53. Seguir soñando

Campeones del mundo. Campeones del mundo. Campeones del mundo… me repito, lo sé, pero lo hago para asimilar una gesta que nadie, y lo siento por los yoyadije del mundo, se esperaba. Y eso que mi pronóstico, errado, y no sabéis cuánto me alegro de que haya sido así, no era de los más funestos. En el mejor de los casos, creía que España llegaría a semifinales, y que dependiendo de quién fuese el rival (me valían Grecia, Francia o Lituania; a Argentina no la veía más allá de cuartos, la verdad), podíamos volver de China con un bronce que a mí ya me hubiese sabido a oro.
 
rtve.es

Porque no nos engañemos, esta selección es, con diferencia, la que menos talento puro atesora desde que se iniciara el idilio casi permanente de España con las medallas en Suecia, en 2003, cuando los juniors de oro, ya asentados en la selección senior, fueron sometidos por el indomable Jasikevicius y una más experimentada Lituania en aquella primera final que abría un ciclo dorado que parece no querer concluir nunca. ¿Cómo, si no, iba a formar parte de la lista de 12 alguien como Xavi Rabaseda? Pues eso…

No sufráis, amantes del baloncesto, en seguida ahuyento al fantasma del alero de los intangibles (¿qué intangibles? Lo de los intangibles es aplicable a gente como Carlos Jiménez en el pasado, o a Claver o a Rudy en el presente… ¿de verdad quieren hacernos creer que hablamos de los mismos aspectos del juego cuando se trata de Rabaseda? Seamos serios, por favor) y vuelvo a mi pronóstico. Como decía, pensaba que podíamos llegar a colgarnos el bronce en base a que íbamos por el lado bueno del cuadro, es decir, que evitábamos a Estados Unidos (de quien pensaba que no ganaría el oro, pero que a nosotros nos vencería en un duelo directo en caso de darse; si hubiese visto el partido de la primera fase contra Turquía, tal vez hubiese anticipado el desastre monumental que ha sido su torneo, pero todo lo que escribo ahora es previo al inicio del campeonato), a Australia, a Lituania, a Francia y a Grecia (y a Serbia, con la que perderíamos en la segunda fase, según mis desacertadas dotes adivinatorias, y ya no la volveríamos a ver en lo que restase de torneo o, si lo hacíamos, sería con una medalla en juego) hasta semifinales o una hipotética final. Pero claro, tal y como escribí en Facebook en una versión reducida de todo esto, para ello, la cosa pasaba por ganar a Puerto Rico, que Serbia ganase a Italia, y que nosotros venciéramos en nuestro duelo directo contra los transalpinos ya en la segunda fase de la competición, algo que a mí no me parecía nada sencillo, tanto por su talento anotador desde el exterior como por nuestra ausencia de killers desde la línea de tres puntos (tan importantes en el baloncesto moderno). Eso sí, contaba con que Marc Gasol, máxime teniendo en cuenta la ausencia de Melli, los destrozara en la zona y que acabase decantando la balanza del lado español (qué queréis que os diga, aún espero ese gran torneo en plan dominador del mediano de los Gasol).
 
Y hasta el día D, el partido contra los Bellinelli, Gallinari y compañía, con más pena que gloria, y dejando unas pésimas sensaciones de cara al futuro, la cosa fue tal y como estaba planeada, tanto en el camino de España como en el del resto de selecciones llamadas a luchar por el título, salvo el desastre chino en el grupo de la risa, el susto/baño que se llevaron los yanquis contra Turquía, la debacle de los otomanos frente a la República Checa, la eliminación de Alemania y, sobre todo, la derrota de Grecia frente a Brasil, que complicaba el futuro, y de qué manera, de los helenos (yo nunca los vi tan arriba como ellos mismos y buena parte de la prensa especializada creían: hay mucha gente que vive deslumbrada por las siglas NBA y MVP, y no se enteran de que el baloncesto FIBA es otra cosa). Así que “sólo había que ganar a Italia”, una selección que en los últimos torneos, con todo nuestro arsenal, o bien nos había vencido o bien nos lo había hecho pasar muy mal. De ahí que no las tuviera todas conmigo ante esta cita.
 
El resultado, por fortuna, es de sobras conocido: partido malo, malísimo, en el que nos imponemos 67-60 y conseguimos la clasificación matemática para cuartos de final. Los héroes: Víctor Claver (siempre en mi equipo) y Juancho Hernangómez, por mucho que los nbanoides empiezan a destacar el papel de Marc Gasol (2 puntos y 4 rebotes en 27 minutos de juego), quien, según ellos, es capaz de dominar el juego desde la defensa… Really? Os reto a todos volver a ver el partido (sí, ya sé que es un castigo) y a decirme en qué momento Marc domina. Eso sí, contad las veces que no puede llegar a la ayuda del exterior (¿recordáis que el punto fuerte de los italianos era la anotación de sus exteriores?) porque se queda atascado en los bloqueos indirectos que le hace Biligha… Pero nada, seguimos repitiendo una y otra vez lo gran defensor que es Marc y cómo domina los partidos sin hacer una gran estadística y pese a jugar andando…
 
A partir de esta victoria, eso sí, nos lo empezamos a creer, el de Italia ha sido el partido del miedo, a partir de ahora viene lo bueno y el equipo despegará como lo ha hecho en tantas ocasiones en las dos etapas diferentes de Scariolo al frente de la selección (vamos a dejar la pesadilla de Juan Antonio Orenga para otro día): en el Eurobasket de Polonia, en 2009, las derrotas ante Serbia y Turquía nos colocaron al borde de la eliminación; tras una reunión de los capitanes, Navarro y Garbajosa, con el presidente de la FEB después de la rajada pública de Marc Gasol contra Scariolo por haberle dado la última posesión a un joven Sergi Llull frente a los turcos, las cosas se reconducen y el club de la pocha asume el mando hasta colgarse el oro (victorias frente a Lituania y Polonia, y ya en los cruces sacamos de la pista a nuestros rivales: +20 contra Francia en cuartos; +18 contra Grecia en semifinales; +22 contra Serbia en la final); en los Juegos Olímpicos de 2012, en Londres, llegamos a cuartos de final tras haber perdido los dos partidos previos con Rusia y Brasil, y estar al borde de la eliminación frente a la todopoderosa Gran Bretaña, pero nos deshacemos de Francia y Rusia para acabar siendo plata olímpica tras caer con los Estados Unidos en la final; en el Eurobasket de 2015, España pierde en la fase de grupos con Serbia e Italia, y está a un tiro libre (¡gracias Schröder!) de caer eliminada frente a Alemania (a partir de ahí, victorias frente a Polonia; Grecia, en el que creo que es el partido que lleva a Claver a ser el Claver que es hoy; Francia, en laque Pau Gasol lleva a cabo la mayor exhibición que he visto nunca en el baloncesto FIBA; y frente a Lituania en la final). El miedo, mi miedo al menos, que se une a las ganas locas de jugar contra Serbia para ver dónde estamos realmente, es que en esta ocasión hay mucho menos margen de mejora. En las ocasiones que acabo de rememorar, nos sobraba el talento, y el talento puede llevarte a solucionar los problemas en los que te hayas metido durante el torneo. Sin embargo, en este campeonato, pese a no darse las urgencias que se dieron en los casos anteriores, no íbamos sobrados de talento. Así que sólo teníamos una opción: bajar el culo, apretar los dientes y vaciarnos en defensa (algo que ya se había dicho antes de debutar frente a Túnez, pero que hasta la fecha no habíamos visto en ningún partido).
 
Y vaya si se defendió. Ante Serbia dimos todo un recital, sólo Bogdanovic estuvo en sus números, pero en ningún momento se le vio con la superioridad insultante que había demostrado hasta entonces. Mención especial, a mi entender, la defensa del perímetro, la de Ricky, Rudy y Ribas, la triple R que tanto nos hizo disfrutar en Badalona, la actuación, un partido más, de Víctor Claver, imperial, y la anotación de Rubio. Se había vencido al ogro serbio, y esperaba en cuartos de final la “sorprendente” Polonia (tampoco hay que catalogar de gesta haber vencido a China, Venezuela, Costa de Marfil y una Rusia bastante mediocre, así que no me parece que sea la revelación del torneo), un cruce que ni en sueños hubiésemos imaginado antes de empezar el campeonato, más propio de un partido de primera fase o de unos octavos de final de un Europeo que de los cuartos de final de un mundial.
 
Pasado el trámite polaco, más en la línea de los tres partidos de la primera fase que del que nos enfrentó a Serbia dos días antes, nos esperaba en semifinales Australia, quizá el equipo que mejor baloncesto había jugado hasta el momento, aunque bastante limitado de fondo de armario (casi tanto como nosotros, no está de más decirlo, porque los minutos de Colom, Rabaseda y Beirán han sido testimoniales). En el camino se habían quedado los estadounidenses, eliminados por Francia, y los serbios, para mí una de las grandes decepciones, que habían caído frente a la sorprendente Argentina, ésta sí la revelación del torneo. Y así llegamos al partido del mundial. Si ganábamos a los australianos, fuese quien fuese el rival en la final, tenía claro que volveríamos a ser campeones del mundo. Y como todo buen campeón (¿os acordáis del triple liberado de Nocioni trece años atrás?), tuvimos la suerte de nuestro lado: tiro libre fallado por Mills (cómo lamento que este pequeño gran jugador se haya quedado de nuevo a las puertas de llevarse una medalla) al final del tiempo reglamentario y posesión desaprovechada por los australianos al final de la primera prórroga para conseguir el pase a la final. Pero antes de todo esto una remontada de 12 puntos por parte de la selección española que quedará para la historia, fundamentada en la grandísima defensa de Rudy a Ingles y de Llull a Mills, y en la anotación de Ricky, aunque tan nefasto en los tiros de 3 como genial en la dirección (¡12 asistencias!), y de Marc Gasol (¡por fin!). Y abro un pequeño paréntesis: yo no soy un hater de Marc Gasol (creo que es un muy buen jugador, quizá una estrella, pero no un jugador franquicia), aunque así me han llamado, pero no se puede tener ese cuerpo y no machacar a los rivales dentro de la zona, ni se puede acabar un partido en el que juegas 38 minutos habiendo cogido sólo 6 rebotes (¡cuando los australianos nos capturan 20 rebotes ofensivos!). Sé que Marc acaparó portadas y titulares por sus 33 puntos anotados, y es cierto que fueron muy importantes, pero no olvido que lanzó 9 triples, de los que falló 6 (sólo uno menos que Ricky, de quien acabo de decir que estuvo nefasto en esa faceta del juego), y que no cerró el rebote defensivo ni salió a muchas ayudas o segundas ayudas que nos pudieron costar el partido. Pero sí, creo que Marc se ganó las portadas y los titulares, porque fue decisivo, pero no por los 33 puntos anotados, sino porque gracias a su seguridad en los tiros libres España consiguió llevar un partido que tenía perdido (y mal jugado, bastante mal jugado) hasta la segunda prórroga. Y una vez llegados al segundo tiempo extra, vimos y vivimos los mejores minutos de baloncesto ofensivo de la selección española en todo el campeonato. Ahí ganamos el oro, más allá de lo que hicimos posteriormente frente a Argentina, dignísima y sorprendente subcampeona (de manual la defensa de Oriola a Scola, y las ayudas de Marc, y la defensa coral que limitó el impacto en el juego que suele tener Campazzo) después de dejar en la cuneta a Francia , que una vez que eliminó a Estados Unidos creyó que ya tenía el título en sus manos. Y no es la primera ocasiónque les pasa a los imponentes nombres que suelen componer las plantillas que, campeonato sí y campeonato también, presenta Francia (cualquiera diría que tienen el mismo palmarés que nosotros, cuando sólo han ganado un europeo y, aunque no han bajado del podio en la competición continental durante los últimos años, hasta este año no se han colgado una medalla mundialista u olímpica). Quién sabe, el día que cambien a Collet por otro seleccionador tal vez nos lo empezaremos a creer. Hasta entonces, dejemos que se estrellen una y otra vez con su soberbia, y disfrutemos de ello.
 
Por último, no puedo acabar esta crónica sin un par de apuntes. El primero, que me alegro sobremanera del MVP, merecidísimo, otorgado a Ricky Rubio. A nivel personal no lo ha pasado bien últimamente, y a nivel deportivo tampoco es que el suyo haya sido un camino de rosas, pero quienes lo hemos visto crecer sabíamos que acabaría llegando este momento: aquel niño de catorce años a quien le cantábamos “¡Ricky, Ricky, Ricky, abusón, abusón, ón, ón!” en Badalona cada vez que convertía el simple hecho de llevar el balón hasta el campo de ataque en una misión suicida para el rival cuando él estaba enfrente o cuando le sacaba una sonrisa al maestro Aíto con sus diabluras prometía lo que ya nos está dando. Se lo merece, igual que se lo merecen los muchos entendidos que lo critican (¿sabéis que le llaman Bricky Rubio? Por el juego de palabras resultante de unir su nombre, Ricky, con brick, ‘ladrillo’. En fin…). Prometió que éste sería su campeonato, y ha cumplido con su promesa.
 
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El segundo, que esta selección es tan grande que ha conseguido que hasta Scariolo me empiece a caer bien y me parezca buen entrenador. Si había dudas sobre su labor al frente del grupo (hasta ahora había tenido talento a raudales a su disposición, y disponemos de suficiente información como para saber cómo ha funcionado la selección española durante este ciclo dorado; y lo mismo digo de su trabajo a nivel de club, cuando tuvo talento, llegaron los títulos, pero en su última etapa como entrenador había dejado ciertas dudas, incluso contando con talento y muchos dólares para confeccionar sus plantillas), creo que han quedado disipadas. Su talante y su talento han quedado más que nunca al descubierto. Este año, en mi opinión, se la ha jugado más que nunca con la lista de seleccionados (aunque las ausencias de Sergio, Pau y Mirotic/Ibaka no dejaban muchas alternativas), y también ha gozado de la suerte del campeón porque la jugada le ha salido bien: optó por llevarse sólo a 2 pívots puros, Marc y Willy, y dejar fuera a Diop (¿os imagináis que Marc se hubiese lesionado, o se hubiese cargado de faltas en el primer cuarto de un partido transcendental? Pues eso, un riesgo). Supongo que como premio a la buena labor en las ventanas, y el miedo a una lesión de Llull, seleccionó a Colom, y debido a la fragilidad física de Rudy, a Rabaseda/Beirán. Desde luego, mi lista hubiese sido otra, más conservadora en unas posiciones y más arriesgada en otras, pero por fortuna hoy ya esto no es tema de conversación. Enhorabuena a Sergio, pues, este también ha sido su campeonato.

Las cosas como son, queridos amigos, el continente asiático se nos da bien (Seúl ya queda muy lejos): campeones del mundo en Saitama en 2006 y en Pekín en 2019. Os recuerdo que el año que viene tenemos una cita en los Juegos Olímpicos de Tokyo. ¿Por qué no soñar? ¿Por qué no seguir soñando? Esta selección se lo ha ganado.

Autor: Alfredópolis

Padre, por encima de todo. Filólogo de formación (Premio Extraordinario de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Barcelona) y editor de profesión. He publicado artículos, reseñas, críticas y relatos en diversas revistas literarias (todos ellos disponibles en este blog).

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