56. El macizo de la raza

La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y de alma quieta,
ha de tener su mármol y su día,
su inefable mañana y su poeta.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero.
Será un joven lechuzo y tarambana,
un sayón con hechuras de bolero:
a la moda de Francia, realista;
un poco al uso de París, pagano,
y al estilo de España, especialista
en el vicio al alcance de la mano.
Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digna usar la cabeza,
aún tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras;
florecerán las barbas apostólicas,
y otras calvas en otras calaveras
brillarán, venerables y católicas.
El vano ayer dará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero,
la sombra de un lechuzo tarambana,
de un sayón con hechuras de bolero.
El vacuo ayer dará un mañana huero.
Como la náusea de un borracho ahíto
de vino malo, un rojo sol corona
de heces turbias las cumbres de granito;
hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona.
Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.
 
Antonio MACHADO: “El mañana efímero” (1913), en Campos de Castilla (1907-1917).
 
 
 
 
 
 
 
 
Corría el año 1913 cuando Antonio Machado, siempre muy preocupado por su España, acuñó una expresión, macizo de la raza, que, desde entonces y hasta nuestros días, más de 100 años después de que la incluyera en uno de los versos de “El mañana efímero”, tal es su grandeza, sirve para describir el carácter (entiéndase carácter como eufemismo benevolente de tara) de la sociedad española y para señalar los males que la aquejan.
 
Dedicado al periodista y político republicano Roberto Castrovido Sanz, el poema le sirve a Machado para señalar los defectos, numerosos y tangibles, y las virtudes, aún por llegar, de España. Así, la España machadiana es retratada ya desde los primeros versos como un país frívolo, fanfarrón y fullero (tahúr, zaragatera, de charanga y pandereta, de espíritu burlón); hipócritamente piadoso, obtuso, supersticioso y dado al secretismo y a la inmovilidad (cerrado y sacristía, de alma quieta, que ora y bosteza); que reparte su devoción entre los toros y las romerías (devota de Frascuelo y María); y que, por encima de todo, es reaccionario (vieja, triste, que ora y embiste cuando se digna usar la cabeza). Un país, he aquí el viso de esperanza que tiene Machado, que debe perecer (ha de tener su mármol y su día, su inefable mañana y su poeta) para renacer, después de un proceso de depuración generacional (El vano ayer engendrará un mañana vacío y ¡por ventura! pasajero,que tendrá luengo parto de varones amantes de sagradas tradiciones y de sagradas formas y maneras; y otras calvas en otras calaveras brillarán, venerables y católicas), con el propósito de esculpir su propio futuro (Mas otra España nace, la España del cincel y de la maza; Una España implacable y redentora, España que alborea con un hacha en la mano vengadora, España de la rabia y de la idea). Creo que no me equivoco si escribo que Machado erró sus predicciones…
 
Diluida entre tanta crítica amarga en el poema de Machado, la expresión el macizo de la raza no fue dotada de significado hasta el año 1962, cuando el poeta Dionisio Ridruejo la asocia, en Escrito en España, publicado en Buenos Aires (¿a alguien le sorprende que no se haya reeditado en España hasta el año 2008?), no ya a una ideología concreta, sino a la mentalidad inherente a las clases medias españolas (mientras que para Machado el macizo es producto de la indiferencia y del fanatismo propios del nacionalcatolicismo, para Ridruejo lo es de la España rural, de la pequeña burguesía y buena parte de los intelectuales: los tecnócratas relacionados con el Opus Dei que iban a impulsar España), para las que toda reforma o atisbo de cambio supone una amenaza a la esencia nacional y su condición perpetua. En palabras de Ridruejo, que pasó de ser miembro de Falange Española, responsable de la propaganda del bando franquista durante la Guerra Civil (para que nos entendamos, fue uno de los poetas del régimen junto a los Panero, Vivanco o Rosales) y combatiente voluntario de la División Azul a enfrentarse a Franco por su desviación del fascismo (por lo que llegó a ser encarcelado antes de exiliarse) y defender posturas más democráticas que coqueteaban, según el día, con el liberalismo y con la socialdemocracia, el macizo de la raza es aquella inmensidad apática y silenciosa que “respira apoliticismo, apego a los hábitos tradicionales, temor a la mudanza, confianza a las autoridades fuertes, y superstición del orden público y la estabilidad”. Sin embargo, es preciso añadir que ni Machado ni Ridruejo consideraban a la clase obrera como parte del macizo. Y es lógico y comprensible, por aquel entonces el obrerismo era combativo, y los textos de ambos, por este orden, coincidían con los primeros actos de la CNT y con la fundación de Comisiones Obreras. Dadas sus circunstancias, no es de recibo condenarlos por albergar esperanzas.
 
Sin embargo, mucho me temo que hoy en día, en pleno siglo XXI, la clase trabajadora no se libra de formar parte del macizo de la raza. Al fin y al cabo, la conciencia de clase de muchos obreros (cuando no reniegan de ello, pese a que sean precisamente eso: obreros) se reduce al deseo de vivir como viven los burgueses. Y los partidos que se han ido alternando en el poder, como buenos herederos de aquellos partidos restauradores liderados por Cánovas del Castillo y Sagasta que son (Rey, Cortes, Constitución y turno fueron sus pilares; ¿os suenan de algo? ¿No os parecen ecos del pasado que alcanzan el presente?), lo saben. Es más, diría que, para la continuidad del paraíso para unos pocos que es este país, el macizo de la raza es una cuestión de capital importancia a la hora de garantizar que nada cambie y aun así se genere la ilusión de que todos progresamos. Me explico un poco mejor.
 
En 1978, felizmente muerto el dictador que hace escasos días han vuelto a sacar de paseo con vergonzosos honores, se celebraron unas Cortes Constituyentes que, bajo la máscara de la democracia, y a pesar de algunos avances significativos (que ya se habían empezado a ver, aunque sin soporte legal, en los últimos años de la dictadura), en el fondo garantizaron que nada cambiase en lo esencial (tiene un serio problema quien no quiere ver que la Constitución se aprobó en medio de numerosas presiones y concesiones dado el régimen del que se venía): sustituía a un Franco por un Borbón (elección del dictador, no lo olvidemos, que ya en 1969 manifestó haberlo dejado todo “atado, y bien atado”); un año antes, en 1977, se aprobaba la Ley de Amnistía, que ha sido denunciada por Human Rights Watch, Amnistía Internacional y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos porque incumple la normativa internacional sobre derechos humanos (de hecho, la propia Constitución de 1978, si en realidad fuese tan importante como nos quieren hacer creer los partidos que se hacen llamar constitucionalistas, pese a menoscabar la Carta Magna que tanto aman cada vez que pueden, esto es, con unas políticas y unas leyes que vulneran y deterioran artículos, derechos y libertades, la derogaría por inconstitucional, según muchos juristas); no depuraba ni modernizaba el aparato judicial, simplemente le añadía la etiqueta de democrático; legitimaba la desigualdad tributaria entre territorios; establecía un sistema electoral que favorece a los dos grandes partidos, a su opacidad y a la instrumentalización de los aparatos del Estado en base a los intereses de esos mismos partidos… en definitiva, mera ilusión de cambio, que es lo único que el estático macizo ha estado siempre dispuesto a aceptar: la erosión del progreso real no amenazaba sus profundos cimientos.
 
De hecho, PP y PSOE, y sus sucedáneos modernos, Ciudadanos y VOX, y todas las voces autorizadas que orbitan a su alrededor, nos inoculan implacablemente la idea de que la Constitución es inamovible porque ya es cuasi perfecta. Así, se generaliza la idea de que no es necesario modificarla, entre otras cosas, porque es complicado que esos partidos, con sus supuestas diferencias ideológicas, puedan llegar al consenso necesario para emprender tamaña empresa. Al pueblo español, misoneísta donde los haya, le va como anillo al dedo esta idea. Tener que modificar algo significa que no somos perfectos, y eso sí que no estamos dispuestos a aceptarlo: ¡que se note que somos españoles, coño! ¿Veis por dónde van los tiros? La jugada maestra es presentarnos la Constitución española como un fin en sí misma, cuando en realidad es (debería ser) el principal instrumento normativo para conseguir que todos los españoles podamos convivir en base a los valores de libertad e igualdad. Por tanto, la Carta Magna debería adecuarse, para ser eficiente en su razón de ser y tantas veces como fuese necesario, a las circunstancias de cada momento histórico, y a la vista está su fracaso en este sentido. Pero claro, si desde Europa nos dicen que hay que supeditar el gasto público al pago de la deuda contraída por el Estado (entre otras cosas, debido a las corruptelas de PP y PSOE, a los rescates a bancos sin condiciones de retorno y a todas esas cosas tan necesarias para la sostenibilidad del estado de bienestar…), pues ahí están populares y socialistas, más patriotas que nadie y haciendo gala de su sentido de Estado, para reformar la Constitución en un santiamén. Y para que nos entendamos, la famosa reforma del artículo 135 significa llevar a la máxima expresión lo que los bancos nos decían en plena crisis a los ciudadanos de a pie: tú lo primero que tienes que hacer es pagar la letra del piso, luego, si eso, ya comerás. Aquí, lo que nos dicen es: primero tapa los agujeros que le han hecho tus políticos a las arcas públicas, y luego, si eso, ya te preocuparás de las pensiones, la educación pública, la sanidad, la dependencia, la igualdad… que esto se traduzca en que España siga a la cola de Europa en cuanto a gasto público social por habitante es peccata minuta. ¿No merecemos todos una cerrada ovación?
 
Desgraciadamente, no creo que esta situación sea reversible bajo ninguna circunstancia, o no, al menos, hasta que aquella juventud de la que hablaba Machado en 1913 por fin sea una realidad. Nuestros partidos, porque al final la política también es una liga de dos,se deben al poder, gobiernanúnica y exclusivamente por y para él (de ahí la mediocridad de nuestros políticos, la abundancia de los “a ver si me coloco”, tanto a nivel estatal como local; y de ahí, entre otras muchas cosas, las puertas giratorias), y el ciudadano de a pie sólo lesimporta cada vez que se convocan elecciones (del todo necesarias para seguir con esta farsa interesada). Y es entonces cuando movilizan al macizo de la raza española, siempre latente. Porque éste es el gran hallazgode esta plutocracia que nos han vendido como democracia: conseguir que el macizo de la raza se movilice y sirva a sus intereses, que siempre coinciden o emanan de los poderosos, los que sólo se preocupan de su cortijo (y de esta forma nos mantienen atados, y bien atados). Así, con la colaboración necesaria delos medios de comunicación y de los voceros del poder, poco importa que sean mantenidos por capital privado o público, se invoca a los terribles demonios que amenazan la pureza del macizo de la raza española: si antes fueron los vascos y ETA, o ETA y los vascos, tanto da; ahoralo son la supuestaizquierda radical y sus amosvenezolanos e iraníes (todo esfalso, como así se ha demostrado, pero la desinformación ya ha cumplido su cometido) o los independentistas/secesionistas/fascistas (sin comentarios) catalanes… al macizo no le han importado, no le importan ni nunca le importarán el terrorismo de Estado (los GAL, para ser exactos), ni la corrupción (los ERE, la Gürtel, Castor, los papeles de Panamá… echadle un vistazo a los casos de corrupción, abiertos y cerrados, en este enlace; por curiosidad, ¿me podrían decir los que justifican su invariable voto con“el todos son iguales” cuántos se refieren a Podemos? No hay más preguntas, señoría), ni la injusta justicia, ni los recortes sociales, y el poder y sus partidos lo saben de sobras y cuentan con ello. Así pues, el verdadero cáncer de este país, el bipartidismo turnista y complaciente con lospoderes fácticos, que independientemente de cuál de los dos partidos gobierne, PP o PSOE, seguirán dirigiendo la funciónentre bambalinas, sale airoso. Y es gracias a ese macizo de la raza que les vota pase lo que pase y hagan lo que hagan, como si de la fidelidad a los colores de un clubde fútbol o a un jefe sectario se tratara.
 
GOVE&TECÉ
 
En las pocas ocasiones en que la estrategia anterior falla, y el macizo parece despertar de su letargo patriótico y reaccionario para interesarse de verdad por la política, y con esto acabo, aunque tengo la sensación de que podría seguir ad nauseam, es cuando PP y, sobre todo, PSOE echan mano de la falacia de la ideología. Es entonces cuando su antagonismo simulado acapara titulares, y el comunismo podemita (sin comentarios), Lenin, Stalin, Chávez/Maduro, el régimen iraní o el despilfarro social son enfrentados al miedo a la derecha, a Franco, a los recortes sociales, a las libertades, etc.; y se apela a los famosísimos votos útiles. El resultado, al final, siempre es el mismo: poder para unos u otros, tanto monta, o para los dos, que parece que es hacia donde nos encaminamos en estas nuevas elecciones, innecesarias si el PSOE fuese de verdad un partido de izquierdas. ¿Qué ha cambiado? Pues que con lo que sucede y seguirá sucediendo en Catalunya ya no tienen que simular que son de izquierdas, al menos hasta la próxima ocasión. ¿Para qué molestarse? El macizo no va a reparar en que el Pedro Sánchez despechado que escupía a los poderes fácticos en aquel Salvados del 30 de octubre de 2016 no ha movido un dedo para aprobar unos presupuestos generales más sociales, no ha derogado la Ley mordaza, la Reforma laboral, ni ha hecho nada de lo que se supone que debería hacer un partido de izquierdas. Entre ello, lo más importante: llegar a un acuerdo con Podemos para tener un gobierno estable de izquierdas. Supongo que su plan, ayudado por la exhumación de Franco y por la sentencia del Procés, es ganar tantos escaños como los pierda Podemos, de modo que la única posibilidad de formación de gobierno pase por aliarse con Partido Popular y/o Ciudadanos, de modo que tanto sus bases como ese electorado suyo que se considera de izquierdas (ya me diréis en base a qué, porque no será por las políticas que lleva a cabo el PSOE) no pueda sentirse traicionado: les dirán que no quedaba alternativa, y a otra cosa, mariposa. Y podemos estar tranquilos, son gente de Estado, patriotas, y si tienen que dejar de lado sus profundas diferencias ideológicas, lo harán. No me cabe la menor duda de que lo harán. Ya lo han hecho antes. Lo llevan haciendo toda la plutocracia.
 
 
 
 
 
 
 
 

Autor: Alfredópolis

Padre, por encima de todo. Filólogo de formación (Premio Extraordinario de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Barcelona) y editor de profesión. He publicado artículos, reseñas, críticas y relatos en diversas revistas literarias (todos ellos disponibles en este blog).

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