y maravilloso que difícilmente se repetirá este año —a los desmemoriados les recuerdo que conseguimos el séptimo puesto final con 19 victorias, empatados con el poderoso Baskonia, y a sólo un triunfo de los quinto y cuarto clasificados, Valencia y Bilbao respectivamente; además, jugamos la Copa del Rey, competición en la que eliminamos al Gran Canaria, el anfitrión y favorito en la eliminatoria, y nos plantamos en semifinales; además, nos ganamos la clasificación para jugar competición europea al clasificarnos para disputar las eliminatorias por el título, aunque hemos tenido que renunciar, con buen criterio, por los motivos económicos ya mencionados con anterioridad; y por si esto fuera poco, ganamos en liga regular al Barça en su cancha, en Madrid nos robaron (igual que ante Valencia en Badalona) y batimos a Unicaja, CAI Zaragoza (dos veces), Bilbao y Baskonia, entre otros—, y cuanto antes seamos conscientes de ello, mejor nos irá la temporada.

En realidad, es muy probable que el nivel real del equipo el año pasado (y lo mismo vale para éste que comienza) fuese el mostrado en la segunda vuelta, en la que sólo ganamos seis partidos (frente a los trece de la primera; números de descenso otros años, sí), pero ¿qué importa? Nosotros somos un club de cantera[6]  (y hasta ésta peligra, pues se ha tenido que poner en marcha una campaña de micromecenazgo para poder seguir formando a los chavales que luego nutren al resto de clubs y a la exitosa selección española de baloncesto[7] -que digo yo, ¿y no le tendríamos que exigir el pago de una cuota anual a la ACB y la FEB? Al fin y al cabo, ellos son los que se benefician al final del “modelo Penya”, y si éste finalmente desaparece… mal asunto para el baloncesto español), no tenemos las arcas del fútbol a nuestra disposición, ni un gran banco detrás, ni siquiera ayudas institucionales, ni todo ello a la vez. Nosotros somos la Penya, y de nuestro modelo vivimos y, si tiene que ser así, de nuestro modelo moriremos. Es esto lo que nos hace caminar con la cabeza bien alta, en la victoria y en la derrota, y es esto lo que nos diferencia del resto y nos hace únicos, y es esto por lo que somos imitados y envidiados.

No debemos olvidar, y con esto me voy despidiendo, ese algo que tenemos y que no se compra con dinero que hace que cada año, pese a ser uno de los presupuestos más bajos de la categoría (porque el dinero destinado a la primera plantilla debe de ser de poco más de un millón de euros, una ridiculez; el resto se destina a pagar la deuda que nosotros sí pagamos), acabemos muy por encima de donde se supone que deberíamos estar. Y pongo un ejemplo comparativo: el divino UCAM Murcia lleva temporadas metiéndole billetes y nombres a su plantilla, y no hay manera de que se metan en la Copa ni en las eliminatorias por el título, y eso que siempre que les ganamos, pues habitualmente lo hacemos, hay que leer en ciertos foros que los de Badalona somos una banda. Si a ese algo especial le unimos que seguimos con el mismo entrenador y la base del año pasado, estoy casi seguro de que, pese a todos los miedos iniciales (los mismos miedos de cada año), a final de año estaremos satisfechos con nuestra temporada y muy por encima de donde nos sitúan ahora (y por un módico precio).

Este sábado, a las 20:45 h., primera batalla en el Pavelló Olímpic de Badalona. Yo no me la pienso perder.

Som-hi Penya!


[1] Me resisto a darle publicidad a ese patrocinador que da nombre a la liga y que va castigando sistemáticamente nuestros bolsillos con la connivencia del Gobierno español.
[2] Pero lo imprescindible, amigo Taph, al margen de hacerle a usted feliz, es que el club pueda seguir compitiendo el mayor número de años posibles en la liga ACB. Ya se dice con buen criterio que las personas pasan y las instituciones quedan, así que le deseo la mayor de las suertes posibles allá en su isla, excepto en los partidos que juegue contra mi Penya, claro está.
[3] Entiendo que ahora que no juega en Madrid, habrá vuelto a incorporar la diéresis a su nombre (lo sé, soy malo).
[4] Parece increíble que haya llegado con el título de Mejor Defensor de su Conferencia bajo el brazo, pero ya se sabe que en las Américas buen defensorsignifica “saltarín taponeador”, lo cual no necesariamente implica ser buen defensor. Diría que en el último Eurobasket, salvando las distancias, hemos disfrutado de algún caso parecido…
[5] Otra chapuza marca ACB y van…
[6] Hasta 6 jugadores formados en la cantera formarán parte del equipo este año: Nacho Llovet, Albert Ventura, Sergi Vidal, Albert Miralles, Alberto Abalde y el vinculado Zoran Nikolic; a los que se pueden añadir circunstancialmente Agustí Sans, José Ignacio Nogués y otra perla como el jovencísimo Xabier López-Aróstegui.
[7] Por cierto, el 25% de los jugadores que se colgaron el oro en Lille tienen ADN verdinegro: Rudy Fernández, Pau Ribas y Guillem Vives.

3. 1864, de Ole Bornedal

Hoy voy a hablar de1864, una verdadera joya de origen danés que no hay que perderse[1]. Pese a que fue estrenada en España en enero de 2014, no la he podido ver hasta ahora, pero se ha colado entre los primeros puestos de mi ranking particular de series de televisión.

Escrita y dirigida por Ole Bornedal, narra en ocho capítulos (para qué más, por Dios, ya está bien de estirar las tramas y los beneficios ad nauseam) el triángulo amoroso entre los hermanos Laust y Peter Jensen (Jakob Oftebro y Jens Sætter-Lassen) y su mejor amiga, Inge Juel (Marie Tourell Søderberg), en el contexto de la llamada Guerra de los Ducados que enfrentó a  Dinamarca y Prusia.

Vilhelm Jacob Rosenstand: Fra fosporterne 1864.



Pese a ciertas licencias históricas que se permite, como el papel de la Confederación Germánica en el conflicto, podríamos decir que se trata de una mini serie muy bien adaptada. Para ello, se basa en cientos de cartas reales de soldados daneses que participaron en la guerra y en la novela Slagtebænk Dybbøl, de Tom Buk-Swientys.

Sin embargo, según mi parecer, lo que eleva el nivel de esta producción a la categoría de joya (como a cualquier otra narración) no es lo que cuenta, sino cómo lo cuenta. Aprendimos de Robert Ernst Curtius que ya todo lo dijeron los clásicos grecolatinos, que ya se han tratado narrativamente (ya sea en literatura, como en los “modernos” cine o televisión) todos los temas posibles, así que, desde entonces, lo único novedoso es la forma. Y en este aspecto, 1864 lo borda: la trama se presenta por medio de un diálogo paralelo entre pasado y presente que parece no tener fin hasta que, al final, descubrimos, como no podía ser de otra manera, que todo está conectado.

En efecto, Claudia (Sarah-Soffie Boussnina), una adolescente que coquetea con las drogas y cuya familia se nos presenta destrozada por la muerte de su hermano en una de nuestras guerras modernas (¿Afganistán?) abandona la escuela y encuentra trabajo como asistenta del anciano barón Severin (Bent Mejding), un aristócrata enfermo que, como la propia Claudia, según le dice la empleada de la oficina de empleo que le facilita el trabajo, comparte con ella un mismo sino, pues ninguno de los dos tiene futuro. Él, por las dolencias y achaques propios de su edad, y como representante de un mundo que ya desaparece; ella, por el tipo de vida que lleva.

Allí, gracias al diario de la joven Inge y a las cartas que ella misma intercambió con los dos hermanos Jensen que conserva Severin, la joven y el barón se convierten en los narradores de la historia de aquellos tres jóvenes ya desaparecidos pero cuyos ecos aún resuenan con fuerza en el presente. La relación que los jóvenes mantienen con el aristócrata y la adolescente dejo que la descubráis vosotros cuando la veáis, he estudiado literatura y sé lo doloroso que es que te destripen novelas…

Podríamos decir que se trata de una serie bélica, aunque la guerra, omnipresente, no es la protagonista (pese a que las batallas están muy logradas y consiguen transmitir el horror que debe de ser participar en ellas). Tampoco es una serie política, aunque retrata a la perfección la locura de los nacionalismos y los delirios de grandeza de esas élites que juegan con los destinos de las masas anónimas por sus ansias de poder y gloria amparándose en eso tan absurdo que llamamos patria. Ni siquiera es únicamente un drama, pues reímos con los jóvenes Jensen, por ejemplo, a medida que crecen y van descubriendo su sexualidad[2]. Pero sí que es un poco de todo ello: un análisis de la naturaleza humana, de la deshumanización y la humanización de las personas, de sus miserias y sus grandezas, de sus alegrías y tristezas, que merece la pena vivir. Quién sabe, hasta podríamos aprender algo de ella.

Lo que sí está claro es que da cierta envidia ver cómo trata su propia historia Ole Bornedal. Aquí nos tienen acostumbrados a interpretarla desde una óptica maniquea según la cual los buenos son muy buenos, y los malos, muy malos. Y la vida es un continuo de grises.  


[1] Sólo tenéis que buscar en Internet las críticas y valoraciones que se hacen de ella para comprobar que, en efecto, se trata de una de las mejores series producidas últimamente.
[2] Hasta elementos fantásticos o de lo real maravilloso, si se me permite el atrevimiento, podemos encontrar en el personaje del “inmortal” Johan Larsen (Søren Malling).

2. La izquierda fragmentada

Hace unos días, una persona a la que le tengo aprecio[1], y con la que en los últimos años diría que he hablado casi de cualquier cosa sin tapujos, me dijo que parecía mentira que, con la que nos está cayendo, la izquierda se encuentre fragmentada: unos luchando por el a unas cosas, otros, por el a otras[2].

Reconozco que me quedé sin saber qué decir durante unos segundos, pero no porque el político sea un tema que me incomode, ni porque sea uno de esos inconscientes ignorantes que van de modernos porque pasan de la res publica, ni siquiera porque sea de aquellos otros, cada vez más numerosos, esa peculiaridad tienen la fe y las cosas del corazón, ya se sabe, que cuando no comulgan con su opinión, no esgrimen más argumento que el silencio —y no es porque tengan presentes las perlas y los puercos de Mateo, Erasmo o Shakira, allá cada cual con sus referentes culturales—. No, no van por ahí los tiros.

Simplemente tardé en responder porque su concepción de la política y sus extremos no coincidían con los míos, y eso, lo reconozco, siempre me ha desorientado. ¿La izquierda, fragmentada? Pues no, no lo creo. Claro que depende de qué entendamos por izquierda…; pero para mí no lo está. En absoluto.

Es más, para mí, y espero que para muchos otros como yo, en Cataluña[3] se presentan únicamente dos partidos de izquierda a las próximas elecciones, por mucho maquillaje preelectoral que se den algunos, uno más combativo, el otro menos. Uno con el factor independentista como una de sus reivindicaciones capitales, y otro sin él, pero sin renunciar a ello si es lo que decide finalmente la mayoría. Pero ambos están donde tienen que estar y luchan por lo que tienen que luchar: las reivindicaciones sociales y laborales de siempre, la igualdad y, en definitiva, la dignidad de las personas. De todas ellas, sin distinciones ni excepciones.

En efecto, hablo y hablaba de la CUP (Candidatura d’Unitat Popular dels Països Catalans) y de la coalición Catalunya Sí que es pot (formada por Podemos, ICV-Els Verds, EUiA y EQUO). Y dejé y dejo fuera de esa izquierda, expresamente, al PSC —y al PSOE, su matriz— y a Esquerra Republicana de Catalunya.
Pues bien, después de mi primera respuesta, ese potencial amigo añadió algo aún más perturbador, pues quería que le diese mi opinión pero sin hacer ningún juicio de valor, señal, mucho me temo, de que empezaba a no gustarle lo que le estaba diciendo… pero ¿cómo se puede valorar algo sin valorarlo? Primero tendré que valorar qué es la izquierda, y luego hacer una selección de los partidos políticos que encajen en esa valoración. Así que, con un poquito de mala leche, le dije expresamente que “socialistas” —sí, entrecomillados— y Esquerra son partidos de derecha.


Los primeros, porque sus políticas económicas —y no voy a hablar de las declaraciones recientes de algún histórico dirigente— han demostrado que podían ser tan o más liberales que los ultras que habitan el Partido Popular, Ciutadans y CiU (o CDC y Unió), y los segundos, porque han dado su apoyo al gobierno “tijeretero” de Artur Mas[4], con lo cual se han convertido en cooperadores necesarios y cómplices de los delitos cometidos contra el bienestar social en Cataluña. Porque esto es así, por mucho que se haya intentado culpabilizar únicamente al Gobierno de Rajoy, la Generalitat y la ideología del partido del President Mas tienen mucho de responsables. Otra cosa muy distinta es que no lo queramos ver o que hayamos decidido que, ya que nos roban, es preferible que lo haga alguien de aquí. Lo lamento, no soy nada maquiavélico, y no creo en eso de que el fin justifica los medios —aunque diría que el principesco italiano nunca escribió la tan famosa sentencia que se le viene atribuyendo años ha—, así que no salvo a Junqueras y su partido del infierno. Sería ir contra mis principios y convicciones, sería ir contra mi propio ser.

Y de principios y convicciones creo que iba y va todo esto. Pienso que mi potencial amigo se siente y es de izquierdas, e imagino que en convocatorias electorales pasadas habrá votado a alguno de los partidos a los que intencionadamente he desterrado de la esfera siniestra, de lo contrario no me hubiera replicado, casi ofendido, que durante muchos años gente que es muy de izquierdas ha votado socialista o a ERC. Sin embargo, pregunto: ¿la tendencia de los partidos políticos responde al significado de sus siglas y a la ideología de sus votantes? ¿O, por el contrario, responde a las políticas que llevan a cabo una vez en el poder o, en su defecto, a las políticas que con su apoyo ayudan a poner en marcha? Si como creo no ando errado y la respuesta correcta es el segundo interrogante, PSC/PSOE y ERC —y no digamos ya el Junts pel sí del señor Mas[5] y su continuismo sombrío y antisocial— quedan lógicamente fuera de las izquierdas. Facta, non verba.

Decía antes que de principios y convicciones iba y va todo esto, y creo que mucha de esa gente de izquierdas de la que hablaba mi potencial amigo —tal vez incluido él mismo, quién sabe— está profundamente perdida y decepcionada, porque, en efecto, nos han hecho perdernos, nos quieren seguir perdiendo, y nos han decepcionado[6]. Pero esto no acaba aquí, hay más opciones, dos para ser exactos.

Las banderas y los himnos, aunque nos han hecho creer que son necesarios e imprescindibles, alimentan poco y, además, siempre se indigestan[7].


[1] Como él mismo dice, aunque no somos amigos, lo podríamos haber sido, o lo podríamos ser en un futuro. Con toda sinceridad, me gusta la gente que no considera un amigo a todo el mundo (ya es un primer paso para que lo acabemos siendo), soy de los que piensa que la amistad es algo que se fragua con el tiempo, y para ello, además de las simpatías y los intereses compartidos, las experiencias vividas juntos son imprescindibles. Y de ellas carecemos para considerarnos como tales. Al menos de momento.
[2] En honor a la verdad, toda esta conversación se produjo en catalán, pero para evitar los prejuicios poco inteligentes que habitualmente campan por eso llamado España, he decidido traducirla y adaptarla al español.
[3] Pues la conversación y esta reflexión que ha generado deben entenderse en clave catalana. Otra cosa es que alguien las extrapole a sus propias regiones y/o países, pero no seré yo quien se meta en problemas de casa ajena.
[4] Hoy me resisto a hablar de la deleznable corrupción que afecta a PP, PSOE (me sorprendió el otro día Susana Díaz cuando dijo que a España le sobraba Rajoy, y a Cataluña, Mas… ¿y a Andalucía no le sobra Susana Díaz? Nos quejábamos de Valencia y su inmovilismo a pesar de tanto excremento, pero lo del PSOE y Andalucía empieza a ser como las gárgolas y la catedral de Notre-Dame), Convergència y ya veremos si también a ERC…
[5] Reconozco que uno de los mayores éxitos de Convergència ha sido enmascarar su verdadera identidad, pues hay quien todavía se sorprende cuando digo que ellos y el PP son Cástor y Pólux en cuanto a su concepción de la economía se refiere. Y todo análisis que sea desapasionado y racional sobre esa cuestión acabará llegando a la misma conclusión.
[6] A mí, por ejemplo, me decepcionó profundamente ICV-EUiA cuando después de haberlos votado, pactaron a la extremeña para conseguir la alcaldía de la localidad en la que resido, con idéntico resultado posterior que el obtenido en Extremadura por ese mismo partido después de unir sus fuerzas a las del “cojonero progresista” de Monago. Esto es, vuelta a una más que discreta oposición. Y, por supuesto, la pérdida de mi voto per sæcula sæculorum.

[7] Quien esto escribe nunca ha pasado hambre, pero es nieto, hijo y sobrino de quienes sí la pasaron, y ha escuchado y ha aprendido de esos testimonios de un tiempo que ya no existe, pero que amenaza con volver. En nuestra mano está. Alea jacta est.

1. Somos de oro

Como buen amante del baloncesto que soy, no podía empezar este blog sin dedicarle una entrada a la medalla de oro conseguida por la selección masculina en Lille el domingo pasado.


Creo que la prensa ya ha agotado todos los adjetivos habidos y por haber para destacar una gesta que pocos esperaban. No en vano, a diferencia de los últimos campeonatos disputados, a Alemania y Francia no acudíamos con el cartel de favoritos. Franceses y la renacida Serbia[1]parecían estar un peldaño por encima del resto de selecciones.


Sin embargo, el equipo español es mucho equipo, y no es casualidad que, desde 2003, con la única excepción del mundial de Orenga, haya estado siempre entre los cuatro primeros clasificados. Pero esta ocasión ha sido la más complicada debido al gran número de ausencias que presentaba la selección española: Juan Carlos Navarro, Marc Gasol, Serge Ibaka, Ricky Rubio y Álex Abrines tendrían que haber estado en la lista —a Calderón ya no lo incluyo, como tampoco lo hubiese incluido en listas pasadas—. Con ellos, tal vez, nos hubiésemos evitado tanto sufrimiento, pero también es cierto que entonces nos hubiésemos quedado sin la épica que ha acompañado a este nuevo éxito.



Somos de oro. Fuente: publico.es

                                    

Así que lo único que puedo hacer es agradecerles a todos y cada uno de los integrantes de la selección los buenos momentos que me han hecho pasar. Empiezo, como es lógico, con don Pau Gasol, un señor dentro y fuera de la cancha, que pese a ser el mejor jugador europeo de todos los tiempos (por números y por carisma, por éxitos y por liderazgo), nunca ha perdido la humildad con que se lanzó a la aventura americana hace muchos años ya. Dominador absoluto de las zonas, su maestría convertirá a  Gobert y Valančiūnas, centers de Francia y Lituania, en grandes pívots a poco que aprovechen algo de las clases magistrales que han recibido del mayor de la saga de los Gasol.


Pero el baloncesto, como saben los que lo siguen y lo han practicado alguna vez, y como ha venido diciendo la estrella de Sant Boi tras cada exhibición, es un deporte en el que sin la fuerza del conjunto, estás vendido. Por eso sería injusto focalizar los elogios únicamente en Pau.

Muchas gracias, pues, a Sergio Rodríguez, que pese a estar un poco perdido durante la primera fase, se convirtió en la pieza que le faltaba al equipo en ataque ante el mal campeonato, en líneas generales, de Sergi Llull en esa faceta del juego.

A Felipe Reyes, eterno luchador, capitán del equipo, cuya importante aportación nunca recogen las estadísticas que encumbran a otros.


Al ya mencionado Llull, pese a su nefasto campeonato en ataque, pues en los momentos de la verdad ha defendido a los exteriores de los rivales de manera formidable.

Al debutante, por fin, Nikola Mirotic, que ha alternado luces y sombras, pero ha sido uno más de la partida y ha desatascado en momentos importantes la ofensiva española.

A Pau Ribas, magnífico campeonato del canterano del Joventut de Badalona, tanto en ataque como en defensa, donde siempre se ha emparejado con el exterior más peligroso del rival.

A Víctor Claver, que hasta el momento diría que era el jugador con más medallas por minuto jugado. Empezó entrando en la rotación tras San Emeterio y gracias a la lesión en la espalda de Rudy, pero desde el cruce de cuartos contra Grecia se convirtió en imprescindible. Su defensa y capacidad reboteadora también han sido fundamentales para la consecución del oro en Lille.

A Rudy Fernández, por su lucha y compromiso con el equipo pese a esa maltrecha espalda con la que volvió de la NBA. Sinceramente, me he reconciliado con el balear el día del título, cuando ante las cámaras de Telecinco recordaba por lo que había tenido que pasar para llegar hasta ahí. No le recuerdo ese espíritu desde que se marchó de Badalona. Su defensa ante Grecia y Francia, sublimes, igual que en la final, donde también estaba destacando en ataque hasta el tremendo bloqueo de Jankunas.

A Fernando San Emeterio, que ha ido de más a menos, pues empezó siendo el suplente de Rudy para pasar a estar por detrás de Claver en la rotación. Pese a todo, no se le puede achacar nada al bueno de Fernando, pues siempre cumple tenga los minutos que tenga.

A Hernangómez, del que dicen que es el futuro de este equipo y así lo espero. La falta de minutos no debe ser un obstáculo para que aprenda y saque muchas cosas en positivo de la experiencia. Como mínimo, ha tenido al mejor de los maestros de compañero.

A Guillem Vives, que hace dos años estaba fogueándose en el Prat, filial del Joventut de Badalona, y cuya bendita explosión en el equipo verdinegro le ha llevado a Valencia primero, donde se ha ganado el puesto en un equipo donde compartía posición con Van Rossom y Nedovic, ahí es nada, y a la selección después. Si sigue mejorando su tiro exterior, será uno de los bases del futuro.

A Pablo Aguilar, que pese a tener el difícil rol de jugador número 12, no se le ha visto ni una mala cara. Es probable que entrase en la lista de componentes por culpa de la fascitis de Abrines, y es más que probable que tenga difícil volver, pero tiene un título europeo.

A Sergio Scariolo[2], que aunque no soy muy fan suyo y creo que se equivocó en el reparto de minutos y planteamiento de los partidos hasta cuartos de final, en semis le dio un baño a Collet. La defensa exterior y la zona planteadas fueron determinantes para frenar a los peligrosos jugadores de perímetro franceses.

A Jaume Ponsarnau y Txus Vidorreta, porque todo lo dicho anteriormente de Scariolo vale también para ellos.
A los fisioterapeutas y al resto del equipo técnico, por cuidar de los nuestros y paliar sus lesiones. Gracias a todos ellos.
Por último, y como es propio del género épico que haya héroes y villanos, no me puedo olvidar de los antagonistas de esta gran gesta: el público francés, Vincent Collet y la prensa gala.
Los primeros, vergonzosos, por los pitos a lo largo de todo el campeonato contra todo aquello que sonara a español (silbaron hasta en los espectáculos del descanso de los partidos cuando sacaban a aficionados españoles a la cancha) y por su espectáculo bochornoso cuando Pau Gasol fue nombrado MVP del campeonato con total justicia.
Collet, por cobarde y por quejarse en la rueda de prensa posterior a la primera semifinal de que los árbitros no le habían dejado defender a Gasol. Y yo que pensé que Collet era un señor, pero al parecer sólo lo es cuando su equipo gana. A lo mejor hubiese podido minimizar, que no anular, a Gasol si hubiese planteado una zona o una defensa de ayudas, pero era tanto el miedo que le tenía al resto del conjunto español que confío toda su suerte a Gobert. Y el gigante galo, por mucho que salte y taponee, está a medio hacer. Gracias, Vincent.
Qué decir de la prensa francesa, que ha querido empañar el éxito español con la sombra del dopaje… pero todo esto ya nos suena, estamos acostumbrados al mal perder de los señoritos franceses: Induráin, Nadal, la selección de fútbol… ¿recuerdan?

[1] Es una gran noticia para el deporte de la canasta que los serbios vuelvan a acercarse al nivel  que tenían cuando se encontraban unidos bajo la bandera de la extinta Yugoslavia. El camino empezó en Madrid el año pasado, y aunque en este europeo al final se han desinflado, tienen base más que suficiente para volver a convertirse en aspirantes a metal en las próximas competiciones internacionales en las que participen.
[2] A la espera seguimos de que la ACB, experta en reglas absurdas y que van en contra de los tiempos que corren, elimine aquélla que prohíbe que un entrenador ACB se pueda hacer cargo de la selección. En realidad, no necesitamos mirar al extranjero para tener un seleccionador de primera.

0. Por algo hay que empezar

No sé qué razón puede haber guiado tus pasos hasta aquí, amigo lector: tal vez me conozcas y te guíe la curiosidad de ver qué demonios estoy escribiendo, o tal vez sea el azar, o el aburrimiento, o el simple capricho de tu buscador.


Sea cual sea, no me importa, lo realmente importante es que estás aquí, y que me gustaría seguir contando contigo de ahora en adelante. Así que te doy la bienvenida a Alfredópolis, el blog personal de Alfredo Martín G.

Lamento no poder orientarte sobre lo que encontrarás en estas líneas; dicen que las cosas que no se planean son las que mejor salen, y con ese único propósito inicio hoy este camino. Eso sí, ya puedo advertirte de que nada de lo que aquí leas te cambiará la vida, no soy tan iluso, joven, ignorante ni engreído como para pensar en eso. La Red está superpoblada de blogs más interesantes que éste, seguro, y hay millones de mentes más brillantes que la mía e infinitas vidas más interesantes. Mi blog es uno más en este océano contaminado de opiniones, ideas, conocimientos y experiencias en que hemos convertido Internet. Pero es el único que es mío y sólo mío, y con eso, a mí, ya me vale. Todo lo demás depende de ti, en exclusiva.

Define el DRAE el sustantivo paréntesis como ‘oración o frase incidental, sin enlaces necesarios con los demás miembros del periodo, cuyo sentido interrumpe y no altera’, y así considero yo este blog en el continuum de mi existencia, un paréntesis. Vale.

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