27. Y al final vino el lobo

A todos nos han contado, cuando éramos niños, la fábula atribuida a Esopo El pastor mentiroso y el lobo (bueno, en mi caso se trataba de una variante materna titulada Pedrito y el lobo). Como recordaréis, el pastor, que para mí siempre se llamó y se llamará Pedrito, tenía un sentido del humor un tanto especial, pues se dedicaba a alarmar al resto de pastores y habitantes de su pueblo al grito de “¡Que viene el lobo! ¡Que viene el lobo!”. Cuando éstos acudían en auxilio de Pedrito, lo encontraban alegremente tumbado a la sombra y riéndose de los que allí habían acudido en respuesta a su llamada de alerta. ¡Inocentes, habían picado! Y esto lo repetía el imprudente Pedrito un día sí y el otro también, sin ser consciente de aquel refrán que dice que “en boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso”.

Así las cosas, llegó el día en que el lobo, cansado de la dieta vegetariana que llevaba, y en previsión del invierno cada vez más próximo (se conoce que era más fan de HBO que de Netflix, así que sabía que winter is coming), quiso darse un caprichito, y qué mejor manera de hacerlo que zamparse aquellas ovejitas que cada día Pedrito llevaba al prado a pastar. Al ver que el lobo se acercaba, Pedrito dio la voz de alarma, pero esta vez nadie acudió en su ayuda: cansados como estaban sus conocidos y amigos de las bromas del pastor, supusieron que una vez más quería tomarles el pelo. Y el lobo, que le cogió enseguida el gusto a eso de la carne, una vez que acabó con la última de las ovejas, dio buena cuenta de Pedrito.
Precisamente esto es lo que nos ha ocurrido a los seguidores del Joventut de Badalona esta temporada que para nosotros ya ha bajado el telón, y no será que no estábamos avisados: desde hace ya muchos años, atravesamos una crítica situación económica que nos ha llevado a entrar en concurso de acreedores (esto es, a no tener solvencia económica), a ser embargados y, muy recientemente, a plantearse la liquidación de la SAD (no voy a entrar en las razones que nos han llevado hasta este extremo, pues serían largas y muy polémicas, y habría que recurrir, para completar la información oficial, a conversaciones privadas mantenidas en bares de Badalona con padres de exjugadores muy famosos…).
Como es lógico, la mala situación económica ha ido afectando a la parte puramente deportiva (nihil sub solem novum, desde hace años el objetivo es conseguir la permanencia, y a partir de ahí, escalar en la clasificación tanto como sea posible; si hubiésemos descendido de categoría hubiese significado la desaparición del club por no poder hacer frente a la deuda), sobre todo en el hecho de no poder renovar a jugadores importantes de un año para el otro, o tener que malvender a los jóvenes que llevamos toda la vida formando para ir enjugando la enorme deuda contraída a lo largo de estos años (con Hacienda, con el ayuntamiento, con las entidades bancarias), además de tener que esperar a que el resto de equipos acaben de confeccionar sus plantillas para poder fichar lo que sobra en el mercado estival (con lo cual, generalmente se ficha tarde y mal, y la pretemporada se tiene que hacer en menos tiempo del aconsejable) o tener que renunciar el año pasado a jugar la competición europea ganada con justicia en el parqué la temporada anterior.

Sin embargo, y pese a todo lo expuesto, el sufrimiento de los socios y aficionados verdinegros hasta este año se había concentrado en los meses de julio y agosto, cuando no sabíamos a ciencia cierta si podríamos salir a competir, por motivos económicos, la temporada siguiente (para quien no lo sepa, para competir en ACB hay que pagar un canon salvaje e injusto para un club únicamente de baloncesto; por eso desde hace años ningún equipo desciende ni asciende por razones puramente baloncestísticas, aunque parece que esto va a cambiar en breve, si es que los clubes de Euroleague, los del fútbol más Baskonia y Málaga, dejan de chantajear y de imponer su voluntad y sus intereses al resto). Durante la temporada, la verdad sea dicha, aunque hemos tenido momentos mejores y momentos peores, no hemos sufrido por la salvación deportiva. Hasta este año, claro está, cuando por fin le hemos visto las orejas al lobo.

Y es que la temporada 2016-2017 ha sido la más complicada que recuerdo ya desde el mismo inicio. A las dificultades para fichar jugadores que ya comentaba antes, se unía este año la de fichar entrenador: en principio, el club apostaba por entrenadores con pasado en el club y que conociesen la filosofía de la casa, aunque tuviesen poca o nula experiencia (y que saliesen baratitos, añado yo): Paco Redondo, miembro del cuerpo técnico de Pablo Laso en el Real Madrid, Carles Durán, ayudante de Pedro Martínez en Valencia y actualmente entrenador del Bilbao Basket, y Zan Tabak, que más tarde fichó por el Betis, club que lo acabó despidiendo como medida desesperada para intentar salir del pozo que finalmente los ha acabado engullendo, fueron tanteados por la directiva verdinegra y en los tres casos la respuesta fue la misma: un no rotundo.

Finalmente, el elegido fue Diego Ocampo y, la verdad sea dicha, el técnico gallego ha suscitado muchas dudas, a mí el primero, desde que se supo que sería el entrenador que dirigiría a la Penya durante las próximas dos temporadas. Y eso pese a que su perfil parecía encajar perfectamente con el spirit of Badalona y con lo que buscaba el club (ha trabajado verano tras verano dirigiendo a diferentes selecciones de las categorías inferiores de la FEB), pero todos recordábamos que fue cortado en Murcia pese a haber logrado el mejor récord del club pimentonero antes de la época Katsikaris y el 3-13 que cosechó en Estudiantes antes de ser despedido en su última experiencia como entrenador ACB. Así que, dudas, todas las del mundo. Y más cuando se fueron sabiendo los nombres de algunos de los nuevos fichajes, Lapornik, Vasiliauskas y Stutz sobre todo; a Gielo todos lo vimos como una apuesta más que interesante y el retorno de Bogdanovic a Badalona, pese a sus pocas cualidades defensivas y reboteadoras, se antojaba imprescindible para cubrir esa figura del 4 abierto cada vez más importante en baloncesto y para dotar a la plantilla de una amenaza exterior.

Penya.com

Y los peores presagios no tardaron en confirmarse: el arranque de la temporada 2016-2017 estuvo más lleno de sombras que de luces (0 victorias y 5 derrotas), y todos los focos se dirigieron a Ocampo y a varios jugadores de la plantilla. Incluso hubo quien empezó a acordarse de Maldonado[1] y las críticas al nuevo entrenador de la Penya empezaron a subir de tono (lo cierto es que el aficionado verdinegro pasa por ser un entendido del baloncesto, pero durante este año he tenido la sensación de que las gradas y los foros albergaban a más futbolero del aconsejable para la salud; ¡que ya no somos el Joventut de Lolo que arrasaba en España ni la Penya de Obradovic que conquistaba Europa ni aquel equipo de Aíto que maravillaba a todo el continente con el baloncesto que jugaban sus jóvenes perlas!). Las jornadas avanzaban y las derrotas, pese a victorias de prestigio como las obtenidas ante Valencia y Unicaja de Málaga y competir en casi todos los partidos, se acumulaban. Con el fin de enderezar el rumbo, se acordó la baja de Vasiliauskas (un base de LEB y poco más, y creo que estoy siendo generoso con él, por mucho que disputase el Mundial de España en 2014 con Lituania) y se fichó a Terry Smith (otro desconocido baratito) para sustituirlo y al jamaicano Jerome Jordan para reforzar la posición de pívot (“por suerte” Miralles se lesionó y no dejamos que Stutz pasase a reforzar a uno de nuestros rivales, el Manresa). Pese a todo, al final de la primera vuelta seguíamos coqueteando con el descenso (4-12).

Sin embargo, pese a que la plebe quería sangre y señalaba a Ocampo partido tras partido (supongo que son los mismos que en su día pitaban a Sito Alonso…), la directiva decidió aguantar al técnico gallego en su puesto (a decir verdad, no sé si confiaban en él realmente o es que la situación económica no permitía despedirlo, indemnizarlo y fichar a un sustituto que sacase al equipo de las últimas posiciones de la clasificación). Y el tiempo le ha dado la razón: hemos completado una segunda mitad de la temporada fantástica (7-9), haciendo un muy buen baloncesto en momentos puntuales[2], destacando para mí la defensa de ayudas y la preparación previa de los partidos (yo creo que con Maldonado esta temporada hubiésemos bajado, sinceramente lo digo), y aunque es cierto que Ocampo ha cometido errores (como responsabilizar a algún jugador después de alguna derrota, no acertar con algunas rotaciones y preparar jugadas decisivas que no han salido y nos han costado victorias), la verdad es que ha cumplido con todos los objetivos que estoy seguro que le marcaron cuando lo ficharon: salvar la categoría, trabajar con los jóvenes (Valencia estará muy contento con el Abalde que se llevan, Gielo ha progresado mucho desde que aterrizó en Badalona, Ventura se ha convertido en un coloso, en el alma del equipo, Dimitrijevic ha dado un salto enorme desde liga EBA al primer equipo y Xabi López-Arostegui ha debutado en ACB; el pobre Nogués, por desgracia, sólo ha tenido mala suerte) y sentar las bases para un futuro cercano más esperanzador, ya una vez muy bien encauzados los problemas económicos (esto daría para otro post) y una vez concretado el relevo, más que necesario, en la presidencia del club y la SAD.

Esto no significa que los próximos años vayan a ser un camino de rosas, va a ser necesario picar mucha piedra para volver allí donde estábamos, pero que cuenten con nosotros, que además les llevamos un gran refuerzo: la pequeña Júlia ya tiene su uniforme verdinegro (de lo más cuqui, por cierto) y tan pronto como sea posible será un alma más en el Pavelló Olímpic de Badalona. Força Penya!, y feliz verano (que bien lo merecemos).


[1] El ilustre Jordi Robirosa y Dejean, que ya sabemos que cuando no habla de su Barça, critica a su rival futbolístico o nos recuerda alguno de sus viajes al mítico Boston Garden, ¡llegó a decir que Maldonado era el mejor fichaje del Estudiantes! Perdone usted y su sabiduría baloncestística, querido Jordi, pero que me diga usted que, entre todos los fichajes del equipo del Ramiro (Edwin Jackson, Omar Cook, Goran Suton, Sitapha Savané, Ali Traoré, Dylan Page…; y más tarde Ondrej Balvin o Alec Brown), el mejor es el de Maldonado clama al cielo… por muy catalán que sea y por muy independentista que haya proclamado ser el de Sant Adrià del Besós. Una cosa es fer país y otra muy distinta hacer el ridículo e intentar tomarnos el pelo a todos. De hecho, jugando de pena el año pasado, el Joventut de Maldonado acabó 13-21; y el Estudiantes de Maldonado, que iba a jugar la Copa y meterse en las eliminatorias por el título, ha acabado con un pobre 13-19, sólo dos victorias más que una Penya con una de las peores plantillas que ha tenido nunca (mucho peor, por lo menos, que todas las que él entrenó en Badalona durante sus cinco temporadas aquí).
[2] Hay algún equipo por aquí cerca, de cuyo nombre no quiero acordarme, cuyo juego ha dado bastante pena durante todo el año, y eso que tiene más de veinte veces nuestro presupuesto…

Autor: Alfredópolis

Padre, por encima de todo. Filólogo de formación (Premio Extraordinario de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Barcelona) y editor de profesión. He publicado artículos, reseñas, críticas y relatos en diversas revistas literarias (todos ellos disponibles en este blog).

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