17. ¡Gracias por todo!

Otra vez no pudo ser, éstas serían las palabras para resumir la actuación del combinado español de baloncesto masculino en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Pero, a diferencia de ocasiones pasadas, cuando nos emplazábamos para la siguiente cita olímpica con los estadounidenses, ésta es más dolorosa porque casi con toda probabilidad era la última oportunidad, al menos en mucho tiempo, en que jugábamos contra ellos con posibilidades reales de ganarles[1].


Con todo, y antes de meterme de lleno a analizar algunas de las razones por las que “sólo” nos hemos quedado en el tercer peldaño del podio olímpico, el bronce ganado en Río frente a Australia, y de qué manera, supone el broche de oro de una generación sin parangón en el baloncesto español. Desde Sydney 2000, año del debut de Navarro y de la incomprensible ausencia de la convocatoria del mayor de los Gasol –así nos fue en aquella lejana cita olímpica−, España ha cosechado dos platas olímpicas y un bronce, y sólo se ha quedado sin metal en Atenas 2004, cuando fuimos eliminados por una selección de los Estados Unidos que finalmente se tendría que conformar con el bronce, aunque aquel nefasto día de cuartos de final contaron con un Marbury estelar.


Eso en cuanto a Juegos Olímpicos se refiere, que durante el ciclo olímpico de cuatro años que va de Juegos a Juegos, estos señores han ganado siete medallas en campeonatos de Europa: 3 oros, en 2009, 2011 y 2015; 2 platas, en 2003 y 2007; y 2 bronces, en 2001 y 2013 –la única lograda sin Pau en el equipo–. De hecho, sólo se ha bajado del podio europeo en 2005, también sin el mayor de los Gasol en el equipo, cuando la Alemania de Nowitzki nos eliminó en semifinales y Francia nos machacó posteriormente en la lucha por el bronce. 


En los mundiales, sin embargo, no nos ha ido tan bien, pese a que en 2006, en Japón, logramos tocar el cielo cuando nos proclamamos campeones del mundo frente a la Grecia de Papaloukas y Schortsanitis, cuyas diabluras habían desarbolado a los Estados Unidos en semifinales. El oro de Osaka es nuestra única medalla, pues quedamos quintos en 2002, después de que Alemania nos apeara en cuartos cuando parecía que íbamos a por todas –aunque nos fuimos del torneo con el buen sabor de boca de haber ganado el último partido a los estadounidenses ante su público, nuestra única victoria frente a ellos–, sextos en 2010, sin Pau en el equipo, y caímos en cuartos de final frente a Francia en nuestro mundial, en 2014, con Pau pero también con Orenga como seleccionador y José Luis Sáez aún como presidente de la FEB… 


No nos podemos quejar, ¿verdad? Aunque más allá de los metales y los títulos, quizá el éxito más grande de este grupo humano haya sido robarle un par de minutos de atención al fútbol en un país que en lo deportivo vive por y para el deporte que se juega sobre el césped[2]. Y es que gente, aficionados y periodistas, que a lo largo del año no ven ni un segundo de baloncesto cada verano inundan las redes con sus comentarios sobre el deporte de la canasta y se abren informativos con comentarios sobre la grandeza de Gasol –recuérdese el partido contra Francia del Eurobasket de 2015 y las reacciones que provocó–, sobre seleccionadores que lo harían mucho mejor que “el Gominas” o sobre lo mucho o lo poco que aporta Claver a la selección de baloncesto –a estos últimos les recuerdo que el valenciano fue fundamental para eliminar a Grecia y Francia el año pasado, y que viene de hacer una grandísima temporada en Kuban, el equipo revelación de la Euroleague; sí, “no marca muchos goles”, es cierto, pero es fundamental, o debería serlo, no sólo para la selección, sino para cualquier equipo–, etc.


Pero vuelvo al presente y me centro en esta selección que hace escasas horas que se ha colgado el bronce en Río –imaginaos cuál es su grandeza cuando ganar una medalla nos sabe a poco–. La cosa empezaba bien, pues por fin se acababa el ciclo José Luis Sáez y sus chanchullos absurdos, y se iniciaba la etapa Garbajosa, un hombre que hasta hace dos días formaba parte del grupo y que en teoría sabía de primera mano lo que necesitaba el equipo para llegar a Brasil en las mejores condiciones para asaltar el oro olímpico. Y aquí empiezan los problemas, creo yo: mientras el resto de selecciones, dejando a Estados Unidos de lado, se ponían a punto midiéndose a rivales de entidad –algunas de ellas, además, se jugaban el ser o no ser en los preolímpicos–, nosotros nos conformábamos con Angola, que no participaba, Lituania –en dos ocasiones, éste sí un rival de peso, aunque después la competición ha puesto a los bálticos en su sitio–, Venezuela, en dos ocasiones, y, por último, Senegal, que tampoco estaba clasificada para Río y que no contaba con su mejor jugador, el NBA Dieng. Cuando los responsables de la preparación se dieron cuenta de que la cosa no iba bien se intentó poner un parche de última hora, así que se concertó un entrenamiento-pachanga de poco más de una hora de duración con Australia, ya en tierras brasileñas. Insuficiente, como hemos podido comprobar.


Y si las cosas que están en tu mano no las controlas, prepárate cuando lleguen los imprevistos: la lesión ya conocida de Marc Gasol, y las que sufrieron durante la preparación Álex Abrines y, sobre todo, Pau Ribas. Además, a esto hay que sumarle los problemas contractuales de nuestros NBA: Pau, Sergio y Abrines se perdieron entrenamientos por la formalización de sus nuevos contratos; y los problemas personales que lamentablemente ha sufrido Ricky Rubio. Así que no es de extrañar que iniciásemos la competición faltos de ritmo, cosa que “hemos pagado” con un bronce cuando perfectamente hubiese sido una plata o, quizá, un oro.


Luego está el tema de la composición definitiva del equipo: la conocida lesión de Marc Gasol suponía la entrada de Willy Hernangómez o de Serge Ibaka –por aquello de tener presencia interior y rebote– , pero creo, y esto es una hipótesis mía, que la no presencia de Ibaka en Río se decidió el año pasado, cuando el jugador nacido en el Congo se borró del Eurobasket de Francia. Es cierto que su ausencia se ha vendido como un acuerdo entre ambas partes, jugador y FEB, pero creo que no me equivoco cuando digo que la negativa de Serge el año pasado ha propiciado la de la FEB éste. Todo lo demás se me antoja un gesto de cara a la galería y un dejar la puerta abierta por si acaso te necesito en un futuro. Eso y que el compromiso de Mirotic, además de su calidad ofensiva, es indiscutible, no lo olvidemos. 


Más importante para mí es la ausencia por lesión de Pau Ribas, porque perdíamos su intensidad defensiva y su fiabilidad en el tiro exterior, y suponía la entrada en la lista de José Manuel Calderón, convertido en un simple agitatoallas en el banquillo y cuya actitud corporal –ahí están las imágenes para quien las quiera revisar– durante los dos primeros partidos del torneo, los que nos condenaron a vernos con los estadounidenses antes de lo deseado, indicaban cierto comportamiento sospechoso… alguien además de mí mismo habrá visto algo de esto, porque al día siguiente de la dolorosa derrota frente a Brasil se publicaban declaraciones del base extremeño haciendo hincapié en que él había ido a Río para ayudar y para desarrollar un rol dentro del equipo que tenía muy claro. Polémica zanjada por si algún mirón más había reparado en el de Villanueva de la Serena… Claro, que de estar Pau Ribas sano, tampoco está claro que Scariolo hubiese optado por él en lugar de Calderón, que la valentía precisamente no es el rasgo característico del transalpino y la sombra de un jugador con tan dilatada carrera en la NBA se antoja harto alargada.


Pero si lo pensamos, creo que la solución Ribas era la mejor, por las características del canterano de la Penya que comentaba anteriormente y porque con Rubio, Sergio y Llull –que juega todo el año de base, por Dios– ya estaba cubierta la posición de point guard y ganábamos una rotación en la posición de 2. Navarro es mucho Navarro, y tiene que ir hasta que quiera a la selección, pero ya no es aquel jugador que era, lo hemos visto durante todo el año y se ha confirmado, pese a las ganas que le ha puesto, en Río. Además de que es un coladero en defensa –por eso se optó por la variante zonal, poco efectiva ante los Estados Unidos, cuando él estaba en pista–, y aquí hay que felicitar a Scariolo, que lo emparejó en defensa con Klay Thompson, ¡ole tú, Sergio! 


Y es cierto que los jugadores perdieron frente a Croacia y Brasil inexplicablemente. En el primer partido, después de echar por la borda una renta a nuestro favor de 14 puntos, y en el segundo por no cerrar el rebote en el último ataque carioca y por el nefasto porcentaje de acierto desde la línea de tiros libres –confirmado, Pau Gasol es humano–, pero la dirección de Scariolo, una vez más, dejó bastante que desear. Y esto me duele porque el italiano va a pasar a la historia como el seleccionador español más laureado de la historia, pese a no saber utilizar todo el potencial que un año sí y otro también la FEB ha puesto a su disposición.


Doy algunos datos: al contrario de lo que suele suceder en el resto de equipos y de lo que rige la lógica deportiva, ésa que nos dice que durante los partidos clasificatorios de los equipos potentes los minutos se reparten entre todos y luego, cuando llegan los cruces, el momento de la verdad, las rotaciones se reducen, Scariolo lo hace al revés: contra Croacia Calderón y Abrines no pisaron la cancha; Willy jugó 3 minutos; Navarro, 11; Felipe, 13; Claver, 10; y Rubio, 12. Contra Brasil, más de lo mismo: Calderón y Abrines, un minuto por cabeza; Willy no jugó; Navarro, 12 minutos; Claver, 10; y Felipe, 11. ¿Por qué, me pregunto yo, siempre saca pecho el italiano de la profundidad de banquillo de la selección española? El primer día, en el que Bogdanovic nos mató, ¿no podría haber puesto más minutos a Claver sobre él? ¿Llull no podría haber defendido a Ukic cuando Ricky se cargó de faltas y Sergio era desbordado por el base croata? Y contra Brasil, más de lo mismo, pero con Marcelinho Huertas jugando de base en el equipo contrario, lo que se unió a la ausencia de Willy para enfrentarlo a los rocosos pívots brasileños y darle minutos de descanso a Gasol… enésimo bloqueo mental del italiano, diría yo, y a salvar la delicada situación de la mejor manera posible.

Luego, como viene ocurriendo en cada campeonato de la era Scariolo, los chicos se pusieron las pilas y ganaron, sucesivamente, a Nigeria con muchos apuros –¿alguien recuerda aquel campeonato de Europa que ganamos arrollando después de vernos algunos minutos eliminados por Gran Bretaña? Pues eso, con la salvedad de que en los Juegos Olímpicos participan los estadounidenses, es la única diferencia–, a Lituania y a Argentina –resulta curioso que del llamado grupo de la muerte, el único equipo que ha llegado a semifinales ha sido España, ahí lo dejo–. Poco mérito le doy yo a Scariolo en todo esto, y mucho a los jugadores, pero bien está lo que bien acaba, supongo que llevan años pensando desde la FEB, y así nos plantamos en semifinales ante el coco estadounidense. 

Ya en semis, después de la dulce paliza a Francia –¡17 muy buenos minutos de juego de Hernangómez![3]–, demostramos una vez más que somos el único equipo, pese a todas las dificultades que vengo comentando, capaz de jugar de tú a tú en partidos de verdad a los Estados Unidos a día de hoy. Pero salió cruz, pese al gran trabajo defensivo realizado –grande en especial Rudy frenando a Durant y ayudando en todo lo que se puede ayudar en este deporte tan rico en matices que es el baloncesto–. Nos superaron en el rebote y estuvieron más acertados que nosotros, que cometimos algunos errores poco incomprensibles de concentración y de comunicación en momentos clave. Nos faltó tiro exterior y nos sobró, quizá, presión. Demasiado ante un equipo frente al que tienes que estar casi perfecto en todas las facetas del juego si no quieres que te pasen por encima. 

Todas y cada una de estas cosas acabaron “condenándonos” a la lucha por el bronce frente a una Australia que hasta semifinales maravilló con su baloncesto alegre en ataque y duro en defensa, pero felicitémonos por él y disfrutemos de este equipo, que es posible que en poco tiempo el “simple hecho” de llegar a unas semifinales sea como ganar un oro.

¡Enhorabuena, equipo! ¡Muchísimas gracias por hacernos disfrutar un verano más de vuestro baloncesto!


[1] No sólo porque se antoje imposible tener a otro Pau Gasol, sino, además, por tener la oportunidad de acompañarlo de los Navarro, Rudy, Reyes, Llull, Mirotic, Sergio, etc. [2] De hecho, todas las virtudes que se han cantado, se cantan y se cantarán de estos chavales fueron las mismas cuando tiempo después la selección española de fútbol consiguió ganar algo: que lo importante era el buen rollo en el vestuario, que los valores humanos estaban muy por encima de los deportivos, etc. Señal de que sirvieron de ejemplo para lo que estaba por venir sobre el césped o de la poca originalidad de nuestros periodistas, o de ambas cosas.

[3] Tranquilícese el personal, repriman los vítores y los aplausos, que “la minutada” de Willy no se debió a que por fin los árboles le dejaran ver el bosque a Scariolo, sino que después nos enteramos de que Pau tenía problemas en un gemelo.

Autor: Alfredópolis

Padre, por encima de todo. Filólogo de formación (Premio Extraordinario de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Barcelona) y editor de profesión. He publicado artículos, reseñas, críticas y relatos en diversas revistas literarias (todos ellos disponibles en este blog).

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